Filipenses 1.9,10
La vida nos enseña que, no obstante, todo lo que hacemos en su favor, resulta muy poco lo que los padres podemos hacer por los hijos. No se trata de la cantidad de cosas que hacemos, sino de las que impactan de manera significativa en sus vidas. Nos lastima el saber que, con todo lo que hacemos, no siempre logramos que nuestro quehacer se traduzca en menos sufrimiento, menos errores o más aciertos y mayor felicidad en la vida de quienes tanto amamos. La cuestión se complica cuando el quehacer conveniente cambia de acuerdo a la identidad, la edad, las circunstancias, los intereses y la disposición de los hijos respecto de sus padres.
En la Biblia existe una clara reciprocidad entre la espiritualidad y las relaciones familiares. Desde la perspectiva bíblica ambas son mutuamen
Cuando se ocupa uno del tema de la crisis que la familia como institución y las familias en lo particular enfrentan, surge una pregunta casi en automático: ¿hay esperanza para la familia? El peso de tal pregunta lo revela el hecho de que después de los libros de auto ayuda dirigidos al rescate de las personas como individuos, los más vendidos en el segmento son los que tienen como tema el rescate de la familia. El de la familia es un tema que engancha, que vende. Pero, cuando se habla del rescate de la misma, ¿nos estaremos acercando al tema de manera estratégica? Es decir, haciendo lo que conviene, adecuada y oportunamente.
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