Mateo 5.13-16 DHHK
En nuestro pasaje encontramos un doble descripción de lo que el creyente es, de su identidad. Jesús asegura que el creyente es sal y luz, de este mundo. Cuando el Señor define la identidad del creyente, define, simultáneamente, el propósito, la razón de ser del mismo. Observemos que Jesús se refiere a lo que el creyente es y no a lo que este puede llegar a ser. Este es un punto importante pues el reto no es ser sino el enfrentar el riesgo de dejar de ser lo que Dios, por la regeneración que hemos recibido por medio de Cristo, ya ha hecho de nosotros.
Cuando nos acercamos a la vida de Jesús descubrimos muy pronto que él no vivía para sí mismo. Sus prioridades no eran ni su felicidad personal, ni su familia, ni su prosperidad material, etc. En fin, esas cosas que son las que explican y dan sentido a la vida de muchos. Dos cosas eran las determinantes en Jesús: Su comunión su Padre y la realización de la tarea que le había sido encomendada. En tal sentido, Jesús no tenía vida propia. No vivía para sí, sino para el Padre. Y, no lo hacía porque no le quedara otra, él mismo aseguró: Nadie me quita la vida, sino que yo la doy por mi propia voluntad.
¿Quiénes son Iglesia? Los estudiosos de la sociedad nos dicen que la nuestra es una sociedad posmoderna. La sociedad moderna se distinguió por su rechazo a la espiritualidad, como algo ajeno a lo científicamente comprobable. La sociedad posmoderna, no solo no persigue a los que creen en la espiritualidad, y por ende en la divinidad, sino que propone que cada uno tiene el derecho de creer en lo que quiera y que todas las creencias son igualmente válidas y aceptables. Interesante, democrático, sí; pero ¿qué dice la Palabra?
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