Conversión, bautismo, comunión

Efesios 6.24

20200126_095013688¿Quiénes son Iglesia? Los estudiosos de la sociedad nos dicen que la nuestra es una sociedad posmoderna. La sociedad moderna se distinguió por su rechazo a la espiritualidad, como algo ajeno a lo científicamente comprobable. La sociedad posmoderna, no solo no persigue a los que creen en la espiritualidad, y por ende en la divinidad, sino que propone que cada uno tiene el derecho de creer en lo que quiera y que todas las creencias son igualmente válidas y aceptables. Interesante, democrático, sí; pero ¿qué dice la Palabra?

Dice: la gracia sea con todos los que aman a nuestro señor Jesucristo con amor inalterable. Esta es una hermosa declaración, también se trata de una declaración discriminatoria. De acuerdo con Pablo, el favor de Dios es exclusivo para aquellos que aman a nuestro señor Jesucristo. No es para aquellos a quienes Dios ama, solamente; sino para aquellos que responden adecuadamente al amor de Dios. ¿Quiénes son estos? ¿Qué los distingue? ¿En qué se advierte su condición de depositarios de la gracia?

Conversión. Son aquellos que se han convertido a Dios. Son quienes no solo han creído, sino que han actuado en consecuencia. El quehacer de Dios obliga al hombre a la respuesta adecuada. Al a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha hecho Señor y Cristo, sigue el: varones hermanos, ¿qué haremos? Hechos 2.36-37. No es suficiente con saber, ni con creer, Dios llama a la conversión, a volverse a él.

Bautismo. La conversión es un estado espiritual interior que se manifiesta públicamente. El concepto bíblico del pacto incluye, entre otros, los elementos: convenio, establecimiento de las consecuencias positivas y negativas, evidencia pública. De acuerdo con nuestro Señor, al acto de creer, corresponde el actuar en consecuencia, en efecto: el que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere será condenadoMarcos 16.16. A los judíos, en Pentecostés, Pedro da una respuesta similar: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu SantoHechos 2.38.

Por el bautismo somos incorporados a la Iglesia. Hay dos momentos del nacimiento de la Iglesia, primero el del Día de Pentecostés. El segundo, cuando los gentiles, los no judíos, son incorporados a Cristo. En ambos casos, a la fe sigue el bautismo en agua. ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo, lo mismo que nosotros?… Y mandó bautizarlos en el nombre del Señor JesúsHechos 10.47-48.

Comunión. El tercer factor que nos hace Iglesia es la comunión con Cristo y con nuestros hermanos en la fe. Nosotros no hacemos la unidad, la guardamos. De hecho, cuando somos incorporados a Cristo, somos hechos uno con quienes ya forman su Cuerpo. Esta unidad es superior a cualquier lazo familiar, amistoso o de propósito. Es la manifestación del Uno, en nosotros, Deuteronomio 6.4. Consideremos la progresión paulina: un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Así, esta comunión se da en aquellos en que el Dios uno es. Por eso no podemos estar unidos a quienes no son del Cuerpo.

El símbolo por excelencia de esta comunión es la Cena del Señor. Pan y vino, son símbolo de su cuerpo y sangre entregadas por nosotros, puesto que es en su Cuerpo, la Iglesia, que somos uno con él. De ahí el llamado a evitar las divisiones y a discernir el cuerpo del Señor, puesto que sólo está en el mismo quien permanece en comunión con sus hermanos.

Todos pueden llegar a ser Iglesia, pero no todos lo son. Todos pueden gozar de la gracia, pero solo gozamos de la misma a quienes nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo JesúsEfesios 2.1-10.

Por pura gracia nosotros somos Iglesia, miembros del Cuerpo de Cristo. Como hemos recibido de gracia, somos llamados a dar de la misma manera. De ahí que nuestra tarea, el sustento de esta, sea animar y dirigir a la gente a Cristo. Cualquier cosa que hagamos en favor de la gente y que no culmine en su reconciliación con Dios por medio de Cristo, estará incompleta y no habrá cambiado de manera sustancial la condición de las personas. La razón de nuestra vida, el contenido de nuestro mensaje y el propósito final de nuestro quehacer todo es, y debe ser, Cristo.

 

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