Archive for the ‘Iglesia’ category

Vicios ocultos de la iglesia

15 marzo, 2015

Efesios 2.20 y 21 BLPH

Prácticamente todas las construcciones tienen defectos que no pueden ser detectados a simple vista. A estos se les conoce como vicios ocultos. De acuerdo con nuestro pasaje, la iglesia es un edificio en construcción, compuesto con piedras vivas, es decir, por personas que contribuyen con sus fortalezas y debilidades a lo que el edificio es en sí mismo. Podemos asumir, entonces, que el edificio de la iglesia, como cualquier otro edificio, también padece de vicios ocultos.

A Dios gracias, la Biblia ni desconoce ni manifiesta alarma por tal realidad. Nos recuerda que la iglesia es un edificio que va creciendo hasta convertirse en templo consagrado al Señor. Además, advierte que los miembros de la iglesia, cada uno de nosotros, se va integrando hasta llegar a ser casa en la que habita Dios. Consecuentemente, una y otra vez, la Palabra nos invita a tomar en cuenta aquellas áreas de nuestra vida personal y congregacional en las que debemos hacer, y permitir que el Espíritu Santo haga, los ajustes que nos permitan llegar a ser, que no serlo ya, el edificio y la casa deseados. Ello nos previene tanto del conformismo como del derrotismo[i]. Nos anima a seguir adelante y a no volvernos atrás en el caminar cristiano.

En abono al ejercicio de reflexión que estamos realizando con Philip Yancey en su libro Una Iglesia, ¿Para qué?, propongo a ustedes dos vicios ocultos a los que debemos prestar especial atención en nuestra comunidad. (más…)

Todo el Cuerpo Bien Concertado y Unido

20 septiembre, 2014

Efesios 4.1-4; 15,16

 Los conflictos entre los miembros de la Iglesia son comunes, pero no propios de la misma. Tan es así, que el Apóstol Pablo llama a los efesios a “que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados… solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”. Ef 4.1-4. En su llamado Pablo asume la viabilidad de los conflictos y destaca la tarea de guardar la unidad, como lo propio de aquellos en quienes Cristo es.

La manifestación de los dones sobrenaturales (fe, profecía, milagros, lenguas, sabiduría, etc.), no es, necesariamente, testimonio de la salud de la Iglesia. Como la de Corinto, cualquier congregación o expresión local del Cuerpo de Cristo, puede abundar en dones espirituales y conducirse carnalmente. El testimonio de la salud del Cuerpo de Cristo es la unidad proactiva de sus miembros. Para comprender mejor esta cuestión analizaremos la dinámica de los conflictos entre cristianos, su origen y las alternativas del creyente.

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No Sin el Poder del Espíritu Santo

9 agosto, 2014

Hch 1.8; Ro 15.13; 1Tes 1.5

Como sabemos, el poder del Espíritu Santo, su dunamis, no es otra cosa sino la capacidad de llevar cualquier cosa a cabo. Dios en nosotros puede y nosotros, llenos de su Espíritu Santo, también podemos. De acuerdo con la oración de nuestro Señor Jesucristo, registrada por Juan, de la misma manera en la que el Padre está en el Hijo, así también el Hijo está en los creyentes. Así, el poder que opera en el creyente es el mismo poder que operaba en Jesús el Cristo.

Generalmente, cuando se trata de hablar del poder de Jesucristo, la primera cuestión que se destaca es la capacidad que él tuvo para sanar a los enfermos, resucitar a los muertos, alimentar a las multitudes y obrar muchos otros milagros. Sin embargo, la lectura cuidadosa de los evangelios nos muestra que tal capacidad no era sino la expresión de una más relevante: aquella que le llevó conocer la mente del Padre (su carácter y su propósito), y, por lo tanto, a mantenerse en una relación confiada, fiel y fructífera. Es tal capacidad, la de conocer al Padre y mantenerse en relación con él, la que le permitió, consecuentemente, hacer todas esas cosas que llaman nuestra atención y que no eran sino las señales que hacían evidente que el Reino de Dios se hacía presente en Jesús hombre.

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