Archive for the ‘Poder del Espíritu Santo’ category

Juzgar espiritualmente todas las cosas

29 julio, 2018

Juan 16.4-15

icp la vida en el poder del SSTOCuando las personas deciden que sólo es real aquello que pueden ver, oír, medir y, sobre todo, entender, limitan el sentido último de la vida y terminan por acotar su propia vida. Es decir, terminan por cortar aquellas ramas que, pretenden, no tienen por qué permanecer en su árbol, las podan y acaban por privarse a sí mismos de los beneficios que tales recursos pudieran significarles. David Herbert Lawrence, representa bien a quienes así piensan cuando asegura: Lo que los ojos no ven y la mente no conoce, no existe.

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El bautismo del Espíritu Santo

15 julio, 2018

Hechos 1.8

icp la vida en el poder del SSTOAdemás de la promesa del Espíritu Santo, Jesús habló del bautismo del Espíritu Santo. Este no tiene que ver con la regeneración del creyente, es decir con su salvación; se trata más bien de un revestimiento de poder. Cuando la persona recibe el bautismo del Espíritu Santo, recibe lo que se ha dado en considerar como la llenura del Espíritu Santo. Al estar lleno del Espíritu Santo, por medio del bautismo, el creyente cuenta con el poder del Espíritu para hacer cosas extraordinarias en el nombre de Jesucristo. Jesús dijo a sus discípulos: Pero recibiréis poder, cuando hay venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierraHechos 1.8

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El porqué y el para qué del Espíritu Santo

1 julio, 2018

Juan 15.26, 27

Pero cuando venga el Defensor que yo voy a enviar departe del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, él será mi testigo. Y ustedes también serán mis testigos, porque han estado conmigo desde el principio.

icp la vida en el poder del SSTOEl ser humano es un ser trascendente. Dado que tiene la capacidad para recordar el pasado y proyectar el futuro, incluye en el costo de su ser humano, el de la incertidumbre, así como también necesita de elementos que sustenten sus convicciones, sus creencias. El conocimiento humano, sobre todo el que deriva del quehacer científico, sirve como sustento importante para dar respuesta muchas de las inquietudes de los hombres, sin embargo, no es suficiente para responder a las cuestiones más trascendentales: quién soy, de dónde vengo y a dónde voy, cuál es mi papel en este mundo, etc.

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Ahora son pueblo de Dios

7 enero, 2018

1 Pedro 2.5; 9-12

La condición de cristiano, de discípulo de Cristo, está determinada por quien se es y no por lo que se hace. La identidad tiene la facultad de determinar la calidad de los hechos, pero lo que se hace nunca podrá determinar la identidad del actuante. Desafortunadamente, la ausencia de una formación bíblica sólida nos lleva, en no pocos casos, a ocuparnos de lo que hacemos antes que desarrollar lo que somos. El problema no es uno de falta de propósito ni de falta de sinceridad, simplemente se trata del ignorar que la base de nuestra relación con Dios es quienes somos y no lo que hacemos.

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No Sin el Poder del Espíritu Santo

9 agosto, 2014

Hch 1.8; Ro 15.13; 1Tes 1.5

Como sabemos, el poder del Espíritu Santo, su dunamis, no es otra cosa sino la capacidad de llevar cualquier cosa a cabo. Dios en nosotros puede y nosotros, llenos de su Espíritu Santo, también podemos. De acuerdo con la oración de nuestro Señor Jesucristo, registrada por Juan, de la misma manera en la que el Padre está en el Hijo, así también el Hijo está en los creyentes. Así, el poder que opera en el creyente es el mismo poder que operaba en Jesús el Cristo.

Generalmente, cuando se trata de hablar del poder de Jesucristo, la primera cuestión que se destaca es la capacidad que él tuvo para sanar a los enfermos, resucitar a los muertos, alimentar a las multitudes y obrar muchos otros milagros. Sin embargo, la lectura cuidadosa de los evangelios nos muestra que tal capacidad no era sino la expresión de una más relevante: aquella que le llevó conocer la mente del Padre (su carácter y su propósito), y, por lo tanto, a mantenerse en una relación confiada, fiel y fructífera. Es tal capacidad, la de conocer al Padre y mantenerse en relación con él, la que le permitió, consecuentemente, hacer todas esas cosas que llaman nuestra atención y que no eran sino las señales que hacían evidente que el Reino de Dios se hacía presente en Jesús hombre.

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