Archive for the ‘Amor de Dios’ category

Hablemos de la Sanidad Divina

10 marzo, 2013

Juan 9.1-7

La enfermedad es una circunstancia que tiene tanto el poder de acercarnos a Dios, como el de alejarnos de él. Quizá la razón sea el hecho de que a la enfermedad le acompaña, de manera irremediable, la confusión. Es decir, la enfermedad provoca que nuestros pensamientos, convicciones y emociones se mezclen de tal manera que podamos distinguir entre ellos. Más aún, la enfermedad perturba, desordena nuestro ánimo y nos hace perder el juicio.

¿Quién en tales circunstancias sabe cómo acercarse a Dios de manera adecuada? ¿Quién, en tal estado, puede pedir como conviene? ¿Cómo acercarnos así a la promesa y realidad de la sanidad divina? La pregunta que los discípulos hacen a Jesús, en relación con la causa de la enfermedad del ciego de nuestra historia, puede servirnos como punto de partida para acercarnos a la cuestión de la sanidad divina, una cuestión de fe, cuando nos encontramos confundidos respecto del porqué de nuestra circunstancia y de lo que podemos y debemos esperar de Dios.

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Para Sacudirlos como a Trigo

13 enero, 2013

Lucas 22.31-34

Si de algo nos llenamos las manos en la vida es de decepciones. Con frecuencia nos encontramos que la confianza depositada en otros, no es honrada por ellos y actúan en forma diametralmente opuesta a lo que esperábamos de ellos. Es esta la razón de la pérdida de la esperanza, de la confianza y aún del interés en seguir adelante.

Mientras más cercana a nosotros la persona que nos decepciona, mayor el conflicto que experimentamos, la tristeza que sufrimos. Como aquellos hijos que van por la vida sin comprender por qué sus padres no quisieron o no pudieron seguir juntos. Por qué es que los hijos tienen que pagar el precio de la soledad, la vergüenza y la confusión que enfrentan, fruto de la separación o la ausencia de sus padres. O como la mamá de Ricardo, que no entiende cómo es que el hombre al que ella le entregó todo su amor, su confianza… su vida toda, la engañó ocultándole que era casado y que no tenía el propósito de honrar sus palabras de amor y entrega.

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Jesús y Zaqueo

21 octubre, 2012

Lucas 19.1-9

La estatura está asociada, en no pocas culturas, con el éxito, más aún, con el valor de la persona. Se asume que mientras más importante, más capaz, más alto. Por el contrario, una menor estatura hace de la persona alguien de menor importancia. Este mito, que no tiene ningún fundamento, ha marcado a muchos hombres y, en no pocos casos, ha sido la causa de sus conductas enfermas, disfuncionales. Muchas personas bajitas de estatura van por la vida esforzándose por demostrar que son tanto o más valiosas e importantes quienes son más altos que ellos.

Pareciera ser este el caso de Zaqueo, uno de los hombres que se encontraron con Jesús. Lucas lo describe como un hombre rico, jefe de los cobradores de impuestos para Roma. Se trata, nos dice Lucas, de un hombre que se hizo rico traicionando y explotando a los suyos, a sus hermanos de raza. Pero, también de un hombre que se ha destacado en tal tarea al grado que se ha convertido en el jefe de todos los que han traicionado y explotado  a los suyos ¿Cómo puede un hombre llegar tan lejos en su menosprecio por los demás? ¿Qué anima a un hombre a lastimar sin misericordia a los que debiera proteger o, cuando menos, tratar como a sus iguales?

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