Archivo para agosto 2015

Aborto, no todos pensamos lo mismo de lo mismo

30 agosto, 2015

Efesios 4.13

Serie de meditaciones pastoralesEl del aborto es un tema complejo y complicado. Comprende diversos elementos: morales, religiosos, culturales, políticos, emocionales y sociológicos, etc. Por lo mismo, resulta difícil un acercamiento objetivo y no especulativo. La carga emocional que acompaña la consideración del tema, así como el sentido utilitarista con el que lo tratan tanto quienes están a favor del mismo, como quienes lo rechazan, impide la creación de marcos de referencia común que permitan una consideración seria y propositiva del mismo.

Desde la cosmovisión cristiana consideraríamos que la Biblia debiera ser el referente absoluto ante tan delicado tema. Sin embargo, la Biblia no nos ofrece las bases suficientes para la consideración del mismo. Si uno busca la palabra aborto en la versión RVR1960, sólo encuentra dos citas: Oseas 9.14 y Éxodo 23.26. Ambas resultan contradictorias, mientras que en la primera se pide a Dios que a los enemigos de Israel les dé matriz que aborte,  la segunda comprende la promesa de que en Israel no habrá mujer que aborte, ni estéril. En Job 3.16 y en Eclesiastés 6.3, encontramos un acercamiento complicado al tema: Job se lamenta no haber sido escondido como un abortivo y el Salomón (si él fue el autor del Eclesiastés), considera que si un hombre no sació su alma de bien… un abortivo sería mejor que él.

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El divorcio, una concesión

23 agosto, 2015

Malaquías 2; Jeremías 3; Mateo 19

Serie de meditaciones pastoralesEl divorcio es una realidad cotidiana que hemos aprendido a ver con normalidad. El número creciente de parejas que se
divorcian, las facilidades legales para hacerlo y, sobre todo, la aceptación social del divorcio como un mal menor, explican tal normalidad. Sin embargo, es un hecho que cualquiera que ha experimentado los efectos del divorcio, de facto o de jure, sabe del desequilibrio, el dolor y las consecuencias en cadena que este representa. No hay divorcio que no sea un fracaso. No hay divorcio que sea sólo ganancias. De ahí la necesidad de acercarnos al tema procurando prevenir las causas que pueden provocar un divorcio y, ante la realidad del mismo, hacer lo que corresponde para paliar los efectos negativos del mismo sobre todos aquellos que lo sufren.

La Biblia hace una sorprendente declaración respecto de la posición de Dios ante el divorcio. Asegura que Dios lo odia, lo aborrece. Esto significa que Dios no solamente lo rechaza, sino que está contra él. De nuestro pasaje en Malaquías podemos entender por qué es que Dios odia el divorcio: este separa a la persona de Dios, traiciona los votos matrimoniales e impide que la pareja tenga hijos o que estos vivan para Dios. Más aún, cuando quien toma la iniciativa de romper el vínculo matrimonial consagrado a Dios, lo hace por otra razón que no sea la infidelidad de su cónyuge, abruma a este de crueldad y, de acuerdo con la traducción Dios Habla Hoy, él mismo se convierte en depositario del odio de Dios.

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Les prometen que serán libres

16 agosto, 2015

2 Pedro 2.17-20

Serie de meditaciones pastoralesUna de las razones más aducidas por aquellos que defienden el uso de sustancias que producen adicción es la libertad, el derecho de las personas a elegir lo que a su interés convenga. Desde luego, tal consideración deja de lado las cuestiones morales y aún éticas. Ello porque se presume que el valor fundamental de la libertad para elegir está por encima de cualquier otra consideración. Así, el deterioro personal: físico, mental, laboral, etc., del adicto; o los daños colaterales que su adicción provocan a su familia, su entorno laboral y social, son considerados de menor importancia ante el ejercicio de la libertad. Se presume que mientras menos restricciones morales, legales, sociales, tenga la persona, las consecuencias de su adicción serán menores y ésta gozará de los beneficios del ejercicio de su libertad.

Wikipedia llama adicción a una enfermedad crónica y recurrente del cerebro que se caracteriza por una búsqueda patológica de la recompensa y/o alivio a través del uso de una sustancia u otras conductas. Esto implica una incapacidad de controlar la conducta, dificultad para la abstinencia permanente, deseo imperioso de consumo, disminución del reconocimiento de los problemas significativos causados por la propia conducta y en las relaciones interpersonales así como una respuesta emocional disfuncional. Más aún, la palabra latina addictus, se usa para identificar a la persona que, ante la incapacidad de pagar sus deudas, se convertía en esclava de su acreedor. Como podemos ver, poco hay de libertad en aquella persona que se vuelve adicta a sustancias o relaciones que la incapacitan para controlar su propia conducta.

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