Archivo para agosto 2012

Pertenencia, Trascendencia, Complementariedad

26 agosto, 2012

Una de las cuestiones torales que evidencia el libro de los Hechos de los Apóstoles es la conjunción existente entre el quehacer del Espíritu Santo y el quehacer de la Iglesia. En efecto, en la vida de la iglesia primitiva encontramos una coordinación fundamental, de recursos y participación, en la que el quehacer de uno no limita ni sustituye al quehacer del otro. Por el contrario, es el quehacer del uno lo que perfecciona y empodera el poder del otro, logrando así una sinergia que explica el poder transformador de las personas que quedan expuestas al quehacer del Espíritu Santo y de la Iglesia.

De la lectura de los Hechos de los Apóstoles podemos concluir que son, cuando menos, tres las condiciones fundamentales[1] que distinguen el quehacer dinámico de la iglesia primitiva. Estas son: su sentido de pertenencia, su sentido de trascendencia y su sentido de complementariedad. Utilizamos la expresión sentido de, en cuanto a la capacidad que la iglesia primitiva desarrolló, inspirada y animada por el Espíritu Santo, para entender y discernir su momento y tarea. Este entendimiento resulta de una profunda comunión con el Señor de la Iglesia, Jesucristo, y un profundo compromiso con el destinatario de la obra redentora, la humanidad toda.

Ahora bien, al aproximarnos a las características antes mencionadas, conviene que lo hagamos tanto como el planteamiento de una propuesta a seguir, como elementos de evaluación a nuestro ser y quehacer como iglesia. Es decir, al establecer nuestro propósito de adoptar y adaptar el modelo de la iglesia primitiva a nuestra condición de iglesia, necesitamos preguntarnos dónde estamos, qué es lo que nos motiva y lo que hacemos como iglesia. Ello propicia el arrepentimiento y la conversión a los que somos llamados en el proceso de crecer y servir como una comunidad de creyentes que se asumen agentes de transformación en los cuales el reino de Dios se hace presente. Veamos,

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Comunidad del Reino, una Comunidad de Amor

12 agosto, 2012

Nuestra Visión

Desarrollar una red de Casas de Pan que sirvan como lugares de encuentro y crecimiento de las personas interesadas en vivir y propagar los valores del Reino de Dios.

Hechos 2.41-47

Esta semana, alguno de ustedes me preguntaba sobre las bases bíblicas que sustentan el modelo de iglesia celular, en la que pretendemos convertirnos. Agradezco la oportunidad para volver al tema y, sobre todo, para animarlos a que no desmayemos en el cumplimiento de nuestra Visión.

La primera consideración que debemos hacer es que la vida cristiana es, por excelencia, una vida comunitaria. Es decir, el cristianismo no se agota ni se cumple en la experiencia personal, aislada, intimista de las personas. De acuerdo con nuestro pasaje: Los que creen, se unen a los demás creyentes y se congregan regularmente.

Nuestra segunda consideración consiste en destacar que esta progresión: creer – unirse – congregarse, se da en lo cotidiano. Se trata de un proceso que se vive diariamente y que tiene que ver con el todo de nuestra vida. Aquí cabe hacer un rápido paréntesis respecto del templo y su significado en la vida cristiana.

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Perseverar en la Enseñanza Apostólica

5 agosto, 2012

Esta es una adaptación de Señales de Una Iglesia Sana de John Stott

Así pues, los que hicieron caso de su mensaje fueron bautizados; y aquel día se agregaron a los creyentes unas tres mil personas. Y eran fieles en conservar la enseñanza de los apóstoles, en compartir lo que tenían, en reunirse para partir el pan y en la oración. Todos estaban asombrados a causa de los muchos milagros y señales que Dios hacía por medio de los apóstoles. Todos los creyentes estaban muy unidos y compartían sus bienes entre sí; vendían sus propiedades y todo lo que tenían, y repartían el dinero según las necesidades de cada uno. Todos los días se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y eran estimados por todos; y cada día el Señor hacía crecer la comunidad con el número de los que él iba llamando a la salvación. Hechos 2:41-47

Nosotros los cristianos estamos unidos no sólo por nuestro compromiso con Jesucristo, como también por nuestro compromiso con la iglesia de Jesucristo. Necesitamos tener la misma perspectiva de la iglesia que Jesús tenía, y redescubrir la visión de una iglesia viva, renovada por Espíritu Santo, tal como fue en sus primeros tiempos. El propósito de Dios no es salvar individuos y perpetuar su aislamiento. Dios se propuso edificar la iglesia, una comunidad nueva y redimida. La planeó en la eternidad pasada, la está llevando a cabo en el proceso histórico del presente, y será perfeccionada en la eternidad que ha de venir. La iglesia está en el centro del plan de salvación. Cristo murió no sólo para redimirnos de toda iniquidad, sino también para reunir y purificar para sí aún un pueblo entusiasmado por las buenas obras. Así dice la Palabra: Él se entregó a la muerte por nosotros, para rescatarnos de toda maldad y limpiarnos completamente, haciendo de nosotros el pueblo de su propiedad, empeñados en hacer el bien. Tito 2:14

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