Posted tagged ‘Libres del Pasado’

¿Por qué te turbas dentro de mí?

23 septiembre, 2018

Salmo 42

En la meditación introductoria al presente ciclo propusimos, considerando el poema La Ciudad: Algo que conviene que asumamos es que la ciudad irá siempre en nosotros. Es decir, que hay cosas en nosotros que son parte de lo que somos y que tendremos que aprender a vivir con ello, donde estemos. Y que, en tratándose de nuestros excesos u omisiones, estos o sus consecuencias irán con nosotros a donde quiera que vayamos. Con ello quisimos establecer que hay eventos y circunstancias en la vida que tienen el poder para afectar nuestro presente a menos que los asumamos y dimensionemos adecuadamente.

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Los días de nuestra edad

25 octubre, 2015

Salmos 90.10

La Biblia mide la vida en días. Estos son las etapas que hacen la vida. Uno a uno, paso a paso, los días van haciendo el todo de la vida. Aún, Dios mismo vive y actúa día a día. Las referencias bíblicas al respecto son muchas y muy interesantes. No sólo se indica que creó al mundo en seis días, sino que el profeta Daniel llama a Dios, el Anciano de días. Daniel 7.22 El término usado por Daniel resulta de por sí interesante. De acuerdo con Strong, se trata de un espacio de tiempo que adquiere su sentido por un elemento común. En este caso, el elemento que da sentido a la expresión de Daniel es la obra que Dios mismo realiza.

Ahora bien, mucho antes que Einstein lo propusiera, la Biblia ya se ocupa de la relatividad del tiempo. El tiempo es relativo respecto del referente o de las circunstancias del mismo. Así, para el Señor, un día es como mil años y mil años son como un día. 2 Pedro 3.8 Por otro lado, para Job, en su angustia, el tiempo de la vida se aceleró hasta el extremo de exclamar: ¡Qué frágil es el ser humano! ¡Qué breve es la vida, tan llena de dificultades! Sin importar cuánto disfrutó, no le resultó suficiente. Job 14.1 En nuestro caso, sabemos bien cuán largas se hacen las noches en los tiempos de angustia y cuán cortos nos resultan los momentos felices. Enterramos a nuestros viejos de noventa años y aun así exclamamos como aquel hijo: La luz de mi padre se apagó antes de que mis ojos se hubieren llenado de ella.

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