Y aconteció que, llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama de los Olivos, envió dos de sus discípulos, diciendo: Id a la aldea de enfrente, y al entrar en ella hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado jamás; desatadlo, y traedlo. Y si alguien os preguntare: ¿Por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita. Fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo. Y cuando desataban el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino? Ellos dijeron: Porque el Señor lo necesita.
Hoy celebramos el inicio de la Semana Santa. Nos ocupamos de la llamada Entrada Triunfal de Jesús a Jerusalén. De la historia de Lucas destaca la importancia que da al uso que Jesús hizo de un burrito, nunca montado por nadie, para entrar a la Ciudad Santa. Muchos han especulado si Jesús y el dueño del asna y el borrico se habrían puesto de acuerdo para que, llegado el momento, los discípulos usaran las palabras clave para que Jesús pudiera usar los animales de aquel hombre. Prefiero creer que este conocía a Jesús, que era su seguidor. Así que cuando los discípulos llegaron a él y le dijeron que el Señor necesitaba que le prestara sus animales, él simplemente se los prestó.
En 1986, como consecuencia del apoyo que prestamos a las organizaciones populares de damnificados por los sismos del 85, sufrimos de presiones, intimidaciones y de diversas amenazas desde diversos sectores gubernamentales. En algún momento, las intimidaciones se convirtieron en amenazas de muerte. Al comentar una de tales llamadas con una persona que había pasado por lo mismo en su país, esta me miró calmadamente y me dijo: No te dijeron nada que tú no sepas, te vas a morir. A casi treinta y cinco años de distancia sigo agradeciendo la sabiduría de tal declaración, misma que me ha ayudado a ver la muerte, y, sobre todo, la vida desde una perspectiva diferente.
El reto planteado por el coronavirus ha dejado de ser un asunto chino, para convertirse en un asunto nuestro. Afecta ya nuestro aquí y nuestro ahora y altera, poco a poco, el todo de nuestra vida diaria. Así, la crisis se está personalizando, ya es un asunto en el que cada quien la enfrenta individual e interiormente, antes de hacerlo familiar y socialmente. Desde luego, son el temor, la confusión y la inseguridad los elementos más comunes ante el reto enfrentado. Y, dado que esta pandemia está haciendo iguales a todos, sin distinción de razas, niveles socioeconómicos, preparación, creencias, etc., está también revelando cuán iguales y frágiles resultamos todos ante los retos torales de la vida.
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