Marcos 2
Lo primero que salta a la vista al leer este capítulo es la capacidad de Marcos para llevarnos de una locación a otra, para hacernos saber que Jesús realizó su ministerio en distintos lugares, circunstancias y con diferentes grupos y tipos de personas. Sin embargo, aunque se trata de diferentes historias, podemos encontrar una constante en el relato de Marcos: la llegada de Jesús significa, necesariamente, la irrupción de un orden nuevo y diferente en la vida de aquellos con los que se relaciona.
En el Antiguo Testamento nos encontramos con el quehacer de un Dios totalitario, quien actúa por sí mismo y pocas veces recurre a la participación de los hombres en las obras que realiza. Sin embargo, en nuestro pasaje encontramos que la salvación-sanidad del paralítico requirió de la iniciativa y del compromiso de los amigos de este. Estos cuatro hombres se pusieron en sintonía con Jesús porque estuvieron dispuestos a ser sensibles ante la necesidad de su amigo y, movidos por su amor, estuvieron dispuestos a actuar de una manera poco ortodoxa. Es decir, animados por el testimonio de Jesús también ellos decidieron hacer suya la condición del paralítico y buscar una alternativa poco convencional para llevarlo hasta los pies del Señor.
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