1 Reyes 19:19-21 NTV
Bruce Wydick, a quien debo el sustento de esta propuesta de reflexión, propone que características de hombres y mujeres de nuestros días, especialmente de los jóvenes milenians, son: el anhelo de sentido existencial formando parte de grandes y altos propósitos, y, el deseo ferviente de ser libres de los serios y necesarios compromisos para lograr tales propósitos.
Quienes asumen tales características como modelo de vida no parecen darse cuenta del conflicto de tal mezcla de principios vitales. Pretenden lograr el todo sin estar dispuestos a dejarse atrapar por nada. Esto explica que cada vez más personas van por la vida sin comprometerse apenas en las diferentes esferas vitales. En todas asumen como principio gobernante el mantener abiertas las opciones a su alcance, dado que ninguna de estas debiera considerarse como definitivas ni, mucho menos, definitorias. De ahí la falta de compromiso, la permisividad, la futilidad y la volatilidad, que en cuestiones afectivas, relacionales, ocupacionales y espirituales caracteriza a las personas de nuestros días.
Una muchacha, hija de pastor, quiso hablar conmigo. Me voy a casar y lo voy a hacer por la iglesia católica, me dijo. Sabiendo que era bautizada en la iglesia que su padre pastoreaba y líder ella misma en tal congregación, le pregunté lo que su papá pensaba de dicha decisión. Ni siquiera le he dicho, me contestó, ya ve, de todo se enoja, señaló. Cuando hablé con su padre, buen amigo mío, no me encontré con un hombre enojado. Triste y derrotado me dijo: No entiendo su decisión, y, entre lo que más me duele es que ni siquiera me ha dicho nada al respecto. Permanecimos en silencio y me despedí, agradecido en mi fuero interno, al pensar que algo así nunca podría pasarme a mí.
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