Quema tus naves

 

1 Reyes 19:19-21 NTV

Bruce Wydick, a quien debo el sustento de esta propuesta de reflexión, propone que características de hombres y mujeres de nuestros días, especialmente de los jóvenes milenians, son: el anhelo de sentido existencial formando parte de grandes y altos propósitos, y, el deseo ferviente de ser libres de los serios y necesarios compromisos para lograr tales propósitos.

Quienes asumen tales características como modelo de vida no parecen darse cuenta del conflicto de tal mezcla de principios vitales. Pretenden lograr el todo sin estar dispuestos a dejarse atrapar por nada. Esto explica que cada vez más personas van por la vida sin comprometerse apenas en las diferentes esferas vitales. En todas asumen como principio gobernante el mantener abiertas las opciones a su alcance, dado que ninguna de estas debiera considerarse como definitivas ni, mucho menos, definitorias. De ahí la falta de compromiso, la permisividad, la futilidad y la volatilidad, que en cuestiones afectivas, relacionales, ocupacionales y espirituales caracteriza a las personas de nuestros días.

El presupuesto que parece dar sentido a tal contradicción es el de la libertad. Somos libres, queremos ser libres. De ahí que resulte propio el rechazo de todo aquello que pretenda limitarnos. Esto explica el rechazo de los jóvenes a ocupaciones con reglas sobre horarios, plazos, normas de conducta, etc. También explica la proliferación de alternativas relacionales, desde las de cohabitación -entre personas de hetero y homosexuales-, hasta la aceptación de la infidelidad conyugal como un derecho que el otro está llamado a respetar aceptándolo como algo normal y propio de mentes abiertas. En cuestiones espirituales, es creciente la modalidad de espiritual, pero no miembro, en la que se pretende que el cultivo de la relación con Dios no pasa con el compromiso con su iglesia.

Y, sí, cada día nos encontramos con personas que viven disfrutando de sus opciones abiertas pero que no han logrado su deseo vehemente de vivir una vida de plena realización. La razón es sencilla: vivir manteniendo abiertas -y por lo tanto equiparables entre sí en cuanto a su valor, su oportunidad y su relevancia, sencillamente no resulta. Wydick afirma: No conozco a ningún estudiante que haya tenido éxito en la Universidad manteniendo todas sus opciones académicas en el juego. Tampoco conozco a ninguna persona adulta que haya tenido una carrera exitosa mientras cambiaba una y otra vez entre sus opciones abiertas. No conozco ninguna pareja casada con un matrimonio feliz que no se haya decidido por la fidelidad mutua, renunciando así a las opciones que se abren ante ambos. Francamente, no puedo pensar de alguien que ha tenido éxito en cualquier cosa habiendo mantenido abiertas todas sus opciones.

No debemos llamarnos a sorpresa ante lo dicho por Wydick ni ante lo que conocemos de nuestra propia experiencia o de nuestros cercanos. Jesús dijo: Ningún esclavo puede trabajar al mismo tiempo para dos amos, porque siempre obedecerá o amará a uno más que al otro. Mateo 6.24 TLAD Aquí es donde resulta relevante la historia de Eliseo. Como es obvio, se trata del relato de su llamamiento, del punto de inflexión que determinará el todo de su vida: de boyero a profeta. La capa de Elías sobre sus hombros evidencia su llamamiento. Eliseo lo entiende al mismo tiempo que asume que ser profeta cierra sus muchas otras opciones de vida: se despide de sus padres -toma distancia de ellos y de lo que ellos representan-, y quema tanto sus animales como su arado. Es decir, quema sus naves.

Mucho antes que Hernán Cortés, Alejandro Magno quemó sus naves. Explicó su decisión así a sus hombres: Observad cómo se queman los barcos… Debemos salir victoriosos en esta batalla, ya que solo hay un camino de vuelta y es por el mar. Caballeros, cuando regresemos a casa lo haremos de la única forma posible, en los barcos de nuestros enemigos. Tanto Alejandro como Cortés sabían de la importancia del compromiso, de las obligaciones contraídas. Sabían que quien se compromete se enfoca (se encamina), y que al hacerlo se ocupará de hacer lo necesario para alcanzar lo que se ha propuesto.

Wydick propone tres elementos que hacen posible el tomar la difícil y costosa decisión de quemar nuestras naves, para así podemos enfocarnos en lo que vale la pena y nos encamina al logro de nuestros más sentidos anhelos:

  1. Cultivar un profundo sentido de llamamiento.
  2. Mantenerse enfocado en el llamamiento recibido.
  3. Tomar aún las más pequeñas decisiones en función de nuestro llamado mayor.

Muchas veces confundimos llamamiento con profesión, vocación ocupacional o con el ser familia. Hacemos de estos, en particular de nuestro llamado a ser felices, la razón de nuestra vida. Pero, no, nada de esto es nuestro llamamiento, nuestra vocación. Somos llamados a honrar a Dios en todo lo que somos y hacemos. Pablo nos recuerda: Pues no vivimos para nosotros mismos ni morimos para nosotros mismos. Si vivimos, es para honrar al Señor, y si morimos, es para honrar al Señor. Entonces, tanto si vivimos como si morimos, pertenecemos al Señor. Romanos 14.7, 8 NTV

Vivir para honrar al Señor es considerado por no pocos como una pérdida sensible. Consideran que es renunciar a las opciones más atractivas y prometedoras que la vida ofrece. Pero, quienes piensan así están equivocados. Cuando renunciamos a nosotros mismos y nos enfocamos en honrar a Dios son sus opciones y no las nuestras las que se abren ante nosotros. Es renuncia a bueyes y arados al mismo tiempo que es acceso a la vida plena, la vida abundante. Juan 10.10 NTV

Cuando el honrar a Dios encauza nuestra vida evitamos todo aquello que representa gastos y no inversión. Sembramos lo que vale la pena cosechar y nuestro corazón se alegra sabiendo que estamos en comunión con nuestro Padre. Sobre todo, hacemos lo que trasciende y llena nuestra vida de gozo porque hacemos en y para bendición. A esto los animo, a esto los invito. Porque, a fin de cuentas: ¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero pero pierdes tu propia alma? Mateo 16.26 NTV

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2 comentarios en “Quema tus naves”

  1. Santiago Says:

    Gracias.


  2. […] a Bruce Wydick, propusimos tres elementos que facilitan el tomar la difícil y costosa decisión de quemar nuestras naves para así poder enfocarnos en lo que vale la pena. Ya nos hemos ocupado de los dos primeros: […]


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