Servir consolando

Cuando la vida nos enfrenta a situaciones como las que México (y muchos otros países), está viviendo, la fe se convierte en un constante cuestionamiento. Queremos saber, queremos entender, queremos poder. Pero, tenemos que quedarnos a la espera y enfrentar el reto al que lo incomprensible nos enfrenta.

En tiempos así vuelvo a esta reflexión una y otra vez. Me ayuda a recordar que el Dios incomprensible sigue actuando en favor nuestro. Que sin importar lo que perdamos -o lo que él nos quite-, siempre seguimos siendo y teniendo más. Y que las etapas incomprensibles nos dan la oportunidad de compartir el consuelo que, también de manera incomprensible, siempre recibimos. Bendiciones y ánimo.

2 Corintios 1.1-7

El carácter y el propósito de Dios nos son revelados en este pasaje. Pablo lo llama: “Padre de misericordias y Dios de toda consolación”. De tan sencilla forma, el Apóstol destaca las características únicas del Señor que explican el cómo, el cuándo y el para qué de su actuar a favor nuestro: Dios es misericordioso (es decir, se deja afectar por aquello que nos duele), y Dios actúa en consecuencia consolándonos (en todo y todo el tiempo).

Que San Pablo se ocupe del tema de la consolación, cuando se dirige a los creyentes, hace evidente que nuestra redención no nos inmuniza ante el sufrimiento. Los creyentes en Cristo también sufrimos, nosotros también somos atribulados. Las causas de las tribulaciones son muchas y la manera en que estas nos afectan son, también, muchas y muy variadas. La tribulación tiene un efecto común: oprime a la persona, en algunos casos hasta el extremo de destruirla si no es debida y oportunamente consolada. Esto es parecido a lo que W. Barclay refiere a la forma de tormento inglesa, en que a las personas les colocaban pesadas cargas sobre el pecho, siendo presionadas y aplastadas hasta que morían.

Nosotros conocemos bien tal clase de aflicción. Sabemos lo que es enfrentar de manera creciente la incomprensión, la confusión, la soledad, la enfermedad, la culpa, el dolor secreto, etc. Sobre todo, sabemos lo que es ser afligidos por causa de Cristo. Cuando la consecuencia de nuestra elección y fidelidad nos lleva a experimentar el abandono, la persecución y la agresión constante de aquellos a los que amamos.

Como quien ha experimentado la aflicción de manera cotidiana, Pablo se convierte en un valioso testigo del carácter divino. Dios, dice Pablo, nos consuela en todas nuestras tribulaciones.

Pero, Dios, asegura el Apóstol, hace mucho más que solo estar con nosotros, animarnos y/o apapacharnos. Dios no nos narcotiza, por el contrario, nos llena de poder y de fuerza. Nos fortalece. Aún más, nos da el coraje necesario para que salgamos vencedores en medio de la crisis. Romanos 8.37 De acuerdo con la propuesta paulina, en la consolación con que Dios nos consuela existe un propósito implícito. Dios, dice el Apóstol, nos consuela… para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación.

Si Dios ha podido consolarnos a nosotros, ¿no podría él también consolar a los que están en cualquier tribulación? Desde luego, pero dado que nos ha hecho sus colaboradores, Dios nos permite participar de su quehacer consolador. Nos ha llamado alrededor de quienes pudieran ser oprimidos hasta el extremo de la muerte, para que, consolándolos, evitemos su total destrucción.

Ahora bien, al consolar a otros, nosotros solo compartimos lo que hemos recibido. La expresión: “por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”, es importante y sumamente reveladora. DHH la traduce así: “dándoles el mismo consuelo que él nos ha dado a nosotros”.

El servicio cristiano nunca se hace a expensas del cristiano mismo. Quien sirve solo da, comparte y hace, lo que él mismo ha recibido. Cada vez que recibimos algo del Señor, consuelo en este caso, somos llamados a servir a nuestro prójimo con lo mismo que hemos recibido. MT 10.8  En todo aquello que Dios hace, en y a favor de nosotros, está implícito su propósito de bendecir a alguien más, y así, bendecir a toda la humanidad. En lo que él hace siempre está presente su propósito redentor que no se agota en nosotros, sino que tiene como destinatarios a todos los hombres que vagan sin Dios y sin esperanza.

Somos hacedores del bien que hemos recibido. Y esta es una tarea que debemos realizar con entusiasmo, gratitud y empeño. En efecto, “no hay que cansarnos de hacer el bien”; pues al hacerlo siempre sembramos para que nuestra cosecha de la gracia divina siempre sea más abundante para gloria de Dios mismo. Gálatas 6.9

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2 comentarios en “Servir consolando”

  1. Ángel Mendoza Rodríguez Says:

    Gracias mi buen amigo Adoniram.
    Un abrazo.
    Dios te Bendiga.
    Atte. Lic. Ángel Mendoza Rodríguez.
    5536490166.


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