Archivo para febrero 2015

Y no dejemos de congregarnos

22 febrero, 2015
Hebreos 10.24 y 25

Mientras más veces leo los versos 24 y 25, mientras más pienso en ellos, más convencido estoy que lo que da razón al llamado contenido en ellos es un par de elementos fundamentales: la conciencia de lo importante del quehacer de Dios en Cristo y la gratitud que de tal conciencia resulta. En efecto, el autor de Hebreos ha venido destacando tanto el quehacer salvífico como los beneficios que el mismo nos representa. Podemos entrar directamente a la presencia de Dios con corazón sincero y plena confianza en él, nos asegura. Así que le, y nos, debemos el mantenernos firmes y sin titubear en la esperanza que confesamos. Esta firmeza de nuestra convicción se manifiesta, según el autor, en que nos motivemos unos a otros a la bueno y a que no dejemos de congregarnos sabiendo que el día de su regreso se acerca.

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Todavía seguirán de pie

1 febrero, 2015

Efesios 6.10-13

 

Llama mi atención, en nuestro pasaje, que lo que Pablo llama “una palabra final” siga al largo tratamiento que el Apóstol ha dado al tema de las relaciones familiares. Pudiera tratarse de una coincidencia, de una especie de síntesis que destaca la importancia de todos los temas tratados en su carta. Pero, dada la atención e importancia que Pablo concede al qué y el cómo de las relaciones familiares, pudiera tratarse de una indicación particular respecto de la trascendencia espiritual de dichas relaciones.

Apunto lo anterior porque no hay relaciones que afecten más, positiva o negativamente, nuestro ser integral (espíritu, alma y cuerpo), que las relaciones familiares. Estas nos sanan o nos enferman, nos enriquecen o nos desgastan, nos acercan a Dios o nos alejan de él. En síntesis, las relaciones familiares tienen el poder para destruirnos o para ayudarnos a permanecer de pie una vez que han pasado las pruebas de la vida.

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