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Que te Casaste con la Persona Equivocada

3 febrero, 2013

 Génesis 29.20-30

 Tarde o temprano, una mirada, una palabra, cierta actitud lleva a la persona a aceptar que se ha casado con la persona equivocada. Desde luego, tal descubrimiento provoca emociones encontradas. Por un lado, es cierto que hay lugar para la sorpresa (la realidad nos coge desprevenidos), y las emociones que son propias de ella: ira, frustración, decepción y temor, entre otras. Pero, por el otro, hay también lugar para el auto reproche, para el reclamo a uno mismo, pues uno se da cuenta que siempre ha sabido, cuando menos intuido, que la persona con la que se ha casado no es aquella que ella creyó conocer, que se trata de alguien diferente de quien supuso era. Lo que se percibe cuando está oscuro no es lo mismo que se ve cuando amanece, tal como Jacob pudo comprobar.

Generalmente, cuando conocemos mejor a nuestro cónyuge y nos enfrentamos a aquellas de sus características que nos sorprenden, lastiman e incomodan, optamos por hacerle el primero y principal responsable de nuestra sorpresa y de los daños colaterales que le acompañan. sin embargo, conviene considerar que, en buena medida y en la mayoría de los casos, el otro siempre se ha mostrado tal cual es, pues el matrimonio lo único que ha hecho es regar la semilla de su identidad. La relación matrimonial sólo ha venido a hacer más evidente y relevante aquello que ya estaba ahí y que ya conocíamos en mayor o en menor grado.

Una investigación realizada entre mujeres norteamericanas divorciadas, muestra que el treinta por ciento de las mismas sabía que se estaba casando con la persona equivocada en el momento mismo de la formalización de su relación matrimonial. ¿Qué explica que muchos se casen sabiendo que su elección de pareja no es la más adecuada, o que, cuando menos, conlleva un alto porcentaje de riesgo? Es más, ¿qué explica que muchas parejas se mantengan atadas a una relación matrimonial disfuncionalmente dolorosa para ellos y para los suyos? De entre las varias razones posibles, propongo tres como las más frecuentes y, por lo tanto, importantes: (más…)