Oradora invitada: Adriana Montoya
Santiago 1:1-8
Hace algunos días, en mi trabajo, platicando con la coordinadora académica de Primaria, nos abordó una mamá en la oficina en la que nos encontrábamos y se notaba muy afligida, solicitaba una cita con todos los maestros y el terapeuta de su hijo, la junta tendría como propósito determinar qué le convendría más a su niño de 4° grado en relación a, repetir el ciclo escolar o promover al siguiente grado con condiciones. Me llamó mucho la atención que una vez que solicitó la junta, enseguida dirigió una pregunta a las personas que ahí estábamos, “¿qué considera que debo hacer? ¿usted cree que será bueno que mi hijo repita el grado? ¿será mejor que promueva? El terapeuta me dice que lo mejor sería que repita, pero mi esposo me dice que lo piense bien, me siento una pésima madre porque no sé qué hacer.”
Pareciera que el matrimonio goza de mala fama en nuestros días. Cada vez son menos los que se casan y más los que se divorcian. Esto no significa que cada día sean menos quienes establecen relaciones maritales permanentes ya que el número de parejas en unión libre y en concubinato aumenta significativamente. En nuestro país, dos de cada diez parejas han elegido el concubinato como su modelo de relación familiar.
Hay viejos que aun cuando se mueren siguen estando presentes. Uno de ellos es Rosy Anteles. Nos acompañó los últimos once años de su vida y aunque ya han pasado varios días desde su partida, permanece en nosotros. Rosy es una de esas personas a las que la vida trató con especial rabia: nacida en un hogar en el que no fue ni deseada ni aceptada, casada con un hombre que la traicionó y dedicada en cuerpo y alma a sus hijos, que ni la comprendieron ni la acompañaron en su vejez. Sin embargo, una mujer que se impuso a la vida y que permaneció íntegra y congruente con su fe y su propósito hasta el final. Una mujer para la que el cáncer que acabó con su cuerpo no pudo destruir ni su confianza en Dios ni su propósito de bendecir a quienes la rodearon, nosotros entre ellos.
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