Archive for the ‘Amor de Dios’ category

Tráeme otra jarra

26 abril, 2020

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2 Reyes 4.1-7

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Cuando leo la historia de esta viuda pobre, no me resulta difícil el intentar ponerle nombre a ella y a sus hijos. Es que la experiencia de esta familia resulta tan contemporánea, tan propia de nuestros días, que uno bien puede decir: ¡yo la conozco! Para empezar, se trata de una familia que, a la desgracia vivida, la muerte del esposo y padre tiene que agregarle otra más: el peligro de que los hijos sean hechos esclavos por la deuda dejada por el hombre. Alguien dirá que las familias modernas, contemporáneas, no enfrentan el riesgo de la esclavitud de los hijos. ¿De veras? Lo cierto es que la ausencia de los padres, especialmente de la figura masculina, condena a las familias a situaciones extremas, dolorosas y condicionantes terribles: pobreza, desajustes emocionales, delincuencia, etc. ¿Habrá peores formas de esclavitud?

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Dios nos demostró su amor

5 noviembre, 2017

Romanos 5.8 TLAD

Cuando celebramos la Cena del Señor y, anunciamos su muerte -hasta que él venga-, lo que hacemos es hacer evidente la razón de la misma, su motivo. Según nos enseña Pablo: Pero Dios nos demostró su gran amor al enviar a Jesucristo a morir por nosotros, a pesar de que nosotros todavía éramos pecadores. Romanos 5.8

En efecto, cada vez que en algún lugar del mundo los cristianos participamos del pan y del vino estamos dando testimonio del amor incomparable con que Dios nos ha amado. Anunciamos que la esencia de la cruz de Jesús es el amor que hace posible nuestra salvación. Con ello nos referimos no a un hecho pasado sino a un actuar divino constante dado que el mismo amor que nos redimió sigue obrando día a día en el perfeccionamiento de nuestra salvación. Filipenses 1.6 NVI

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Tu palabra en mi interior

22 octubre, 2017

Jeremías 20.1-11

“Pero ¿su llamamiento permanece?, me preguntó una mujer en el doloroso proceso que siguió al descubrimiento de la infidelidad de su marido, co-pastor de una creciente congregación metropolitana. “Y el tuyo también”, fue mi respuesta. Y, es que -me pareció-, la mujer sólo advertía la crisis del llamamiento en su marido porque identificaba el mismo como el área de ministerio, la tarea específica que su marido había recibido para ministrar dentro del cuerpo de Cristo.

Pero, como hemos dicho, el llamamiento, la vocación cristiana, es el llamado que cada creyente recibe para vivir el todo de su vida honrando en todo a Dios. Tanto en sus aciertos como en sus errores, en la alegría como en la decepción, el creyente es llamado a vivir de tal manera que su vida dé testimonio de la realidad de Cristo en él y contribuya, de esa manera, a que el Señor sea glorificado. Es de esta manera en que los creyentes somos testigos de Cristo. Hechos 1.8 Como tales hacemos evidente su realidad, hemos dicho, pero también el poder regenerador de su presencia en el día a día de los hombres. 1 Juan 3.8; Juan 10.10

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