Archive for the ‘Amor de Dios’ category

El Amor de Una Mujer de Mala Vida

14 octubre, 2012

Lucas 7.36ss

Las mujeres viven en un mundo de hombres. No sólo porque a nivel mundial es ligeramente mayor el número de hombres que el de mujeres, sino que, aún en los lugares donde el número de mujeres resulta mayoritario, estas siguen viviendo en función de lo que los hombres creen, deciden y hacen.

Nuestra historia refleja bien esta cuestión. Una mujer, desconocida, se introduce sin invitación a un santuario de hombres, la casa de un fariseo. A tal osadía, añade una más, lavó los pies del Señor con sus lágrimas, los perfumó, los secó con sus cabellos y los besó amorosamente. Como en muchos casos, y las mujeres lo saben bien, ella y su conducta quedaron de inmediato bajo el juicio parcial de los hombres, mismo que se tradujo en su descalificación. Como mujer y pecadora, no tenía el derecho para hacer lo que hacía. Sus intenciones, dada su condición, quedaban en entredicho y daban pie a la sospecha. No sólo ello, al relacionarse con Jesús lo hacía partícipe de su propio descrédito, lo contaminaba y Jesús quedaba, por lo tanto, igualmente bajo sospecha.

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Pasaban por Muchas Miserias

15 julio, 2012

Jueces 6

Gedeón es un héroe de la fe. Es recordado porque se atrevió a poner a prueba a Dios. Muchas veces somos llamados a imitarlo y nos emocionamos pensando que podemos hacerlo. Sin embargo, en mi opinión, Gedeón es un hombre de fe, sí, pero un hombre sin visión. Un hombre que exige que Dios se comprometa, pero quien no está dispuesto a que el hacer de Dios transforme radicalmente su vida. Así, Gedeón es un ejemplo de cómo la fe sin visión y sin obediencia radical, sólo produce hechos anecdóticos, cambios temporales; pero no establece de manera permanente el Reino de Dios entre los hombres.

Hay una frase clave ubicar contextualmente la experiencia de Gedeón: “los israelitas pasaban por muchas miserias” (ver. 6). En la etapa de los Jueces, la historia de Israel se caracteriza por el ciclo desobediencia – fidelidad – desobediencia. A la muerte de Josué, siguen una serie de alianzas entre Israel y los cananeos. Estas alianzas se traducen en desobediencia y provocan el cansancio del Señor, quien castiga a su pueblo… hasta que este se vuelve a él en busca de ayuda. Tal la situación cuando Gedeón aparece en escena. “Los israelitas pasaban por muchas miserias, y finalmente le pidieron ayuda al Señor.” Dios responde enviando a un profeta anónimo, con un mensaje de reclamo: “ustedes no me hicieron caso”. Pero tal mensaje ni es suficiente, ni agota el quehacer del Señor.

El mismo Señor se aparece a Gedeón. Estamos ante una teofanía. Gedeón está frente al Señor, escucha su saludo, y responde con un cuestionamiento irónico: “Perdón… pero si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos pasa todo esto? ¿Donde están todos los milagros de que nos hablan nuestros antepasados, cuando dicen que el Señor nos sacó de Egipto? El Señor nos ha abandonado, y nos ha entregado al poder de los madianitas.”

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No se Inquieten por Nada

19 febrero, 2012

No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión,

con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias.

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento,

cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. Fil 4.6,7 NVI

No conviene olvidar que cuando Pablo anima a los filipenses a que “no se inquieten por nada”, él está en la cárcel y ellos están llevando su vida de manera normal. Algo debe haber en las personas que, aún en situaciones adversas, pueden ocuparse de consolar y animar a quienes están en mejores condiciones que ellas.

Pablo “había aprendido a estar contento” (Fil 4.11), con lo que tenía. Pero, no se trataba de una persona conformista, sino, por el contrario, se trata de alguien que encontraba en sí mismo lo suficiente para enfrentar la vida. Creo que Pablo había llegado a tal conocimiento gracias a que aprendió a distinguir entre las circunstancias (accidentes de tiempo, lugar, modo, etc.), y su propia identidad. Es decir, a manera de ejemplo, que Pablo pudo distinguir entre la circunstancia de su prisión física y la libertad que le era propia como ser humano. La cárcel era una circunstancia que, por más dolorosa y limitante que resultara, no tenía el poder para definir lo que Pablo sabía de sí mismo, así como lo que sabía de las causas de su prisión y de los recursos con los que, aún en estando en ella, contaba.

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