Archivo para julio 2017

Para empezar, primero hay que quitar

30 julio, 2017

Hebreos 10.8 y 9

En la vida hay cosas que no pueden hacerse bien si no terminamos otras antes. Cuando lo que se ha hecho muestra su error e irrelevancia, su falta de sentido y de resultados positivos, es tiempo de dejarlo, abandonarlo para siempre. Lo nuevo requiere del término de lo viejo.

Nuestro pasaje se refiere al fin de la era de los sacrificios de animales, en los que la sangre derramada no era suficiente para lograr la santificación de los hombres. No se trataba del modo en que se realizaban tales sacrificios, ni de quienes participaban de ellos, ni del número de los mismos. Simplemente, la sangre de los animales no tenía ningún poder para transformar la vida de los creyentes judíos. Cuando Jesús viene, él es el camino al Padre. Es el único que puede cumplir con la voluntad divina, por lo que «quita lo primero (los sacrificios de animales), para establecer esto último (la ofrenda del cuerpo de Cristo)».

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Y, ¿dónde está ese Dios tuyo?

23 julio, 2017

Salmos 42

Las crisis pasan. En los dos sentidos principales del verbo: Suceden y desaparecen.

Las crisis siempre producen efectos colaterales, a las personas de fe las provocan a la duda, la confusión y al replanteamiento de sus convicciones, de sus expectativas y del sentido de su vida. Uno de tales replanteamientos tiene que ver con Dios, más bien, con el lugar y el quehacer de Dios en sus vidas. Hay quienes se burlan de los creyentes en tiempos de crisis preguntando: ¿Dónde está, dónde quedó tu Dios? Lo peor de tales burlas es que, en no pocas ocasiones la burla se suma a la confusión resultado del preguntarnos a nosotros mismos, y, ¿dónde está Dios en todo esto?

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Tendrán muchas pruebas y tristezas

9 julio, 2017

Juan 16:33; 1 Pedro 3:8ss NTV

Jesús es claro respecto de lo que espera a sus discípulos: el sufrimiento. Sin embargo, no se refiere a cuestiones que nosotros asumimos como las que nos hacen sufrir: la enfermedad, las relaciones afectivas, la pobreza, los accidentes, etc. El Señor precisa el espacio, la circunstancia, del sufrimiento: el mundo, y con esto no se refiere al lugar sino al orden dentro del cual los discípulos permanecen sin formar parte del mismo. Y es, precisamente, la condición de diferentes y el llamado a permanecer siéndolo, lo que provocará el sufrimiento que, en boca de Jesús, no es otra cosa sino la presión y la tensión resultante que resulta del mantener nuestra condición de santos, de otros.

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