Posted tagged ‘Santidad y Familia’

Sin santidad no hay familia

27 mayo, 2018

Hebreos 12.14

Fe y familia 2018Después de la relación con Dios no hay relación más importante y trascendente que la relación familiar. Esta comparte características con la primera que nos permiten proponer que las relaciones familiares se sustentan bajo los mismos principios que la relación con Dios. Ambas clases de relaciones necesitan de la paz y, sobre todo, de la santidad. Además, en ambos casos se hace manifiesta la incapacidad humana para establecer, mantener y fortalecer tales relaciones unilateralmente. Ante ello, de manera similar, opera la gracia divina. Misma que hace posible ambos tipos de relación y las sostiene, fortalece y perfecciona hasta su total realización.

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Caminar Caminos Santos, Caminos de Vida

29 marzo, 2014

Jeremías 6.16

Nos hemos preguntado cómo enfrentar las desviaciones resultantes de las pérdidas, los conflictos y el desapego afectivo de algunos de los miembros de la familia. En otras palabras, cuando el sistema familiar se vuelve disfuncional, ¿qué podemos hacer para recuperar el equilibrio? Es más, ¿hay algún recurso que prevenga a la familia de aquellas crisis que se pueden evitar? Para tales preguntas hay una misma respuesta: el ejercicio de la santidad previene a las familias de caer en crisis innecesarias al mismo tiempo que se convierte en el recurso por excelencia para superar las dificultades que la disfuncionalidad familiar genera.

Desafortunadamente, cuando las familias no conocen o consideran la naturaleza e importancia de la santidad, desarrollan el conocido efecto dominó. A los fallos de alguno de sus integrantes responden fallando. Así, se da una constante sucesión de malas decisiones, conductas erróneas y actitudes negativas que, casi siempre, se justifican en función de la falta del otro. En una versión trágica de la Ley del Talión, gobiernan su conducta a partir del ojo por ojo y diente por diente. Olvidando que, como señalara Gandhi, si seguimos el principio del ojo por ojo, todo mundo terminará ciego. Aún hay quienes castigan al deudor lastimándose a sí mismos. Se arriesgan, se menosprecian, se envuelven en relaciones nocivas que pueden terminar destruyéndolos.

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