Ante el recrudecimiento, en muchos sentidos, de las circunstancias que nos ha tocado vivir por la pandemia del coronavirus, la fe se convierte en un constante cuestionamiento. Ante las circunstancias, personales, familiares y sociales que enfrentamos, queremos saber, queremos entender, queremos poder. Pero, no pocas veces, lo único que podemos es quedarnos a la espera y enfrentar el reto al que lo incomprensible nos enfrenta.
Hoy me vuelvo a este pasaje una vez más. Como te he compartido, el mismo me ayuda a recordar que el Dios incomprensible sigue actuando en favor nuestro. Que sin importar lo que perdamos -o lo que él nos quite-, siempre seguimos siendo y teniendo más. Que aún sin lo que teníamos o quisiéramos tener seguimos siendo los mismos, sus hijos. Y que las etapas incomprensibles de la vida nos dan la oportunidad de compartir el consuelo que, también de manera incomprensible, siempre recibimos. Bendiciones y ánimo.
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