Mateo 22.39
Eso que llamamos moral cristiana está bajo ataque. Y, pareciera que está perdiendo la batalla. Cada día son más las personas que aceptan como normales prácticas que contradicen el fondo y la forma de lo que la Biblia llama bueno… y lo que llama malo. Cuestiones que antes parecían estar lejos del interés inmediato de las comunidades cristianas hoy forman parte de su agenda cotidiana. Cada vez más familias cristianas tienen entre sus miembros a quienes practican el aborto, distintas expresiones de la homosexualidad, diversas formas de las relaciones de pareja y a quienes consumen substancias adictivas de manera frecuente.
El ser humano adora. Es decir, rinde culto a quien o a lo que considera superior a sí mismo. Lo mismo adoran los creyentes que quienes se asumen ateos. La diferencia de su adoración está determinada por quién o por qué es el sujeto/objeto de su adoración. Al través de los tiempos se han propuesto diversas razones por las que el ser humano se inclina a adorar. Vulnerabilidad, dependencia, consciencia de lo eterno. Desde la perspectiva de la fe judeo-cristiana asumimos que al ser creados a imagen y semejanza y animados por el Espíritu de Dios, los seres humanos necesitamos mantenernos en comunión con nuestro Creador y, al poseer su imagen y semejanza, tenemos consciencia de la trascendencia de nuestra vida. Esto es lo que el Predicador define con manera tan sencilla al asegurar que Dios sembró la eternidad en el corazón humano. Eclesiastés 3.11 NTV
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