Salmo 23
Quienes sufren de algún deterioro en sus facultades mentales y físicas enfrentan junto con los suyos el reto de aprender a vivir de una manera diferente. Es obvio que cada familia y aún que cada miembro de las familias afectadas, enfrenten los retos de manera diferente. Las enfermedades, el deterioro físico y mental de aquellos a los que amamos nos afectan de manera diferente. Los estudiosos de la conducta humana nos dicen que ante la aparición de las crisis que conllevan pérdidas, es necesario que aprendamos a resolver adecuadamente el duelo resultante. También proponen que el grado de dolor y sufrimiento estará determinado más por la cercanía afectiva, el complejo de culpa o las expectativas incumplidas, que por las formas o tiempos de la pérdida misma.
Cuando las personas deciden que sólo es real aquello que pueden ver, oír, medir y, sobre todo, entender, limitan el sentido último de la vida y terminan por acotar su propia vida. Es decir, terminan por cortar aquellas ramas que, pretenden, no tienen por qué permanecer en su árbol, las podan y acaban por privarse a sí mismos de los beneficios que tales recursos pudieran significarles. David Herbert Lawrence, representa bien a quienes así piensan cuando asegura: Lo que los ojos no ven y la mente no conoce, no existe.
La Biblia dice que Dios sembró la eternidad en el corazón del hombre
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