Efesios 6.1-9
Generalmente, los hijos descubren a sus padres cuando llegan a la adolescencia. En la adolescencia dejan atrás la imagen idealizada propia de los niños y aprenden, a veces dolorosamente, la verdad que hay en sus padres. Es a partir de tal circunstancia que honrar a los padres, respetarlos y tener para ellos un temor reverente (obediencia), se convierte en una difícil elección. Una elección que, por lo demás, deberá hacerse día a día por el resto de la vida y que estará condicionada por el amor, la confianza y la fe que los hijos puedan cultivar en favor de sus padres.
Nuestro pasaje forma parte de la oración de Jesús por sus discípulos. Además del hecho mismo de su extensión (más de 600 palabras, según NTV), resalta la preocupación que el Señor expresa de distintas maneras por la permanencia de los mismos en la fe. Ora pidiendo al Padre que haga todo lo que sea necesario para mantenerlos la comunión hasta ese momento lograda por su vida y su presencia entre ellos. La razón de tal preocupación resulta del hecho de que al igual que Jesús vino al mundo, él envía a los suyos al mundo y con ello los coloca en una condición de riesgo puesto que, al no ser del mundo, tendrán que enfrentar el odio del mundo.
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