Archive for the ‘Sacrificio’ category

¿Padre, líbrame de esta angustia?

20 marzo, 2016

Juan 12.20-27 DHH

Para muchos cristianos, la Semana Santa es la semana más importante del año. No en balde, al través de los siglos muchos se refieren a ella como “la Semana Mayor”. Muchas son las formas en las que la gente procura aprovechar el impacto de la misma. Por ejemplo, no es de extrañar que en la víspera de Semana Santa diversas editoriales saquen al mercado revistas y libros con temas religiosos. Algunas veces esta celebración se ha aprovechado hasta para la realización de actos terroristas en aquellos lugares considerados sagrados por cristianos. En fin, la Semana Santa es una sola y, sin embargo, significa muchas cosas, desde la oportunidad para el recogimiento más íntimo, hasta el disfrute de las más gratificantes vacaciones.

En lo personal, Semana Santa me permite ir al encuentro de Jesucristo el hombre. Sí, sé que Jesucristo es Dios verdadero y verdadero hombre. Que en él habita la plenitud de la divinidad y que es uno solo con el Padre y el Espíritu Santo. Pero, también sé que es plenamente hombre, el hijo de María. Sé, por lo tanto, que Jesús hace evidente que los seres humanos podemos ser fieles… hasta el extremo de la cruz. Es decir, que podemos, por la gracia de Dios en nosotros, servir al Señor de tal manera que él sea glorificado en y por nosotros. Que, al igual que Jesucristo, podemos negarnos a nosotros mismos para que Dios actúe y hable en y al través nuestro.

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Servir Consolando

13 julio, 2014

En los días de la agonía de mi padre

2 Corintios 1.1-7

El carácter y el propósito de Dios nos son revelados en este pasaje. Pablo lo llama: “Padre de misericordias y Dios de toda consolación”. De tan sencilla forma, el Apóstol destaca las características únicas del Señor que explican el cómo, el cuándo y el para qué de su actuar a favor nuestro: Dios es misericordioso (es decir, se deja afectar por aquello que nos duele), y Dios actúa en consecuencia consolándonos (en todo y todo el tiempo).

Que San Pablo se ocupe del tema de la consolación, cuando se dirige a los creyentes, hace evidente que nuestra redención no nos inmuniza ante el sufrimiento. Los creyentes en Cristo también sufrimos, nosotros también somos atribulados. Las causas de las tribulaciones son muchas y la manera en que estas nos afectan son, también, muchas y muy variadas. La tribulación tiene un efecto común: oprime a la persona, en algunos casos hasta el extremo de destruirla si no es debida y oportunamente consolada. Esto es parecido a lo que W. Barclay refiere a la forma de tormento inglesa, en que a las personas les colocaban pesadas cargas sobre el pecho, siendo presionadas y aplastadas hasta que morían.

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