Síguenos en YouTube: https://youtu.be/iZeyMO65phs
La vida es la vida, es lo que es. No es todo la justa que uno deseara (y ¡qué bueno!), no es lo que creemos, ni mucho menos, lo que nos gustaría. Sí, la vida es lo que es. La nuestra está influenciada, casi determinada, por elementos internos y externos. Es decir, por cuestiones que se bien se originan en nuestro interior o que son generados por personas y situaciones ajenas a nosotros. Tal el caso de José.
En la vida hay cosas que no pueden hacerse bien si no terminamos otras antes. Cuando lo que se ha hecho muestra su error e irrelevancia o su falta de sentido y de resultados positivos, es tiempo de dejarlo, de abandonarlo para siempre. Lo nuevo requiere del término de lo viejo.
El Salmo 51 hace evidente que David era un hombre en conflicto. Vivía una realidad que era ajena a su ser. Lo que hacía no estaba en correspondencia con lo que David sabía que era. Él era un hombre temeroso de Dios que había pecado. Era un hombre sensible y deseoso de agradar al Señor; al mismo tiempo, el mismo que actuaba egoístamente, lastimaba a otros y terminaba ofendiendo a aquel a quien deseaba agradar.
Comentarios