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Personas Ordinarias que Hacen Cosas Extraordinarias, la Clave

17 agosto, 2014

Hebreos 11.1-10

Nuestro pasaje habla de personas ordinarias que hicieron cosas extraordinarias. Lo que les capacitó para realizar lo irrealizable, no fueron sus recursos o conocimientos. Fue su carácter. Todas ellas fueron personas que tenían fe.

Lo hicieron por la fe. ¿Qué es la fe? Me gusta la siguiente definición: «Por la fe vivimos convencidos de que existen los bienes que esperamos, y estamos ciertos de las realidades que no vemos». La fe es una forma de vida, convencida y segura de lo real que son las cosas que no vemos.

Miguel Pajares

Padre Miguel Pajares

Todos tenemos fe. La fe es la fuerza que nos mueve, que nos hace ser y hacer. Planes, metas, objetivos. Mayores o menores. Todos son indicadores de nuestra fe. Sin embargo, esta fe es limitada pues descansa en lo que sabemos, en lo que tenemos y en nuestra propia capacidad para hacer, producir y conseguir.

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Así Como Dijo

20 abril, 2014

Pasado el sábado, cuando al anochecer comenzaba el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto hubo un fuerte temblor de tierra, porque un ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose al sepulcro, quitó la piedra que lo tapaba y se sentó sobre ella. El ángel brillaba como un relámpago, y su ropa era blanca como la nieve. Al verlo, los soldados temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel dijo a las mujeres: –No tengan miedo. Yo sé que están buscando a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, sino que ha resucitado, como dijo. Vengan a ver el lugar donde lo pusieron. Vayan pronto y digan a los discípulos: ‘Ha resucitado, y va a Galilea para reunirlos de nuevo; allí lo verán. ‘Esto es lo que yo tenía que decirles. Las mujeres se fueron rápidamente del sepulcro, con miedo y mucha alegría a la vez, y corrieron a llevar la noticia a los discípulos. En eso, Jesús se presentó ante ellas y las saludó. Ellas se acercaron a Jesús y lo adoraron, abrazándole los pies, y él les dijo: –No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea, y que allá me verán. Mateo 28.1-10

 

Los ángeles se sientan. Esta es una cuestión que destaca el relato de Mateo. Y no es una cuestión menor, revela el carácter de aquellos que conocen, creen y esperan el cumplimiento de lo que Dios dice.

Como en otros casos, nuestro relato está lleno de contrastes. Un gran terremoto provocado por un ángel que se sienta. Mujeres que permanecen atentas a lo que pasa, al lado de fieros soldados que “quedan como muertos”. Un ser con aspecto de relámpago, que tiene palabras de consuelo tales como: “no teman”. Y, en el centro del relato, la clave que nos permite comprenderlo:

Yo sé que están buscando a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, sino que ha resucitado, como dijo. (vs. 6)

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Sólo Desde la Fe

8 diciembre, 2013

Salmo 91

El Salmo 91 es un Salmo que sólo puede ser leído desde la fe. Contiene declaraciones que, sin el don de la fe, resultan difíciles de aceptar puesto que en muchos no se han cumplido, no se están cumpliendo y, con toda seguridad, nunca habrán de cumplirse. Cuestiones tales como caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegará, resultan emocionantes, esperanzadoras, pero no siempre se hacen realidad en la vida de los creyentes. Por el contrario, no pocos entre nosotros ven pasar a su derecha y a su izquierda a muchos que parecen no tener aflicciones en la vida… y los miran desde la incómoda posición de quienes han caído, los miran desde el suelo. Que se trata de un Salmo difícil pueden dar testimonio aquellos creyentes que enfrentan la enfermedad –la propia y a de sus seres queridos-, o la muerte de aquellos a quienes han amado, conflictos familiares y/o económicos, etc. Sí, para quienes han pasado por los valles de sombra y de muerte, resulta difícil leer el Salmo 91, sin el don y la gracia de la fe. Ello, porque quien sin fe se acerca a Dios desde una perspectiva exclusivamente natural, humana, encontrará muchas dificultades, no solo en leer, sino en comprender y hacer suyo este hermoso salmo.

El salmista es un hombre de fe, y tiene fe porque ha conocido a Dios y ha habitado al abrigo del Altísimo y bajo la sombra del Omnipotente. Como la suya, nuestra experiencia vivida con Dios trasciende, va más allá, de las cuestiones que no comprendemos del Señor, de nosotros y de la vida misma. Es indudable que el salmista conoció el lado oscuro de Dios: su silencio, su inacción, su alejamiento. Sin embargo, también ha conoció el lado luminoso del Omnipotente: el cuidado, la atención y el amor evidente, palpable, del Señor. Son las bendiciones recibidas y no lo que no ha tenido ni recibido de Dios, lo que determina el cómo de la relación del salmista con su Señor.

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