Gens una sumus. Somos una sola familia. Sí, uno de los grandes privilegios de quien nace de nuevo es que es incorporado a la iglesia. Este es un don de gracia, recibido de Dios, el de ser incorporados a la comunión del cuerpo de Cristo. Pero, también es un propósito que demanda la voluntad, la intención y la consagración de quien ha nacido de nuevo. Al igual que la dupla agua y Espíritu, la comunión de la que gozan los discípulos de Cristo requiere tanto de la participación del Señor como de la de quienes han nacido de nuevo.
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