Salmos 42 NTV
Alguien ha dicho que en la Biblia encontramos conversaciones entre individuos, otros en los que Dios habla a las personas y otros más en los que son las personas las que le hablan a Dios. El libro de los Salmos pertenece a este tercer tipo de conversaciones. Los salmos son expresiones complejas de la complejidad del alma humana. Reflejan sentimientos negativos y espontáneos al momento en que el salmista los expresa. Otros, son resultado de una prolongada lucha interior en la que la confusión, el temor, la decepción y la desesperanza los dieron a luz y los han cultivado por mucho tiempo. También se trata de sentimientos profundos de gratitud y esperanza, de convicción y confianza. Surgen intempestivamente ante la manifestación graciosa del amor de Dios y otros son fruto de la reflexión de cómo tal amor les ha acompañado y sostenido a lo largo de la vida.
Uno de los privilegios de nosotros los pastores es que ustedes, con sus familias, son compañeros frecuentes de nuestros días y habitantes comunes de nuestros pensamientos. Pensamos en ustedes, nos preguntamos por su vida, oramos por los problemas que conocemos pidiendo fortaleza, sabiduría y dirección y, desde luego, consuelo para cada una de nuestras ovejas.
La historia de Josué es un buen ejemplo de cómo se alcanzan las victorias espirituales. Estas tienen que ver con las promesas que Dios ha hecho a los suyos. No con lo que uno desea, no con lo que uno cree necesitar, no con lo que a uno le gustaría lograr. No, las victorias espirituales son el cumplimiento del propósito divino en su pueblo. Es en el cumplimiento de tales promesas que el creyente encuentra su plena realización, el gozo de su vida y los recursos para que esta sea fructífera: para él, para los suyos y para quienes están a su alrededor.
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