Salmos 34.1-10

Alguien ha dicho que la generación actual es una generación movida por el miedo. Los individuos tienen miedo de sí mismos y miedo a las demás personas. Cada día ofrece nuevos y mayores motivos para vivir con miedo.
El miedo se define básicamente como: [la] Sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real o imaginario. [el] Sentimiento de desconfianza que impulsa a creer que ocurrirá un hecho contrario a lo que se desea. Los estudiosos asumen que el miedo es una emoción natural, necesaria y aún conveniente. Sin embargo, como otras emociones, este puede volverse disfuncional cuando sentir miedo provoca consecuencias peores que aquellas que se teme pudieran suceder. Un consenso es que ya se trate del miedo como una emoción apropiada o disfuncional, el miedo es una emoción penosa, lamentable.
Uno de los salmos que acompañan frecuentemente el caminar de los creyentes es, precisamente, el Salmo 103. ¿Quién no sabe lo que significa decir desde lo más profundo de su corazón?: Bendice, alma mía a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios.
El Salmo 51 hace evidente que David era un hombre en conflicto. Vivía una realidad que era ajena a su ser. Lo que hacía no estaba en correspondencia con lo que David sabía que era. Él era un hombre temeroso de Dios que había pecado. Era un hombre sensible y deseoso de agradar al Señor; al mismo tiempo, el mismo que actuaba egoístamente, lastimaba a otros y terminaba ofendiendo a aquel a quien deseaba agradar.
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