Hasta que la muerte nos separe

Lucas 1.5-25

En la vida matrimonial no son raros los momentos, ni escasas las circunstancias, en las que alguno de, o ambos  cónyuges, llegan a la triste conclusión de que ya no hay nada qué hacer. Se descubren o se crean razones para no seguir adelante. Y, es cierto, muchas cosas no sólo no salen como uno imaginaba, sino que atentan contra la integridad de las personas, las erosionan integralmente y justifican, o parecen hacerlo, la decisión de terminar con el vínculo matrimonial. Sin dejar de lado el hecho de que es creciente el número de parejas que, en efecto, no encuentran una mejor alternativa que la separación, ocupémonos aquí del significado y la prevalencia de la promesa contenida en la frase hasta que la muerte nos separe.

Fotos Junio 2009 163Zacarías es un marido que me cae bien. En estricto sentido estuvo atado a una relación que no le resultó lo que él esperaba. Además de ser la tristeza provocada por la esterilidad de su esposa, tenía que enfrentar el descrédito social y hasta profesional que su no ser padre le acarreaba. Como sacerdote, indudablemente aspiraba a que la cadena de siervos de Dios no se rompiera en su eslabón. Viejo, no tenía ni el consuelo ni el orgullo con el que los hijos y los nietos compensan las pérdidas de la vida.

Nuestra historia nos dice que Zacarías, aún en su vejez no había renunciado a su deseo de ser padre. Oraba por ello. En el Lugar Santo, descubre que Dios ha escuchado sus oraciones. Mudo, regresa a casa feliz y, entonces, se hace evidente la razón que mantuvo a Zacarías en una relación que pudo haber terminado o la que pudo haber arreglado con el viejo recurso de los Patriarcas, tener un hijo con una sierva que diera a luz entre las piernas de su esposa. Entre Zacarías y Elisabet había una relación tal que, viejitos, no necesitaron de palabras para hacer el amor. Después de una semana fuera de casa, pareció normal que Zacarías y Elisabet, viejos, encargaran un niño.

Son tres las cualidades, maneras de ser, que distinguen a quienes, como Zacarías, están dispuestos a permanecer proactivamente en una relación que no les resulta del todo satisfactoria. Recordemos que la proactividad no significa sólo tomar la iniciativa, sino asumir la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan; decidir en cada momento lo que queremos hacer y cómo lo vamos a hacer. Así, a las personas como Zacarías las distingue:

Su sentido de exclusividad. En algún momento de su vida, Zacarías decidió entregar su vida a Elisabet. Supo, porque así lo decidió, que en su vida no había lugar para nadie más que Elisabet. Por ello, cuando la esterilidad de ella se hizo manifiesta, Zacarías no consideró un plan B, adquirir otra esposa o concubina con la cual procrear un hijo. Pudo hacerlo, tenía el derecho de hacerlo. Pero, Zacarías decidió ser para Elisabet. Tal decisión lo sostuvo y, desde luego, le permitió asumir la responsabilidad de hacer que las cosas sucedieran. No, desde luego, hacer para tener un hijo. Pero, sí, desarrollar una relación de tal calidad que les permitiera superar las carencias tan profundas y dolorosas provocadas por la esterilidad de su mujer. Aunque él era fértil, en razón de su ser exclusivo para Elisabet, decidió vivir para ella aún cuando tal decisión le privara de algo tan preciado para él.

El sentido de exclusividad anima y fortalece la fidelidad matrimonial. Fidelidad es la observancia de la fe debida a otra persona. Quien es fiel mantiene su fe en su cónyuge, pero, más aún, le es leal. Es decir, lo complementa siendo la persona que el otro necesita para ser verdaderamente lo que es. No se es débil, cuando se debe ser fuerte; no se es sumiso, cuando se debe ser libre; no se guarda silencio cuando se debe hablar. Se es y se hace lo que conviene en aras del bienestar de uno mismo y de la pareja.

Su sentido de pertenencia. Quien asume su condición de exclusivo no sólo excluye, descarta, otras alternativas para sí, sino que desarrolla un sentido de pertenencia; es decir, se consagra a su cónyuge. Decide vivir para complementar al otro. Lo cual no significa vivir para el otro, sino que se hace del complementar al otro la razón principal de la relación matrimonial. Porque soy exclusivo para él, le pertenezco. Por tanto, mi consorte tiene el derecho de que yo me una a él en todo. Más aún, como le pertenezco soy llamado y estoy dispuesto a participar de su misma suerte. Como Zacarías, quien por amor a Elisabet se hizo estéril con ella.

Quien se sabe uno con su cónyuge desarrolla el don de la paciencia. Es decir, la firmeza para no dejarse provocar ni reaccionar con ira… esperar persistentemente y mantener la fidelidad. ¿Cuántas veces la mamá de Zacarías le habrá recomendado que dejara a Elisabet y se casara con una mujer completa? ¿Cuántas insinuaciones habrá recibido Zacarías de las mujeres casaderas después del culto en el templo? Zacarías fue paciente, se mantuvo firme y en control de sus emociones. Así contribuyó a que su matrimonio permaneciera fuerte ante las adversidades injustas e indeseadas de la vida.

Su sentido de trascendencia. Zacarías resulta una persona trascendente porque se convierte en un modelo de esposo. Si puede serlo se debe a que este hombre desarrollo un sentido de trascendencia. Lo que desarrolla es un modo especial de entender y juzgar las cosas. Por lo tanto, puede ir más allá de ellas, sin permitir que estas lo atoren o, de plano, le impidan lograr su propósito primario. Se casó con Elisabet para amarla y complementarla, esta fue la razón principal de su compromiso matrimonial. También quería tener un hijo, pero esta no era la razón primordial ni el sustento de su matrimonio. Por lo tanto, pudo trascender tan difícil circunstancia. Pudo ir y llevar su relación más allá de la esterilidad de Elisabet. A pesar de la misma, la siguió amando, la respeto y no puso en riesgo su lugar y cualidad de esposa. Parece ser que de sus pérdidas hablaba con Dios en el templo y cuando regresaba a casa hablaba con Elisabet de amor.

Cuando nos disponemos a ir más allá de las circunstancias que nos disgustan y, sobre todo, del poder de nuestras emociones negativas; cuando estamos dispuestos a trascender las circunstancias para así lograr nuestros objetivos, entonces desarrollamos la capacidad para permanecer. Para mantenernos siendo los mismos, para mantener la vigencia de nuestro amor y la de nuestras promesas.

Las tres cualidades aquí enumeradas son propuestas en sí mismas, son ofertas que hacemos al otro. En el caso de Zacarías, fueron las promesas que puso a disposición de Elisabet y de sí mismo, gracias a las cuales pudieron desarrollar una relación matrimonial estable, empoderante y amorosa. Las promesas son votos, es decir, son ofrendas que hacemos, primero a Dios, y luego a nuestro cónyuge. Estas promesas hacen público y evidente lo que está en nuestro corazón respecto de nuestros deseos y propósitos.

Por eso es que los esposos somos llamados a renovar constantemente nuestros votos. Ello no implica, desde luego, el desconocimiento de las carencias y errores que enfrentamos. Por el contrario, es por tales carencias y errores que se hace necesario renovar nuestras promesas. Al asumir la responsabilidad personal de renovar tales promesas estamos invitando a nuestro cónyuge para que también él renueve la palabra que, por amor, empeñara con nosotros. Es decir, nos damos y le damos la oportunidad de que renovemos la vigencia de nuestro compromiso mutuo, más allá de nuestras circunstancias actuales.

Termino diciendo que Zacarías pudo desarrollar las cualidades aquí referidas gracias a la riqueza de su relación más íntima y, por lo tanto, más importante: su relación con Dios. Antes dije que Zacarías hablaba con Dios acerca de sus pérdidas y con Elisabet hablaba de su amor. Conviene que hagamos lo mismo. Ninguna pareja puede construir o reconstruir su matrimonio haciendo de sus pérdidas el centro de su relación. De los reclamos, de las ofensas, de la desconfianza no puede fructificar fidelidad, paciencia ni permanencia. Dios no sólo escucha, él también juzga y revela sus juicios, al mismo tiempo que nos dirige y fortalece para que caminemos caminos de vida. Podemos renovar nuestros votos matrimoniales re consagrando nuestra relación a su cuidado y para su gloria. Así, él podrá revelarnos cualquier cosa que le ofenda de nuestra relación y que, por lo tanto, no nos resulta favorable al mismo tiempo que podrá guiarnos por el camino matrimonial que termina hasta que la muerte nos separe.

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