Eso de Buscar Primero el Reino de Dios

Mateo 6.31-34

Amados hermanos, nuestro pasaje de Mateo 6, nos recuerda dos cosas: 1) Los seres humanos nos encontramos siempre en la búsqueda de satisfacer nuestras necesidades más importantes; y, 2) La realidad de Cristo en nuestras vidas obliga a una reconsideración de la importancia de las cosas y del lugar que debemos dar a las mismas.

Jesús dice: “Busquen primeramente el reino de Dios y su justicia”. Este “primeramente” resulta un término revolucionario, desestabilizador de nuestra manera tradicional de hacer las cosas. Jesús usa la palabra “proton”, misma que significa “primero en tiempo y en lugar”. “Antes que”, comida, bebida, vestido. Aún cuando no sepamos qué significa eso de “buscar primeramente el reino de Dios y su justicia”, resulta un serio problema estar dispuestos a dejar para después la búsqueda de lo básico: alimento, bebida y vestido.

Pero Jesús, y su Padre, no ignoran que comer, beber y vestir, son las necesidades básicas. Así que se ocupan de ellas. “Ustedes tienen un Padre celestial que ya sabe que las necesitan”, dice Jesús. “Por lo tanto” busquen primeramente el reino de Dios y su justicia y recibirán también todas estas cosas (y todas estas cosas les serán añadidas). En otras palabras, “cuando ustedes hacen la voluntad de su Padre, él les provee todo lo que les hace falta”.

Buscar el reino de Dios y su justicia, no es otra cosa que cumplir la voluntad de Dios en nuestra vida. A diferencia de lo que muchos han creído, esta búsqueda del reino no implica ni el aislamiento, ni la renuncia a lo cotidiano. Es decir, buscar el reino de Dios no implica la necesidad de “salirnos del mundo”. Ni meternos a un convento, ni abandono, de familia, trabajo, escuela, amigos, etc. Buscar el reino es someter cada una de esas áreas de nuestra vida a la voluntad divina. Es consagrar tales áreas para que en ellas Dios sea glorificado y de esa manera su reino se establezca y se expanda, avance, al través nuestro.

Estar en el reino es una tarea difícil, llena de sufrimiento y exclusiva. Quienes son considerados dignos de entrar en su reino, sufren por él. (2Ts 1.5). El reino tiene una dinámica distinta, encontrada, respecto de nuestras aspiraciones naturales. Hay quienes quieren servir a Dios para no sufrir. Sin embargo, el servicio a Dios pasa por el sufrimiento. La razón es bien sencilla, el reino se vive en medio del pecado.

La nuestra es una tarea de conquista: de nosotros mismos, de nuestra relación de pareja, de nuestra familia, de nuestra capacidad productiva: escolar y laboral, etc. Somos llamados a conquistar nuestro oikos para Dios.  En esto consiste nuestra búsqueda del reino. Jesús oró pidiendo: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra, así como se hace en el cielo.”

En Casa de Pan decimos que somos agentes de cambio. Agentes de cambio dedicados a la transformación de la vida de hombres y mujeres en los cuales se haga presente el reino de Dios. Esta es la tarea a la que yo he consagrado mi vida. Esta es la tarea a la que les invito a ustedes. A que seamos “lugar del reino”. Hombres y mujeres en los que el reino de Dios se hace presente. Cumplida esta condición, la de ser portadores del reino, podremos dar fruto llevando a otros al reino de Dios.

Como hemos dicho, esta es una tarea difícil, llena de sufrimiento. Ante ella siempre llegamos a momentos en los que la idea de renunciar siempre resulta atractiva. Renunciar al reino en nosotros mismos, en nuestra pareja, en nuestra familia, en nuestra ocupación, etc., antes que buscar el reino de Dios y su justicia. Tentación natural… y engañosa. Nadie que ha puesto su mano en el arado, y mira atrás, sirve para el reino. Casi siempre, la principal razón para nuestro desencanto tiene que ver con la aparente falta de resultados. Si no hay fruto ¿para qué seguir sacrificándome?

Si es tu caso, te conviene hacer un par de consideraciones: 1) Uno de los principios de la creación es que “cada árbol da fruto según su género” (Gén. 1.11). Todo árbol da fruto, el fruto es acorde al tipo de árbol de que se trata. Si eres reino, darás como fruto reino. 2) Mientras mayor sea el árbol, mientras más grande y fuerte, mayor será el tiempo de su proceso. Así que tenemos razones para insistir, para volver a empezar –una y otra vez-, para tener esperanza. Si no ves todavía el fruto: contigo mismo, con tu pareja, con tus hijos, en tu trabajo, etc., sigue siendo reino y no vuelvas atrás. El fruto del reino siempre es reino.

En Cristo, el camino siempre es hacia delante. Al ser él el camino mismo, mientras caminamos permanecemos en él. De ahí que es posible someter nuestra persona, nuestras relaciones y nuestro quehacer a su voluntad. Es posible vivir el orden de Dios en nuestras vidas. El resultado, la consecuencia de ello, siempre será que todo lo demás será añadido.

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