Conocimiento, Sabiduría Práctica

2 Pedro 1.3-11

Si a la fe debe añadirse valor y eficacia; “al valor y la eficacia debe añadirse la sabiduría práctica para enfrentar la vida”, dice William Barclay. Si la sabiduría es el grado más alto del conocimiento, y lo práctico son los conocimientos que enseñan el modo de hacer algo, el llamado petrino adquiere una dimensión sumamente interesante.

De lo que se trata es que crezcamos siendo capaces de aplicar nuestra fe y nuestra virtud (entendiendo esta como nuestra buena condición moral), a nuestra realidad cotidiana. La fe tiene que ver con nuestro aquí y ahora; así como también tiene que ver con el todo de nuestro pensar, sentir y actuar.

Karl Marx aseguró que la religión es el suspiro de la criatura oprimida, el opio de los pueblos. Con tal sentencia, Marx sintetiza la acusación que se hace a la fe de ir en contra de la razón, del conocimiento. Se ocupa a los creyentes de ser escapistas, soñadores, incautos. Y a quienes predican a Cristo, como meros embaucadores que se aprovechan de la ingenuidad de quienes tiene poco conocimiento.

Desafortunadamente, en no pocos casos, quienes pretenden tener fe desprecian al conocimiento. También hay quienes son creyentes vergonzantes, es decir, creyentes que se avergüenzan de su fe porque consideran que creer en Dios y en su Palabra es un resabio de ignorancia o debilidad que los coloca en desventaja respecto de los que saben, de los intelectuales. Por eso, confinan su fe y convicciones a su vida personal; estando poco dispuestos a compartir el evangelio a sus conocidos. Mayor dificultad encuentran para hacerlo, cuanto mayor reconocimiento dan a la preparación intelectual de sus interlocutores. Cabría aquí recordar, de paso, la convicción de Pablo, misma que le lleva a exclamar: “No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree.”

Cuando Pedro nos invita a añadir a nuestra fe virtud, y a la virtud conocimiento, tiende un puente equilibrador entre posiciones tan encontradas como las mencionadas. Primero, porque si hay que añadir conocimiento a la fe y la virtud, es que la fe y la virtud sin conocimiento no están completas, no son suficientes. En segundo lugar, porque si el conocimiento es un añadido, luego entonces, el conocimiento por el conocimiento mismo no es, ni será nunca, suficiente.

El término utilizado por Pedro, gnosis, significa inteligencia, sagacidad, sabiduría, que han de ser aplicables y aplicadas a la vida diaria. Por eso puede ser sintetizada como sabiduría práctica. No se trata del don de sabiduría, sino de la capacidad para aplicar la sabiduría recibida del Espíritu Santo y la obtenida mediante el ejercicio de nuestras capacidades mentales, a nuestro quehacer integral y cotidiano.

Notemos que esto exige tanto de disposición, como del compromiso y del esfuerzo personal. No es Dios quien añade a nuestra virtud, el conocimiento. Somos nosotros quienes debemos añadirlo. No podemos crecer en Cristo si siempre permanecemos en el mismo nivel de conocimiento en que nos encontrábamos cuando conocimos a Cristo.

Las áreas de nuestra Identidad en las que se hace necesario que crezcamos en conocimiento son tres: intelectual, emocional, relacional.

Intelectual. Lo relativo al entendimiento. Lo que sabemos mediante la adquisición de conocimientos, mediante el aprendizaje. Aprender requiere de la adquisición de nuevos conocimientos y ello requiere, a su vez, de la disciplina del estudio. De la Palabra, desde luego, pero también de las cuestiones torales de nuestra vida.

Emocional. Somos seres emocionales. Algunas de nuestras emociones son connaturales a nuestra Identidad y otras son aprendidas. Las emociones son poderosas, generan sentimientos y afectan nuestras opiniones y relaciones. De ahí la necesidad de que aprendamos a conocer nuestras emociones dominantes, sus detonadores y efectos.

Relacional. El cómo de nuestras relaciones está determinado por lo que pensamos y lo que sentimos, acerca de nosotros mismos y de los demás, entre estos, Dios. Hemos aprendido a relacionarnos y nuestra responsabilidad es examinar si las formas aprendidas corresponden a nuestra condición de hijos de Dios.

La fe sin virtud, se agota y confunde. La virtud (valor, bondad y eficacia), sin conocimiento no tiene ni dirección ni buen fruto. El creyente tiene lo necesario para crecer en conocimiento de manera integral. Ello significa que ha recibido de Dios la capacidad para desarrollar su intelecto (de lo que hay innumerables testimonios), así como para conocer y manejar sus emociones. Desde luego, hemos recibido la capacidad para hacer de nuestras relaciones espacios de bendición, mediante el perdón, la reconciliación y el re-alineamiento de las mismas.

La fe cristiana dimensiona la importancia y utilidad del conocimiento práctico. Por ello no hay conflicto entre fe y ciencia. Ambas encuentran su origen en Dios mismo. Tener fe no requiere que dejemos de saber; y saber, nutre nuestra fe.

Les animo a que abundemos el cultivo de nuestro conocimiento. Primero, de la Palabra de Dios. Luego de las cosas que tienen que ver con nuestra vida diaria. Les invito a leer, a investigar, a conocer y aún apreciar el arte. Porque, mientras más sepamos de aquello que Dios ha creado e inspirado, mayor sabremos de Dios mismo y más podremos alabarlo y confiar en él.

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