Sabiduría y Ciencia, Dones Trascendentes

1Corintios 12.1-11

Como hemos dicho, los dones espirituales tienen una triple función: preventiva, capacitadora y correctiva. Consecuentemente, la relevancia de tales dones está determinada por el cómo contribuyen al bien de la Iglesia en cada una de dichas funciones.

Quizá el orden en que aparecen en las listas paulinas los diferentes dones espirituales sea un indicador de los que podemos considerar como los dones espirituales trascendentes. Es decir, los que son útiles tanto en la prevención de situaciones nocivas, la capacitación para la tarea integral de la Iglesia, así como la corrección de los errores y, sobre todo, las desviaciones en la enseñanza (doctrina), de Cristo. En la que sería la lista más elaborada, la de 1Co 12, el Apóstol empieza refiriéndose a la palabra de sabiduría, seguida de la palabra de ciencia.

Aunque algunos estudiosos pretenden que se trata de sinónimos, sabiduría y ciencia, son dos dones espirituales diferentes, aunque complementarios el uno del otro. Para Clemente de Alejandría, citado por William Barclay, la palabra de sabiduría es el conocimiento de las cosas humanas y divinas y de sus causas. Barclay propone que la palabra de ciencia, consiste en el conocimiento práctico que sabe cómo actuar en cada situación. Conviene considerar la conclusión que el mismo autor hace respecto de la interrelación existente entre ambos dones:

Las dos cosas son necesarias. La sabiduría que conoce por su comunión con Dios las cosas profundas acerca de él, y la ciencia que, en la vida y trabajo diario del mundo y de la Iglesia, puede poner en práctica esa sabiduría. (Barclay, W. 1973)

Así que se trata del conocimiento profundo de Dios: su carácter, su propósito y el cómo de su voluntad, llevado a la práctica en el aquí y ahora de la Iglesia. Conviene parafrasear al filósofo español José Ortega y Gasset y recordar que la Iglesia es ella y sus circunstancias. Ello porque la Iglesia es llamada a mantener su identidad y su fidelidad a Cristo bajo la presión que sus circunstancias (accidentes de tiempo, lugar, modo, etc., que está unido a la sustancia de algún hecho o dicho.), le ocasionan.

Para comprender mejor esto, así como la pertinencia del ejercicio de los dones espirituales que nos ocupan, conviene tener presentes dos cuestiones fundamentales:

La Iglesia es la sal de la tierra y la luz del mundo (Mt 5.13,14). Esto significa, primero, que la Iglesia, en tanto comunidad, es una comunidad alternativa. No sólo diferente a los no cristianos, sino, en sí misma, una opción de vida que convoca a los incrédulos a seguir a Cristo. La declaración de Jesús implica que, en tanto comunidad alternativa, la Iglesia cumple una doble tarea: reprime el avance del pecado en el territorio en que está establecida, en su oikos; al mismo tiempo que guía a los hombres a Cristo, mientras que estos están en el mundo (en un orden de vida que no es el orden del Reino de Dios).

La comunidad cristiana permanece y cumple su tarea en un territorio enemigo (Jn 17.15). La comunidad cristiana no vive en una dimensión paralela, separada físicamente, de la comunidad pagana; sino que lo hace en medio, en el interior del área de influencia del príncipe de este mundo, el cual nada tiene de Cristo. Jn 14.30 En consecuencia, la Iglesia como un cuerpo y cada creyente en lo individual experimentan y participan de lo que podemos considerar una contradicción vital o tensión estructural. Es decir, del reto de vivir de una manera diferente, estando sujetos a la influencia del orden presente.

La influencia que el orden presente ejerce sobre la comunidad alternativa de la Iglesia se manifiesta tanto desde el interior de la persona, como del interior de la cultura dominante que influye desde fuera a la persona. La figura paulina del viejo hombre es una valiosa herramienta para comprender el poder que tiene en nosotros nuestra pasada manera de vivir. Ro 6.6 Según Pablo, el creyente sigue siendo tentado para vivir como lo hacía antes de Cristo. Ante los estímulos de la vida, tiene que despojarse del viejo hombre y revestirse del nuevo, es decir, tiene que vivir de acuerdo con el llamamiento recibido de Cristo.

Además, tanto el creyente como la comunidad cristiana toda, viven bajo la presión de los no creyentes. Quienes, ante su extrañeza resultante de una forma de vida alternativa, hablan mal de quienes se esfuerzan en vivir de manera diferente a la cultura del pecado. Esta presión tiene su origen y su expresión en el terreno espiritual. A los Efesios, Pablo les advierte que no luchamos contra poderes humanos, sino contra malignas fuerzas espirituales del cielo, las cuales tienen mando, autoridad y dominio sobre el mundo de tinieblas que nos rodea. (6.12)

La consideración de las cuestiones aquí enumeradas nos permite comprender la relevancia y la urgencia del ejercicio constante de los dones espirituales de la sabiduría y la ciencia. En todo momento y circunstancia, el cristiano en lo individual y la Iglesia toda, deben conocer cuál es el propósito y la voluntad divina, así como necesitan saber cómo llevar a la práctica cotidiana tales propósitos y expresiones de la voluntad del Señor. Todo ello en medio de un ambiente hostil y militante. Es decir, en un ambiente en el que los no creyentes no sólo se esfuerzan por permanecer ajenos al orden de Dios, sino que presionan a los creyentes para que vivan igual que ellos.

El cultivo de la palabra de sabiduría y de la palabra de ciencia, asegura a la comunidad alternativa que es la Iglesia, a mantener su identidad, y por lo tanto, su sentido de misión, en medio de un orden diferente al que está en ella. Además, empodera a los creyentes para que puedan seguir brillando en medio de la oscuridad que les rodea. Cumpliéndose así la exhortación bíblica que nos anima: Para que nadie encuentre en ustedes culpa ni falta alguna, y sean hijos de Dios sin mancha en medio de esta gente mala y perversa. Entre ellos brillan ustedes como estrellas en el mundo, manteniendo firme el mensaje de vida. Fil 2.15,16

En nuestro procurar los dones mejores, los dones que trascienden a toda situación y circunstancia, busquemos que la sabiduría y la ciencia sean los dones que nunca falten en nosotros y en nuestra comunidad.

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One Comment en “Sabiduría y Ciencia, Dones Trascendentes”

  1. adriana montoya hinojos Says:

    gRAN ENCOMIENDA LA QUE ME QUEDA DESPUES DE LEER TU MENSAJE, COMO SIEMPRE CLARO Y RETADOR.

    ME PREGUTNO SI MI VIDA, MI TRABAJO, MI CARÁCTER, FORMAN UNA COMUNIDAD ALTERNATIVA QUE LA GENTE QUIERE COPIAR Y SEGUIR, DUDO EN UNA RESPUESTA TOTALITARIA. PERO ESTOY EN EL CAMINO Y ANHELO ESFORZARME, PORQUE NO VOY CON MIS FUERZAS SOLAMENTE, SINO CON EL PODER DE DIOS.


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