Como un poquito de levadura

 

Gálatas 5

Sabemos del malestar del Apóstol Pablo por la condición de la iglesia en Galacia. Se asume horrorizado (1.6), los acusa de estar hechizados y los llama: tontos, estúpidos NBE-NBD. (3.1) Todo porque no habían podido permanecer fieles al evangelio que él mismo les había enseñado. Incapaces de discernir el engaño de los maestros judaizantes, se convirtieron en seguidores de un falso evangelio. (1.6-7) Tal condición no sólo los hace retroceder en su experiencia religiosa, sino que, de plano, los ha hecho caer de la gracia. (5.4)

Esta es una expresión difícil y definitoria de la condición o estado espiritual de quienes se deciden a seguir un evangelio desvirtuado. El argumento paulino es que los gálatas han llegado a tener una relación de armonía y comunión con Dios, por pura gracia. Porque Dios los escogió y los preparó para que ellos pudieran creer las buenas noticias de Jesucristo. Estas consisten en el hecho de que, en Cristo, somos libres de la esclavitud de la ley y, por tanto, de la esclavitud del pecado. Estas dos expresiones de la misma esclavitud son las que tenían separados a los hombres de Dios y, cuando los gálatas, como cualquiera de nosotros vuelve a ser esclavo de alguna de ellas, nos encontramos desamparados, fuera del espacio de la gracia y, por lo tanto, nuevamente en la esclavitud de la carne. La de nuestras pasiones y limitaciones.

Son varias las maneras en las que el creyente, el discípulo de Cristo, puede renunciar a la gracia y hacer, por lo tanto, inútil el sacrificio de Cristo en su favor. Hebreos 10.26ss En el caso de los gálatas, ellos renunciaron a la suficiencia de Cristo para asumir como propias las demandas de la ley. Impresionados por los falsos maestros, quieren retroceder y convertirse otra vez en esclavos de los débiles e inútiles principios espirituales de este mundo. (4.9) Creo que uno de los elementos que llevó a los gálatas a hacer suyas las enseñanzas de los judaizantes fue el muy humano deseo subyacente de estar o tener el control de nuestro presente y futuro. La ley ofrecía esta ilusión: sin importar el tipo o grado del pecado cometido, bastaba con presentar el sacrificio correspondiente para ser liberado de la culpa y del castigo merecido. Ya se tratase de los sacerdotes, de los jefes, de los ricos o de los pobres, bastaba con ofrecer el sacrificio correspondiente para gozar temporalmente del perdón necesario. Levítico 4

Pablo advierte que los falsos maestros a propósito distorsionaban la verdad acerca de Cristo (1.7); eran personas que buscaban ser el centro de la atención (4.17); por lo tanto, promovían la división de la iglesia, el cuerpo de Cristo. (2.1-5) Es decir, se trataba de personas con una gran capacidad para hechizarlos. Es decir, para seducir o cautivar intensamente a los gálatas. Sinónimo de este hechizarlos, sería el término manipulación: intervenir con medios hábiles, y a veces arteros… con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares. Cuando Pablo llama a los gálatas tontos, los acusa de débiles y carentes de razón. Es decir, estamos ante una simbiosis en la que los más astutos saben cómo, y pueden hacerlo, aprovecharse de los que son notablemente torpes para comprender las cosas.

Hemos dicho que son varias las maneras que llevan al creyente a caer de la gracia. Podemos apuntar aquí una segunda: los deseos desordenados de las personas, la concupiscencia. Se trata de esos pensamientos que inquietan a las personas y que son resultado de su inmadurez intelectual, espiritual y emocional. Quienes se encuentran en tal estado son fácilmente manipulables. Fácilmente movidos por quienes encuentran en ellos material maleable, al que dan forma con estímulos positivos y negativos para así obtener el beneficio que tal relación representa.

Generalmente, los falsos maestros, los manipuladores, van de lo menos a lo más. Empiezan a sembrar en sus víctimas pequeñas dosis subversivas de los pensamientos, los valores, las emociones y los sentimientos de quienes se aprovechan. Los enseñan, amaestran, con reglas o preceptos provocando que quienes están siendo engañados se habitúen a la falsa verdad que aquellos defienden. Al igual que un poquito de levadora impregna toda la masa, así las enseñanzas falsas convierten en esclavos a los que antes eran libres. (5.9) Y, ya esclavos, descubren que han perdido la capacidad para discernir y, sobre todo, para decidir lo que es propio de la libertad que habían recibido. Sin embargo, conviene destacar que se trata de una simbiosis en la que dominantes y dominados caminan por una misma espiral de degradación que tiene como fin la condenación, el no poder heredar el reino de Dios. (5.19-21)

Satanás es el padre de la mentira. Engaña a los tontos, pero también lo hace con los manipuladores. Estos corren el riesgo de caer de la gracia porque aprenden a pensar que, si hacen tales o cuales cosas, si presenten la ofrenda adecuada, sus pecados serán perdonados. Extraen del evangelio de Jesucristo algunos elementos, como el de la misericordia, para así dar menos atención a otros tales como el de la santidad. Pretenden, así, estar en control de su destino y no se dan cuenta que, cada vez más, están más y más lejos del reino de Dios. Sólo han de cosechar lo que han sembrado. (6.7-8)

Pero, los tontos pueden volverse sabios. Hay quienes permanecen aferrados a los falsos maestros y están siendo robados, matados en su espíritu y destruidos. Juan 10.10 Pero, no han dejado de ser hijos de Dios y él, al través de su palabra y de sus mensajeros, les anima a que vivan libres de esas cosas, libres de esas leyes. (4.12) Pablo nos da una clave, misma que nos permiten entender cuándo es el momento de romper como los falsos maestros. Asegura que aquellos que practican la inmoralidad sexual, las pasiones sensuales… la hostilidad… los arrebatos de furia… la ambición egoísta, etc., evidencian que son animados por su naturaleza pecaminosa. Si quienes nos han manipulado muestran tales conductas, es tiempo de que nos separemos de ellos. (5.19-21)

El evangelio de Jesucristo sigue siendo el mismo. La gracia sigue siendo la misma y sigue teniendo el mismo poder. Podemos, entonces, seguir la guía del Espíritu en cada aspecto de nuestra vida. (5.25) Por más que perdamos al vivir así, siempre ganaremos mucho más en esta vida y en la venidera. Así nos aseguraremos de nuestra libertad y no tendremos que seguir siendo esclavos de la ley del pecado. (5.1)

 

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