Bien Concertado y Unido entre Sí

Efesios 4.11-16

Hay una sola Iglesia y muchas expresiones de la misma. Ninguna es mejor que la otra. Todas son expresión tanto de la misma multiforme sabiduría, como de la misma multiforme gracia de DiosEf 3.10; 1 P 4.10. El mundo al que Dios ha amado tanto, es uno diverso y plural. De ahí la necesidad objetiva de que la tarea de la Iglesia sea realizada en conformidad con la cultura y las circunstancias de aquellos a quienes se anuncia el evangelio único. A los Gálatas, Pablo les asegura que a él le había sido encomendado el evangelio de la incircunsición (gentiles), como a Pedro el de la circuncisión (judíos). Y agrega, “pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para los gentiles”. Gál 2.7-8. Además, Pablo asegura “a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a alguno”. (“Me he hecho igual a todos, para de alguna manera poder salvar a algunos. DHH) 1 Co 9.22.

Es en tal contexto bíblico que surge el llamado de CASA DE PAN. Somos una expresión particular de la Iglesia de Cristo. Aunque somos Iglesia, esta no se agota ni se limita en nosotros. Respondemos al propósito divino de alcanzar al mayor número posible de las personas que viven en este mosaico multicultural, multirracial y multi-ideológico, que es el Área Metropolitana de la Ciudad de México. A los diversos modelos de Iglesia que conocemos, creemos que Dios ha querido agregar esta expresión de la llamada iglesia celular. Haber sido llamados a esta tarea representa un gran privilegio y, por lo consiguiente un gran reto para nosotros.

En la carta a los Efesios el Apóstol utiliza dos figuras para describir el ser y quehacer de la Iglesia: un edificio y un cuerpo. Ef 2.21; 4.16. En ambos casos destaca el sentido dinámico de tales figuras. El edificio, dice Pablo, va creciendo para ser un templo. El cuerpo, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. Así tenemos que la condición natural de la Iglesia, y de sus miembros en particular, es el crecimiento. Iglesia que no crece no es Iglesia.

Este es un crecimiento integral. Pablo exhorta: Siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo. Ef 4.15. El modelo eclesial que procuramos desarrollar en Casa de Pan, es un modelo de crecimiento. Concientes de nuestra Identidad, nos resistimos a permanecer en una condición de neófitos; es decir, de niños en la fe. Sabemos que el crecimiento requiere tanto de la voluntad del creyente, como de su compromiso. Por eso es que se reclama y exhorta a los creyentes a crecer. A los Hebreos, por ejemplo, se les reclama que debiendo ser ya maestros después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios. Y se les exhorta a que dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección. Heb 5.12; 6.1.

La necesidad fundamental del crecimiento es obvia: sólo lleva fruto quien ha madurado. No cualquiera puede hacer discípulos, sino sólo aquel que es un discípulo de Cristo. Además, sólo los discípulos maduros pueden crecer y hacer crecer el cuerpo de Cristo. Pablo dice a los Efesios que el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. La inmadurez de un miembro, su falta de crecimiento, impide el crecimiento de todo el cuerpo. Pues este requiere de la concertación, la unidad, la ayuda mutua y el desarrollo de la actividad propia de cada quien.

El modelo celular está orientado al cumplimiento de tal propósito. Ello por dos razones: (1) En las células, que son mucho más que las reuniones de las Casas de Pan, se provee tanto del ambiente como de las herramientas para que los creyentes crezcan. Las células son un instrumento para la encarnación del cuerpo de Cristo en la multiforme estructura de nuestra sociedad. (2) Es en los grupos pequeños y al través de los mismos que podemos imitar a Pablo haciéndonos igual a todos, para alcanzar a algunos. Siendo el criterio para la composición de tales grupos pequeños, o células, el interés común de sus integrantes, podemos formar grupos homogéneos (con los mismos genes); al mismo tiempo que los integramos a un todo mayor que es esta expresión particular del cuerpo de Cristo: CASA DE PAN.

De hecho nos encontramos en una etapa de transición entre la forma tradicional de ser Iglesia y el modelo al que somos llamados. Como toda transición, esta es una etapa difícil, confusa e intimidante en mayor o menor grado. Con el fin de superarla y considerando que hemos sido llamados a esta tarea, debemos iniciar y/o abundar, en lo personal y como congregación, en el proceso que nos demanda:

Renovarnos en el espíritu de nuestra mente. Ef 4.12 Deben renovarse espiritualmente en su manera de juzgar. (DHH). Tenemos que desaprender. Lo que hemos aprendido hasta aquí, lo que sabemos y hemos probado, se convierte en un freno para nuestra transición. La razón es sencilla: generalmente medimos lo nuevo con parámetros antiguos. Tenemos que soltarnos, que estar dispuestos a correr el riesgo de ser llevados por el Espíritu Santo, de maneras novedosas a lugares y situaciones impensadas. Esto reclama fundamentalmente:

Humildad. Para ser guiados.

Fe. Para permanecer fieles.

Despojarnos de todo peso inútil. Heb 12.1-2 Esta expresión bíblica es seguida del añadido y del pecado que nos asedia. Tal añadido nos permite entender que el peso inútil, el lastre del cual debemos despojarnos, no está compuesto sólo por cosas malas. Se trata, más bien, de aquello que dificulta, lo que estorba, sin importar la calidad moral del mismo. Hay algo que está deteniendo tu transición. Identificarlo y dejarlo de lado es una condición básica para que en ti se cumpla el propósito divino y para que por ti, CASA DE PAN pueda cumplir con la tarea encomendada.

El añadido y del pecado que nos asedia, puede ser traducido como: dejen de hacer cosas equivocadas. O, dejen de estar fallando, o, en términos coloquiales: dejen de estarla regando. También tenemos que identificar y dejar de lado los pensamientos, las actitudes y las conductas que, al estar equivocados, son pecado que nos enreda e impide seguir adelante en nuestro propósito.

En CASA DE PAN, los que hemos sido llamados, seguimos adelante en este proceso de transición. Cada nueva etapa del proceso exige de nosotros una redefinición, una nueva conversión y un nivel más alto de compromiso. El Espíritu me da testimonio de que la etapa en la que estamos entrando es una etapa de mayor entrega, de mayor sacrificio y de mayor cosecha, en ese orden. Es una etapa en que otros habrá de incorporarse y algunos se separarán –unos porque han cumplido su tarea, otros porque no estarán dispuestos a pagar el costo de la misma.

CASA DE PAN, en cuanto Iglesia de Cristo, es un agente de cambio de nuestra sociedad. La historia de nuestra Ciudad, no es, ni será la misma nunca más, en la medida que este pequeño grupo de mujeres y hombres fieles está cumpliendo con su misión: hacer visible a Cristo.

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