Un Camino al Través del Desierto

Isaías 43.19

Frente a casa hay un árbol alto y frondoso. Sus ramas están tan tupidas de hojas que, muchas veces, cuando llueve uno puede permanecer seco a la sombra de las mismas. Sin embargo, cuando llega el invierno, las hojas caen y las ramas quedan desnudas. Pero, sabemos que la primavera se acerca cuando, poco a poco, pero sin descanso, brotan nuevas hojas hasta que el árbol recupera su espléndido follaje. Me gusta este árbol, se ha convertido en una parábola de la vida. Me ha enseñado que, en esta, siempre hay algo más que lo que ahora vemos. Que el término de una etapa sólo marca el inicio de otra nueva.

La Biblia nos enseña que la vida está llena de los llamados puntos de inflexión. Es decir, de coyunturas, positivas y negativas, que cambian el curso de la misma. Dada su naturaleza e impacto, sirven como un parteaguas que divide la vida en el antes y el después. Establecen el final de una forma de vida y, desde luego, anuncian el inicio de una nueva manera de vivir la vida. Resulta interesante destacar que el diccionario define la palabra coyuntura, como ocasión, tiempo oportuno para algo.

Especialmente, en tratándose de cuestiones trágicas, de pérdidas, hemos aprendido a considerar tales coyunturas sólo como final y pocas veces como principio. Cuando mi madre murió, la vida acabó para mí. Cuando mi esposo me abandonó, todo se terminó. Cuando enterré a mi hijo perdí mi propia vida. Son estas expresiones que hemos oído, y quizá dicho, en momentos torales de nuestra existencia. Cuando algo deja de ser, asumimos que con ello ha llegado el final del todo.

Nuestro pasaje bíblico se refiere a una coyuntura extraordinaria en la vida de Israel, el pueblo de Dios. Dios había castigado a Israel abandonándolo en las manos de sus más feroces enemigos. Toda la paz, la prosperidad que Israel había conocido se convirtió en zozobra, muerte y opresión. Pero, con todo, Israel no fue destruido. Isaías anuncia que los tiempos de castigo han llegado a su fin y que, por lo tanto, se acabaron sus días tristes y su pecado ha sido perdonado. (40 NTV) Además, Isaías anima a su pueblo para que hagan una carretera derecha a través de la tierra baldía para Dios. Así, el Señor podrá acercarse a ellos y los alimentará, los llevará en sus brazos y los mantendrá cerca de su corazón. Guiará con delicadez a las ovejas con crías.

En la coyuntura que su pueblo vive, Dios hace una lista de las maneras en que lo ha bendecido en el pasado. Hace referencia a otros puntos de inflexión que cambiaron el curso de la vida de los israelitas. Sin embargo, les pide que olviden todo lo que él hizo pues no es nada comparado con lo que ahora va a hacer. Les advierte: estoy a punto de hacer algo nuevo. Los alerta: ¡Mira, ya he comenzado! ¿No lo ves?

Lo que nosotros descubrimos en esta historia y que nos ayuda a enfrentar nuestras coyunturas actuales es algo muy sencillo, y al mismo tiempo, sumamente profundo e importante. La vida es más que el momento presente. Pero, también, la vida es más que los logros y las pérdidas que nos han marcado. En esta vida todo pasa. Que, aunque a veces no lo parezca, en esta vida todo es superable, se puede superar o vencer.

Debemos a San Pablo una relación de las coyunturas, los momentos de inflexión, que parecieran tener el poder de acabar con el todo de nuestra vida. Enlista a la muerte y la vida, a los ángeles y los demonios, nuestros temores de hoy y nuestras preocupaciones de mañana. No ignora los poderes del infierno, y a los poderes las alturas y las profundidades. Y a nada de ello le confiere el poder de separarnos del amor de Dios, que está revelado en Cristo Jesús nuestro Señor. Es decir, Pablo asegura que lo único que podría acabar con nosotros, destruirnos definitivamente, sería estar separados del amor de Dios. Así que mientras sigamos gozando del amor de Dios, cualquier coyuntura podremos superarla y ante cualquier final podremos participar de lo nuevo que Dios está haciendo.

Descubrir la veracidad y viabilidad de lo aquí dicho requiere, primero, de una actitud particular. Pablo la describe así: Hermanos, no digo que yo mismo y a lo haya alcanzado; lo que sí hago es olvidarme de lo que queda atrás y esforzarme por alcanzar lo que está delante… Obviamente, este olvidar no significa ignorar el pasado. Lo que Pablo dice es que él se ha propuesto no permitir que lo quedó atrás le impida alcanzar lo que sigue estando delante suyo. Según NTV (Fil 3.9), la forma en que Dios nos hace justos, complementa lo que nos es propio, se basa en la fe.

Superar nuestras coyunturas requiere de fe. Fundamentalmente, de la fe en Dios. La fe es la confianza de que en verdad sucederá lo que esperamos; es lo que nos da la certeza de las cosas que no podemos ver. (NTV Heb 11.1) Quien tiene fe es quien se ha hecho el propósito de alcanzar aquello que se le ha prometido, quien se esfuerza por mantener la certeza de que podrá ver lo que ahora no puede ver. A veces, conciente e inconcientemente, nos hemos hecho el propósito de mantenernos atados  nuestro pasado: a su gloria o a su tragedia. Para ello no necesitamos tener fe. Pero, quienes disponen su ánimo, tienen la intención de superar lo que ha pasado, ellos sí necesitan tener fe.

La fe mueve la mano de Dios, ha dicho un poeta. Hebreos 11 asegura que, sin fe es imposible agradar a Dios. Todo el que desee acercarse a Dios debe creer que él existe y que él recompensa a los que lo buscan con sinceridad. La fe es un don, regalo con el que Dios nos privilegia. Pero, la fe es también cultivo que somos llamados a cuidar, proteger y hacer crecer. La Biblia dice que la fe surge, y es fortalecida, por el escuchar la Palabra de Dios. Lo que Dios dice, fundamental e inicialmente, su la Biblia. Pero, también, lo que él nos dice cuando cultivamos la oración y actuamos en consecuencia a lo que hemos escuchado.

Quien tiene fe puede ver lo nuevo que Dios está haciendo. Así, puede redimensionar lo que Dios hizo o permitió que fuera en el pasado, sin quedarse atado a ello. Dios ha prometido revelarnos lo nuevo que él hace (NTV Isa 42.9). Al través de Isaías, Dios nos asegura que nos dirá el futuro antes de que suceda. Es decir, que nos revelará su propósito para nosotros y nos guiará hasta que lo hayamos alcanzado.

Los tiempos que vivimos son tiempos propicios para la fe. Son tiempos propicios para que soltemos lo que ha quedado atrás y nos esforcemos para alcanzar lo que está delante. La exhortación a Josué (NTV 1.9) bien puede ser la exhortación que ahora se nos hace: ¡Sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni te desanimes, porque el Señor tu Dios está contigo dondequiera que vayas. A esto quiero invitarlos, a que dejemos a un lado nuestros miedos y el desánimo. A que confiemos en el amor de Dios y que entonces, nos ocupemos de crecer nuestra y en nuestra fe. Sólo quien sale al camino se acerca al final del mismo. Así nosotros, saliendo de lo que ha pasado, estaremos caminando en dirección de lo nuevo que Dios nos tiene preparado. Podremos descubrir, entonces, que Dios ha querido y ha podido construir un camino en al través del desierto, camino que nos llevará al refrigerio de los ríos que surgen en medio de la tierra árida y baldía.

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