¿Qué haces aquí, Elías?

1 Reyes 19.13-18

El diálogo entre Dios y Elías revela características importantes de ambos personajes. De Elías revela una condición humana muy generalizada, la paralización vital. Elías se atora en lo que piensa y siente, por lo tanto, termina atorándose en lo que hace. Ante la manifestación impactante de la presencia divina, Elías, simplemente, volvió a responder. Siguió donde estaba. De Dios, revela su incomodidad y su disposición a reclamar nuestra infidelidad. El, ¿qué haces aquí, Elías?, mismo que PDT traduce, Elías, ¿por qué estás aquí?, no es una pregunta informativa, es un reclamo. Elías está donde, y haciendo lo que, no le correspondía, lo que Dios no esperaba de él.

En la vida, como en el campo de la Ciencia, todos tenemos un marco teórico, es decir un conjunto de ideas, procedimientos y teorías que dan razón y forma a nuestra manera de pensar, sentir y hacer. Elías muestra la que es una manera generalizada de pensar, un marco teórico común a las personas: uno mismo es el centro de la vida. En el caso del profeta, las dos oraciones que componen su respuesta le tienen a él mismo como el sujeto de la acción: He servido con gran celoYo soy el único que queda. Hay un reproche implícito en tal argumento: las cosas no salieron como debieron haber salido. No he recibido la recompensa que era propia de mi persona y quehacer, reclama Elías. Por eso es por lo que ha llegado a la cueva donde Dios lo ha encontrado.

¡Cuánto se parece Elías a nosotros! Nosotros también explicamos el encontrarnos en la vida donde y haciendo lo que no nos corresponde, en función de lo que la vida nos ha recompensado o no. Explicamos nuestros aciertos y nuestros errores en función de nosotros mismos. Decidimos, hacemos y estamos en función de lo que creemos es propio o impropio de nosotros. Si la realidad se amolda a nuestro marco teórico la aceptamos como propia; pero, si la realidad no responde a nuestras expectativas nos sentimos en la libertad de escapar de la misma y dejamos de hacer y de estar en función de nuestro llamamiento.

Pocos temas más chocantes que el del llamamiento. Quienes son llamados, son santos. Es decir, están apartados para Dios y la razón de su vida no son ellos mismos, es Dios. Elías era un hombre santo. Esto explica el derecho de Dios a reclamarle que estuviera donde y no haciendo lo que él le había ordenado. ¿Quién se cree Dios para reclamarle a Elías? Más aún, ¿qué del derecho de Elías de hacer la vida como él quisiera hacerla? ¿Qué obligación tenía Elías de renunciar a sí mismo para vivir en función de Dios?

Intencionalmente he incluido el nombre de Elías en cada una de las preguntas planteadas para darnos la oportunidad de sustituirlo con el nuestro propio. Porque son preguntas que nos hacemos frecuentemente respecto de nosotros mismos y de nuestra experiencia de vida. Y es la respuesta que damos a las mismas la que explica que con desafortunada frecuencia nos encontremos donde no nos corresponde estar y haciendo lo que no es congruente con nuestro llamado. Respuesta que, por lo general, deja de lado nuestra condición de santos, de apartados para Dios.

Cuando los presupuestos de vida del creyente, su marco teórico vital, dejan de lado las cuestiones del señorío y del propósito divinos, este se encuentra en curso de colisión. Tarde o temprano entrará en conflicto con Dios. Nuestro Señor Jesús advierte de manera reiterativa que quien se aferra a su vida, la perderá. Mateo 10.39; 16,25; Marcos 8.35; Lc 9.24; 17.33; Juan 12.25 La Biblia nos revela que tal cuestión tiene una razón sencilla, llena de sentido común. Quien vive en función de sí no trasciende, se agota en sí mismo sin importar qué tanto haya logrado en la vida. Lucas 12.6-21 Sólo da para la vida presente. Sin embargo, quien vive para Dios, cumpliendo su propósito, trasciende, deja huella. Va más allá de sí mismo. Ello, porque al vivir para Dios uno se une al propósito y al quehacer divinos.

En el caso de Elías, la disonancia vital en la que se encontró le llevó no a la cueva sino a la conclusión de que ya no había para que vivir, que su vida había terminado en derrota. A fin de cuentas, el resultado de todo lo que había hecho es que lo buscaban para matarlo. Sin embargo, Dios al restablecer la comunión con el profeta le muestra que la tarea continúa y que su aporte no ha terminado. Hazael, Jehú, Eliseo eran los eslabones en los que el propósito divino habría de seguir cumpliéndose y Elías era el forjador de estos.

Nosotros, como Elías, podemos llevar el germen del descontento, el atisbo de la insatisfacción vital. Vale la pena que nos preguntemos si ello no se debe a que estamos viviendo para nosotros y no para Dios. Si resolvemos y enfrentamos la vida en función de nosotros o en función de él. No se trata de salir de la cueva para seguir viviendo para nosotros, sino de superar nuestros temores para cumplir con lo que es propio de nuestro llamamiento. Para vivir en función de y para Dios. Puede resultar conflictivo, cierto, pero, siempre produce plenitud de vida en y al través de nosotros.

A esto los animo, a esto los convoco.

 

 

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One Comment en “¿Qué haces aquí, Elías?”

  1. Eva Says:

    Cuando cumplimos años y con ellos llegan las decepciones las traiciones los engaños etc.
    Es muy dificil mantener la Fé ya que si dejamos de creer en el projimo q vemos, cómo creer en un ser creador que no vemos?.
    Es muy complicado salir de la cueva una vez que nos hemos instalado en ella.
    Cómo sabemos que es la voz de Dios la q nos pide q salgamos, o el interés de una organización.

    Cuánto no sabemos el ser humano perdido en miles de laberinticas religiones que nos piden q escuchemos la voz del mesias.


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