Nosotros somos cristianos

1 Pedro 2

Serie de meditaciones pastoralesSer cristiano es ser diferente. Es decir, es pensar la vida, y hacer esta a la manera de Cristo. Ello implica que la
cosmovisión, la manera de interpretar el mundo, del cristiano está definida por tres principios fundamentales: El señorío de Dios, la condición de pueblo del Señor y la Biblia como la única regla de fe. Si Dios es el Señor, luego entonces a nosotros, su pueblo, nos toca honrarlo obedeciendo sus mandamientos y colaborando en la obra que él realiza. Dado que somos pueblo del Señor, creemos en el Dios de Jesucristo, por ello nos toca ser testigos de Cristo, es decir, aquellos que hacen visible y creíble a Cristo y sus enseñanzas en medio de los que no conocen ni temen a Dios. Que la Biblia sea nuestra única regla de fe, significa que en ella encontramos lo que necesitamos saber de Dios, de su carácter y su propósito, así como la inspiración y el alimento espiritual necesarios para hacer la cotidianidad de la vida honrando y glorificando a Dios, así como para nuestra edificación y la de aquellos a los que somos llamados a servir.

Como podemos ver la diferencia inherente a nuestra condición de cristianos no consiste en que nuestra vida sea diferente a la de los no cristianos en cuanto a los deseos propios, los eventos y las circunstancias cotidianas. Los cristianos seguimos siendo seres humanos sujetos a las dinámicas de nuestro cuerpo, de nuestras relaciones sociales y de las circunstancias todas propias de la humanidad. Los cristianos no vamos por la vida con una especie de salvoconducto que nos permita evitar los riesgos que el ser humano comprende. Nuestro ser diferente no tiene que ver con la vida. Vivimos exactamente lo mismo que viven los que no conocen a Dios. Es decir, los cristianos no vivimos el cielo en la tierra. Para nosotros, sigue siendo cierto aquello de que: El ser humano, nacido de mujer, es corto de días y largo de aflicciones; como brote florece y se marchita, huye como sombra pasajera. Job 14.1

Al inicio de nuestra reflexión dijimos que ser cristiano significa pensar la vida y hacerla a la manera de Cristo. La Biblia explica una y otra vez que quienes están en pecado, muertos espiritualmente: Tienen la mente llena de oscuridad; vagan lejos de la vida que Dios ofrece, porque cerraron la mente y endurecieron el corazón hacia él. Efesios 4.18 Ello explica el que sean sujetos de sus pasiones, sean incapaces de conocer y amar el bien y, por lo tanto, que vivan el desenfreno. En contraste, los cristianos, asegura Pablo, tenemos la mente de Cristo. 1 Corintios 2.16 Tener la mente de Cristo hace la diferencia porque gracias a ello podemos: Discernir los deseos, las actitudes, los eventos y las circunstancias. (Distinguir algo de otra cosa, señalando la diferencia que hay entre ellas), estando en condiciones de decidir lo que es propio del Señorío de Dios, de nuestra condición de pueblo santo y en conformidad con lo que la Biblia enseña. Además, podemos actuar de manera alternativa a quienes no han sido iluminados por el Señor. Ello nos permite ser luz, mostrando una forma distinta de hacer la vida; y ser sal, contribuyendo a detener el deterioro espiritual, moral, ético y social de nuestro entorno.

Desde luego, esta no es una tarea fácil dado que la realizamos en un ambiente opositor. Vamos contra la corriente. Por lo tanto, enfrentamos dos tipos de fuerzas que dificultan nuestra condición de diferentes. La primera surge desde nuestro interior. Deseamos ser aceptados por los que nos rodean. Deseamos evitar el conflicto que resulta del ser diferentes. No deseamos aumentar a los retos de la vida más motivos de lucha. La segunda fuerza viene de nuestra exterior. Pedro asegura: No es de extrañarse que sus amigos de la vieja vida se sorprendan de que ustedes ya no participan en las cosas destructivas y descontroladas que ellos hacen. Por eso los calumnian. 1 Pedro 4.4 Esta última expresión la traducen otras versiones como: los insultan, los ultrajan. Y, ¿quién quiere ser despreciado? Así, que somos presionados, desde nuestro interior y desde afuera, para renunciar a nuestra condición de diferentes.

Las siguientes semanas estaremos ocupándonos de temas que a todos nos interesan. Entre nosotros hay mujeres que sufren violencia de género. ¿Quién está exento de tener que enfrentar en algún momento el dilema del divorcio, o el del aborto? ¿Quién no está expuesto a las tensiones de la homosexualidad, propia o de alguno de los que amamos? ¿Quién estará libre de tener que tomar una decisión de vida o muerte respecto de sí mismo o de otros? Son estos temas propios de todos los seres humanos y mismos que nosotros debemos encarar desde la perspectiva de Cristo.

Uno de los dones más importantes aparejados al hecho de nuestra salvación es la capacidad para elegir. Esta es la máxima expresión de la libertad humana. Sólo los libres eligen. Quienes viven sin Dios son esclavos del pecado, como nosotros lo éramos antes de Cristo. Por eso, ante las circunstancias y las alternativas vitales podemos tomar la decisión que corresponde de acuerdo con el Señorío de Dios, nuestra condición de pueblo santo y en conformidad con la verdad revelada en la Biblia.

¿Cómo hacerlo? ¿Cómo estar seguros de hacer la elección adecuada? De acuerdo con Romanos 12.2[i], hay un par de cuestiones a tomar en cuenta: Debemos proponernos no imitar las conductas y conductas que son propias del orden presente y que se contraponen con el orden de Dios, su Reino. Además, debemos cambiar nuestra manera de pensar animados por el Espíritu de Dios. Obediencia, comunión y conocimiento son los recursos para esto último.

Hemos dicho que ser diferentes provoca tensiones que se suman a las de nuestra condición de seres humanos. Quizá si sólo esto fuera cierto tendríamos razones para renunciar a nuestra condición de cristianos, de diferentes. Pero, conviene decir que insistir en nuestra condición de diferentes, asumir nuestra identidad como tales y actuar en consecuencia, potencializa al máximo nuestras capacidades y el sentido de nuestra vida. Honrando a Dios es que descubrimos y abundamos en la plenitud y el equilibrio de la vida. Sobre todo, descubrimos el poder de la gracia divina en y al través de nosotros.

No debemos olvidar que si la semilla cae en la tierra y se hace del todo una con esta, pierde su identidad y su capacidad para dar fruto. Pero, si la semilla que se siembra mantiene su calidad de diferente, aun participando de la condición de la tierra que la rodea, dará el fruto que le es propio. Así nosotros, rodeados de humanidad, poder vivir vidas fructíferas, gozosas y generosas. Vidas plenas, mismas que alcanzan para nosotros y para muchos más que está a nuestro alrededor.


[i] No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. NTV No se amolden a los criterios de este mundo; al contrario, déjense transformar y renueven su interior de tal manera que sepan apreciar lo que Dios quiere, es decir, lo bueno, lo que le es grato, lo perfecto. BHTI No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto. DHH

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One Comment en “Nosotros somos cristianos”

  1. Santiago Says:

    Gracias


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