Soy miembro de la iglesia

Autora invitada. Adriana Montoya

Permítanme iniciar con una pregunta. ¿Cómo llegamos a ser miembros de la iglesia?

En Romanos 3:23, el Apóstol Pablo dice “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” en efecto, es un hecho que hay una separación entre Dios y los hombres a causa del pecado. Pablo sigue escribiendo y en el versículo 24 dice: “siendo justificados gratuitamente por su GRACIA mediante la redención que es en Cristo Jesús”

¿A qué se refiere esta gracia? ¿Qué significa, qué implica en nuestra vida diaria?

La gracia podemos definirla como el acto misericordioso de Dios por el cual ofrece salvación y vida eterna a todos los pecadores que ponen su fe en Cristo para ser salvos. Sin embargo y con el fin de sintetizar, me agrada más ésta definición: La gracia es la influencia divina sobre el corazón y su reflejo en la vida. La gracia no sólo nos es dada como perdón de pecados y nueva relación con Dios, (influencia en el corazón) sino también nos es dada para que se vea reflejada en nuestra vida diaria.

Pablo nos vuelve a recordar en la carta de Efesios: “porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. (2:8-10)

En los dos casos hay una afirmación de que la gracia es un don que recibimos gratuitamente, pero también con un propósito: reflejarla a otros.

La gracia nos capacita para tal propósito:

  1. Nos perfecciona: Hebreos 10:14 dice: “porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”
  2. Nos capacita: Tito 2:11-12 dice: 12 Pues Dios ha mostrado su bondad, al ofrecer la salvación a toda la humanidad. Esa bondad de Dios nos enseña a renunciar a la maldad y a los deseos mundanos, y a llevar en el tiempo presente una vida de buen juicio, rectitud y piedad,
  3. Nos da dones: Romanos 12:6 Dios nos ha dado diferentes dones, según lo que él quiso dar a cada uno. Por lo tanto, si Dios nos ha dado el don de profecía, hablemos según la fe que tenemos;

Rom. 12:7  si nos ha dado el don de servir a otros, sirvámoslos bien. El que haya recibido el don de enseñar, que se dedique a la enseñanza;

Rom. 12:8  el que haya recibido el don de animar a otros, que se dedique a animarlos. El que da, hágalo con sencillez; el que ocupa un puesto de responsabilidad, desempeñe su cargo con todo cuidado; el que ayuda a los necesitados, hágalo con alegría.

Rom. 12:9  Ámense sinceramente unos a otros. Aborrezcan lo malo y apéguense a lo bueno.

Rom. 12:10  Ámense como hermanos los unos a los otros, dándose preferencia y respetándose mutuamente.

Rom. 12:11  Esfuércense, no sean perezosos y sirvan al Señor con corazón ferviente.

En efecto,  la gracia nos capacita para poner los dones al servicio de los demás y el lugar preciso donde podemos hacerlo es en la iglesia local, para eso nos ha salvado Jesucristo, para formar parte de su cuerpo, la iglesia, en donde podemos manifestar estos dones, ponerlos en práctica, yo diría que hasta ensayarlos y así reflejarlos a todos los demás con quienes convivimos fuera de la iglesia.

En el prólogo del libro “Soy miembro de la Iglesia”, el Dr. Luis Ángel Díaz-Pabón dice: “necesitamos ser miembros bíblicos. Y descubrir que Dios nos salvó con un propósito: Servir”

PROMESA 1

Pertenecer a la iglesia no es pertenecer a un club social, en ella no tengo privilegios, sino pertenezco para servir.

Ser miembros de la iglesia significa que todos somos partes necesarias de un todo. En 1 Corintios 12 a 14 Pablo usa la metáfora de un cuerpo con muchos miembros para representar a la iglesia,

La forma en que cada parte del cuerpo cumple su función debe estar basada en el amor. Ser miembros significa que todo lo que decimos y hacemos se basa en el fundamento bíblico del amor.

PROMESA 2

Cuando te conviertes a Cristo, Dios espera que seas parte de su iglesia y cuando te incorporas a ella, Él quiere que seas una presencia de UNIDAD allí.

¿Cómo podemos generar unidad? A través de nuestra fe y del amor por los otros.

¿Cómo generamos división? A través de los rumores y de la falta de perdón. Afirmemos que en Casa de Pan no se permiten los rumores y que si quiero ser un instrumento en las manos de Dios, debo aprender a perdonar.

PROMESA 3

No impondré ni mis preferencias ni mis deseos a la iglesia. Algunos de nosotros todavía nos creemos esa frase de que todos tenemos un niño dentro y reaccionamos como tales cuando se trata de hacer nuestra voluntad.

Lo extraño sobre ser miembro de la iglesia es que, en realidad, renunciamos a nuestras preferencias cuando nos unimos. En la iglesia  tengo que ser un siervo, no procurar que me sirvan. El ejemplo es Cristo mismo, por lo tanto pidamos como Pablo a los filipenses “ que haya en ustedes el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús, el cual siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo y tomó forma de siervo…”

PROMESA 4

Todos los líderes de la iglesia, necesitan oración. Pedir oración por la enseñanza de la palabra, por su predicación, pedir por la dirección de su familia y por el tipo de presiones y expectativas que las afectan.

Orar por su protección. 1 Timoteo 3:7 dice “también es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en los lazos del diablo”

Orar por su salud física y mental. Porque muchas veces descuidan su salud por atender tantos asuntos y por la cantidad de decisiones que deben tomar todos los días en cuanto a consejería.

PROMESA 5

Thom S. Rainer afirma en el libro Soy miembro de la iglesia que “entre más participemos en las actividades de la iglesia., más conoceremos las imperfecciones de la misma”. Pero también dice, que al aceptar que pertenecemos a la iglesia para servir, descubrimos un gozo al estar al servicio de los demás y de la misma iglesia en general.

Los integrantes de nuestra familia no son perfectos; los miembros de la iglesia tampoco. Es por ello que debemos comprometernos a servir en familia, a ser ejemplo desde casa y en la iglesia, servir con el mismo amor, unidos en la oración y en la adoración.

Ahora bien, como miembro de la iglesia, no debo limitarme a querer o servir bien a mi congregación. Debo enamorarme perdidamente de ella.  Jesús es el esposo y la Iglesia es la esposa. Mi compromiso es amarla con amor inalterable e incondicional.

Amar incondicionalmente no es tarea fácil, pero tampoco imposible.

PROMESA 6

Cuando entendemos lo que bíblicamente significa ser miembro de la iglesia, entonces comprendemos que la membresía es un regalo para atesorar.

Y con ello volvemos al principio de nuestra plática, este regalo de la membresía vino a ser posible, gracias a la obra salvadora de Cristo en nosotros, con ese don, recibiste la vida eterna, el perdón de los pecados, la adopción  por medio del Dios el Padre y la presencia y comunión del Espíritu Santo.

Leer la promesa

Hoy te invito a que seamos agradecidos por el regalo que hemos recibido, que concibamos el servicio a Dios como la respuesta natural del gozo de nuestra salvación y la alegría que conlleva ser miembro de una iglesia.

Una manera clave de expresar nuestra gratitud es servir como Jesús sirvió y hacer lo que nos mandó.

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