¿Todavía no Tienen Fe?

Marcos 4:35-40

Autora invitada: Adriana Montoya

El capítulo 4 del evangelio de Marcos, contiene las parábolas del sembrador, del crecimiento dela semilla y de la semilla de mostaza, además de añadir una explicación al uso que Jesús hacía de las mismas y la explicación que el mismo hace a sus discípulos y seguidores cercanos respecto del significado de las mismas.

Las parábolas tienen el propósito de enseñar una verdad espiritual en forma clara, Jesús hace uso de ellas en forma excelente, pues conocía las costumbres y actividades de la gente  y se vale de ello para enseñarles. Revela al través de ellas los diferentes resultados de escuchar las buenas noticias del reino de Dios, sin embargo es muy claro al resaltar que no todos pueden entender estas verdades, porque no tienen la disposición de escucharlas, se presentan ante el Maestro , con ojos y oídos cerrados, sin embargo, a solas con sus discípulos y seguidores más cercanos, se ocupa de revelarles las verdades escondidas en sus relatos, testimonios que ahora quedan para nosotros, los que podemos leer y entender su palabras gracias a la conservación de la misma y a la relación de la que podemos disfrutar  por su obra salvadora.

Sin embargo, hoy día me pregunto si también nosotros requerimos que el Maestro nos revele sus enseñanzas, porque teniendo oídos para oír, no hemos logrado entenderlas; conocemos las parábolas y nos parecen historias bíblicas que hablan de otros y no de nosotros mismos en el aquí y el ahora.

Cuando Jesús está enseñando por parábolas se está revelando a sí mismo, él es el Verbo hecho carne, por tanto el entendimiento que logremos será proporcional al conocimiento que tengamos de la persona del Hijo de Dios y de su propósito en esta vida. Creemos y confiamos en lo que conocemos, abunda la fe cuando hemos invertido en el conocimiento de Dios.

La fe, que podemos entender como confianza requiere perseverancia ya que se debe mantener constante y firme. Sin embargo, es importante señalar que nuestra confianza surge de la fidelidad de Dios hacia nosotros en primera instancia, él permanece fiel, aun con nuestras infidelidades.

Fomentar la confianza, aumentar nuestra fe y mantener nuestra fidelidad hacia Dios en la cultura en la que nos desenvolvemos no es tarea fácil, cada vez con más insistencia se nos invita a movernos en medio de lo transitorio y lo efímero, es así que le damos la característica de desechable a las cosas materiales, las relaciones que formamos e incluso la forma en la que interactuamos con la iglesia como cuerpo de Cristo, todos y cada uno de estos temas, requieren de nuestro compromiso personal, es decir, de cuánto de nosotros mismos estemos dispuestos a entregar para ser fieles a estas causas.

En el capítulo del evangelio de Marcos que hoy nos ocupa, llama mi atención que aún y cuando Jesús se esmeró y ocupó en revelarles el mensaje de las parábolas, los discípulos terminan en la barca con el Señor y en medio de una tempestad claman a Él por su ayuda, la respuesta de Jesús evidencia el desconocimiento que tienen del poder del Hijo de Dios, “¿Por qué estaban tan asustados? ¿Todavía no confían en mí?

No podemos juzgar a los discípulos por su actuación, las circunstancias los obligaban a tener temor y solicitar la ayuda del Señor, al igual que lo hemos hecho nosotros cuando en las situaciones   difíciles de la vida, hemos sentido que nuestra barca se hunde. Sin embargo, para que Dios pueda cultivar en nosotros  la fe, la fidelidad, es decir la confianza en él, debemos considerar por lo menos dos aspectos que nos ayudarán a crecer en este aspecto.

En primera instancia, Dios  nos prometió estar siempre con nosotros, todos los días hasta el fin del mundo, se mantiene fiel y comprometido con nosotros, por eso al reunirnos en la iglesia para alabarlo y escuchar su palabra que contiene infinidad de testimonios de su fidelidad, somos impulsados a ser testigos fieles de su poder.

En segundo término, somos llamados a hacer y cumplir las promesas que hemos hecho,  sea con nuestro cónyuge, en nuestro trabajo y en la misma iglesia, puesto que hemos creído en un Dios que hace y cumple sus promesas,  un Dios que le ordena al viento y al mar y le obedecen. Estar dispuestos a darnos a los demás, no sólo para cumplir lo prometido, sino porque estamos dando testimonio de que la imagen y el carácter de Cristo se están formando en nosotros y somos sus testigos fieles.

La palabra que se usa en el versículo 40 del pasaje que hemos leído es pistis, que significa persuasión, credibilidad, convicción, conviene cuestionarnos si  la pregunta de Jesús ¿Todavía no tienen fe? Se pueda re plantear y que se nos pregunte  ¿Todavía no están persuadidos? ¿Aún no me han creído? ¿Aún no están convencidos?

La respuesta que demos a tales preguntas definirá la relación que tenemos con Dios, el compromiso que hemos hecho con él y con las demás personas y la dedicación y el tiempo que invirtamos en las personas que nos merecen lealtad, comenzando con nuestro Salvador, seamos capaces de mantener y acrecentar nuestra confianza en Dios, para que seamos luz y testimonio a este mundo que tanto lo necesita.

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