De Lodo y Espíritu

A Manera de Introducción

Génesis 2.4bss. El segundo relato de la Creación, que en realidad es el primero, resulta el sustento de esa visión privilegiada del hombre, del varón. Sin entrar en detalles, los que destacan en la lectura del pasaje, digamos aquí que el hombre es creado antes que todas las cosas, recibe la autoridad implícita para nombrar a los seres creados -incluyendo a la mujer-, y por tanto, poseerlos; al tiempo que se convierte en la razón de la existencia de otros seres: “porque no es bueno que esté solo”. En una impertinente síntesis diríamos que el hombre aparece como el ombligo del mundo.

Más allá de la impertinencia, debemos aceptar que el hombre goza de un lugar privilegiado respecto del resto de la Creación. Privilegio que sigue vigente, como sigue siendo actual la responsabilidad derivada del mismo. No debemos olvidar el principio bíblico que establece que cada cual debe dar cuentas de acuerdo a lo que ha recibido. Así, si el hombre ha recibido, recibe, más que la mujer y que el resto de la Creación, el hombre es responsable de más.

De Lodo y de Espíritu

En algún momento (ver.7), se define al hombre como un ser viviente; es decir, se abunda en el hecho de que el hombre es un ser animado, vivo. Que es por sí mismo, individuo y, por lo tanto, con identidad propia. El hombre es, nada lo hace.

Es diferente, aún, de otros seres animados: los animales, los árboles, las plantas, etc. Estos, aunque tienen vida, resultan inferiores al hombre. ¿En qué sentido? Simplemente porque el hombre es Adán.

Adam es un término similar al femenino adamah, tierra. Y Adán fue hecho de tierra, en la que Dios insufló (sopló hacia adentro), aliento de vida. Esta descripción nos permite entender, primero, que en el hombre se hace evidente que no existe separación alguna entre lo espiritual y lo material. Es decir, que no hay áreas que puedan ser sustraídas del señorío de Dios y otras que sean exclusivas de la adoración debida a él.

En razón de su carácter, el hombre, orienta su vida toda a honrar o no a Dios. Todo lo que es ser hombre es de Dios: él mismo, sus relaciones familiares, su desempeño intelectual y laboral, etc. La vida del hombre es una sola: lodo y Espíritu lo hacen.

Además, esa doble dimensión a la que nos referimos nos muestra que el hombre, en tanto, tierra, es finito, limitado y frágil. Ello explica que el hombre pase por etapas de confusión, de debilidad, de depresión. Es razón, también, de los excesos de su humanidad, de la insensibilidad que a veces le caracteriza y, desde luego, de los muchos temores que, a lo largo de su vida, le definen y explican.

Hemos dicho: el hombre, en tanto tierra. Pero, no debemos olvidar, que el hombre es más que tierra. Por ello podemos comprender que si la característica, la marca del hombre, es lo que está relacionado a la tierra que lleva en si mismo, es porque tal persona está viviendo una monotonía; su identidad es parcial, incompleta y, por lo tanto, deforme.

Pero el hombre también es animado por el Espíritu de Dios. Espacialmente, no solo está atado a la tierra, a lo de abajo; sino que participa también de lo alto, de lo sublime, de la realidad de Dios. No en balde, la Palabra da testimonio de que, en Cristo, “estamos sentados en lugares celestiales” Ef 2.6.

La Complejidad de la Vida del Hombre

Las tareas exigidas a los hombres son muchas y muy complejas. En nuestra cultura se espera que sea cabeza, proveedor de amor y recursos, protector, modelo, etc., de la familia. Se le exige que sea fuerte, capaz, estable, sabio, paciente y leal. Así, su vida resulta compleja, desgastante y, en no pocos casos, poco afortunada.

Por ello es que hay tantos hombres que huyen, que se evaden. Por eso hay tantos hombres que van por la vida repitiendo ciclos: se saturan, explotan, se arrepienten y vuelven a empezar. Tres son, nos dicen los estudiosos, las áreas de mayor insatisfacción de los hombres: su trabajo, su esposa, sus hijos.

¿Podremos, los hombres, sobrevivir a tal complejidad? ¿Podremos salir vivos de esta vida? ¿Podemos ser hombres y disfrutarlo? Sí, y mil veces sí. En la medida que seamos plenamente lodo y plenamente espíritu.

Ser lodo, ser frágil, no es ni vergonzoso, ni denigrante. Por el contrario, nos permite una mejor comprensión de la naturaleza y dinámicas humanas. Nos da la oportunidad de desarrollar nuestras capacidades y de trascender a nuestras limitantes. La rueda no le quita peso a la carga, pero permite que traslademos esta a mayores distancias, con menor esfuerzo.

Llevar en nosotros el Espíritu de Dios, no nos aleja de la realidad cotidiana y terrena. Nos da perspectiva y el poder resultante de la imagen de Dios en nosotros. Cuando aprendemos a ver nuestro aquí, desde la perspectiva de Dios, hay sabiduría porque comprendemos mejor. Hay paciencia, porque redimensionamos nuestros tiempos y el impacto real de los eventos.

La complejidad de la vida se supera cuando somos integralmente hombres.

La Posibilidad de una Vida Plena

La vida de los hombres, de los que estamos aquí, ha sido erosionada y convertida en sequedales de verano. Salmos 32 No hay porqué extrañarnos: Jesús dijo que el ladrón ha venido para robar, matar y destruir. Juan 10.10.

Nuestras experiencias familiares, las de ayer y las de hoy, las crisis sociales y económicas que caracterizan a nuestras generaciones, el deterioro moral del cual somos parte, todo ello, ha contribuido a hacer de nuestra vida una no vida.

El principio de nuestra regeneración, de la recuperación de nuestra identidad original, está en Jesucristo. En él y por él, los que hemos sido desgastados en nuestra hombría, podemos ser regenerados. Podemos ser hechos de nuevo, ser hombres nuevos. 2 Corintios 5.17.

Este lodo seco pude ser rehidratado para que así fluya en Espíritu Santo en nosotros. Jesús dijo que si el ladrón ha venido para robar, matar y destruir, él ha venido para que tengamos vida y vida en abundancia.

Es más, Jesús ha venido para deshacer lo hecho por el diablo. 1 Juan 3.7. Lo que el diablo ha hecho en nosotros nos impide ser plenamente hombres. Él ha deformado tu carácter, lo ha hecho irascible, temeroso, impulsivo. Él ha deformado tus relaciones afectivas: como esposo, como padre, como hijo y hermano, etc. Él te ha privado de la oportunidad de ser profesionalmente pleno, te ha quitado la oportunidad de proveer lo necesario para ti y los tuyos. Él ha hecho de tu vida una no vida.

Jesús, Dios hecho carne, hoy te invita y te dice: Vengan a mí todos ustedes que están cansados de sus trabajos y cargas, y yo los haré descansar.Acepten el yugo que les pongo, y aprendan de mí, que soy paciente y de corazón humilde; así encontrarán descanso.Porque el yugo que les pongo y la carga que les doy a llevar son ligeros.” Mateo 11.28ss.

Hombres y mujeres somos seres privilegiados. Somos creados para gloria y alabanza de Dios. Por lo tanto, hemos venido a la vida para vivirla en plenitud y en total aprecio de la misma. Si nuestra vida es no vida, es tiempo de volvernos al Señor. En él se cumplen los propósitos para los cuales fuimos llamados a la vida.

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