Siervos Recomendados

Una meditación de Adriana Montoya Hinojos

2 Corintios 3:1-4:5

El momento que estamos atravesando como iglesia en Cristo y como sociedad en general, nos demanda necesariamente un cambio de lo que hemos venido haciendo hasta ahora. Ya no es suficiente con asistir al culto los domingos, con servir al necesitado, con dar buen testimonio ante mis vecinos o conocidos, etc. Y aunque ninguna de estas actividades es menos importante, resultan insuficientes ante la necesidad de cumplir con las enseñanzas de Cristo en relación al servicio o ministerio de evangelización que nos ha encomendado, es por ello que debemos reflexionar en la segunda carta de Pablo al pueblo de Corinto que habla sobre los que están capacitados para servir, cuáles son las armas o estrategias, en que condiciones podemos realizar el servicio, etc.

En esta carta Pablo hace mención sobre algunos falsos profetas que intentan desacreditar el trabajo que él mismo había hecho en el pueblo de Corinto, dichos profetas hacen circular cartas de recomendación en un intento de avalar su propio trabajo y menospreciar el del apóstol.

Pablo aprovecha esta oportunidad para enseñar que como hijos de Dios no necesitamos cartas de recomendación, sino que el ministerio o servicio que se hace para Dios siempre es respaldado por  el Espíritu Santo; no necesitamos que se hable bien de nosotros o de lo que se hace, sino que el mensaje de salvación sea expresado. He aquí nuestra certeza del trabajo que debemos  realizar, pues si alguna recomendación escrita necesitáramos, Cristo ya la ha escrito, no sobre piedra, ni con tinta, lo cual puede perecer, sino que la ha escrito con el Espíritu del Dios vivo.

Además de ello, contamos con otra confianza para cumplir con el propósito de servir a Cristo, y es que Dios nos capacita para lograrlo, la versión BLS dice en 2 Cor. 3.5: “Pero nosotros no somos capaces de hacer algo por nosotros mismos; es Dios quien nos da la capacidad de hacerlo”. No son capacidades propias las que nos aseguran el éxito, sino el poder de Dios obrando en nuestros corazones.

El siguiente argumento a considerar para no olvidar el servicio al que hemos sido llamados se encuentra en nuestra condición espiritual, a la cual Pablo se refiere cuando menciona que somos ministros competentes de un nuevo pacto, o como lo menciona  la BLS en 2 Cor. 3:6, “ahora Dios nos ha preparado para que anunciemos nuestro nuevo compromiso con Él”.

Este nuevo pacto no está basado en la “letra”, es decir en la ley como norma externa ante la cual todas las personas por ser infractores de la misma, son culpables y están condenados a muerte, en cambio el espíritu de vida escribe esa misma ley en tablas de carne del corazón, así le proporciona al creyente el amor por la ley que antes odiaba y el poder para cumplirla. Indudablemente que estas buenas noticias debemos compartirlas con nuestro prójimo.

En la BLS, se traduce 2 Cor. 3:12 de la siguiente manera “tan seguros estamos de todo esto, que no nos da miedo hablar”. Con toda franqueza podemos hablar de la gloria de Dios que no se extingue, es decir de su presencia en nuestras vidas a través de sanidades, consuelo, esperanza en las tribulaciones, alegría y gozo en las bendiciones y todo aquello que la presencia de Cristo en nuestras propias vidas ha significado.

Sin embargo, Pablo no olvida la condición de nuestros oyentes, sabe que éstos tienen como un velo que los imposibilita de entender la ley que ha sido escrita en los corazones de aquellos que conocen al Señor, pero sabe también que ese velo sólo puede ser quitado a través de la obra del Espíritu Santo, y  afirma “porque donde está el Espíritu de Dios allí hay libertad”

Es así que el objetivo de nuestro servicio a Dios es compartir esta libertad con aquellos que todavía no pueden tenerla, agradeciendo que nosotros podemos ver la gloria del Señor como en un espejo que se refleja en nosotros mismos y así el señor va cambiando nuestra vida, transformándonos a su imagen, de modo tal que en su misericordia, nos permite servirle.

El ministerio de evangelización en los creyentes es una oportunidad de anunciar a Cristo como Señor de nuestras vidas y de anunciarnos a nosotros mismos como servidores de los demás como consecuencia de ser seguidores de Jesucristo, Pablo afirma esta verdad cuando se menciona a si mismo en 2 Cor. 4:5, como siervo del pueblo de Corinto “por amor de Jesús”.

Valoremos cuál es el grado o intensidad de nuestro amor por Jesús a la luz del servicio o ministerio de evangelización que realizamos.

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