La Identidad del Espíritu Santo

A la pregunta, ¿quién es el Espíritu Santo?, solo cabe una respuesta: el Espíritu Santo es Dios mismo. Juan 4.24 No la fuerza de Dios, tampoco la tercera parte de Dios, ni siquiera un dios Espíritu Santo. La Biblia nos enseña que Dios es uno, ello implica que es además de uno solo, también único en su manera de ser. Los teólogos han recurrido al término unicidad, para referirse a la manera única de ser de Dios.

La Biblia nos enseña que Dios se ha manifestado como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo. 1 Ti 3.16 El término que Reina-Valera traduce como manifestado (faneroo), significa “se presentó”. Así que, podemos entender que Dios se ha presentado a sí mismo actuando como Padre, como Hijo (en la persona de Jesucristo), y como Espíritu Santo. En un intento de explicar el ser y quehacer de Dios, los cristianos han desarrollado la llamada doctrina de la Trinidad. Esta enseña que Dios es uno, pero que es Padre, es Hijo y es Espíritu Santo. Es decir, dicha doctrina señala, sostiene su fe en un Dios único, pero se refiere a las hipóstasis del mismo. Es decir, que al mismo tiempo que Dios es uno, es verdaderamente Padre, verdaderamente Hijo y verdaderamente Espíritu Santo. Quienes no se asumen como trinitarios, coinciden en cuanto a su fe en un Dios uno, y consideran que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, son manifestaciones o modos de ser de Dios.

Al respecto debemos tener en cuenta que toda doctrina respecto del ser y quehacer de Dios, no es sino una aproximación parcial de la mente humana, a la grandeza, la soberanía y la magnificencia divinas. Por lo tanto, animados por la fe, nosotros creemos que Dios es uno y que se ha presentado a nosotros de distintas maneras: como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo.

Para los efectos de nuestra reflexión, consideramos que el Espíritu Santo es Dios mismo obrando en y al través del creyente. 1 Corintios 3.16; 6.19 La Biblia declara de manera reiterada que el Espíritu Santo es Dios; más aún la Biblia nos enseña que Dios es Espíritu. También enseña que el creyente, que ha sido regenerado mediante el sacrificio de Cristo, ha recibido el Espíritu Santo y, por lo tanto, es templo del Espíritu Santo. Es decir, que Dios habita en el creyente y actúa en él y al través suyo; tanto para la edificación personal del cristiano, como para su capacitación para el servicio de Cristo. Primero, para que el cristiano pueda actuar como testigo de Cristo en la tarea evangelizadora que consiste en ir a todo el mundo y hacer discípulos a los que escuchen el Evangelio de Salvación.

Aunque a lo largo de la Biblia encontramos diversas referencias al ser y quehacer del Espíritu Santo, es a partir del ministerio de nuestro Señor Jesucristo que el tema adquiere mayor relevancia. A José el ángel le asegura que María ha engendrado del Espíritu Santo. Juan el Bautista anuncia que detrás de él viene Jesús, quien habrá de bautizar a los creyentes con Espíritu Santo y fuego. El evangelista Juan hace una declaración por demás interesante: El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado. Juan 7.38-39

Nuestro Señor Jesús se refiere a la obra del Espíritu Santo comparándola con el fluir de ríos de agua viva en el interior del creyente. Es decir, alude a la presencia manifiesta del poder de Dios en el creyente. Pero, Juan también hace un par de precisiones: dice que aún no había venido el Espíritu Santo, y explica que ello se debía a que Jesús no había sido glorificado.

Nuestro Señor Jesús, al referirse a su glorificación, prometió a sus discípulos que no los dejaría huérfanos, sino que vendría a ellos. Hace tal promesa en referencia de la venida del Espíritu Santo, el Consolador. Fijémonos que nuestro Señor Jesús no promete que él o el Padre enviarán a otro, sino que el mismo Jesús volverá a estar con ellos. Juan 14.18 DHH

Hebreos nos asegura que es, precisamente nuestro Señor Jesús, la forma más perfecta en la que Dios se ha mostrado a los hombres. Lo que podemos conocer de Dios, lo conocemos gracias a Jesús quien es el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder. Hebreos 1.1-3 Mientras Cristo estuvo en la Tierra, en tanto que no fue glorificado, su presencia era la presencia de Dios. En Cristo habitaba corporalmente, asegura San Pablo, toda la plenitud de la deidad. Colosenses 2.9 Cuando Cristo es arrebatado en las nubes, ya no está más físicamente entre los suyos. Pero, siendo Dios, no se ausenta de y de entre los hombres, se manifiesta como [el] Espíritu Santo.

Esto muestra una cuestión sumamente importante: Dios tiene un profundo interés en relacionarse personalmente con los suyos. Uno de los elementos de la doctrina de la Trinidad es, precisamente, el uso del término persona. Al decir que el Espíritu Santo es una persona, al igual que el Padre y el Hijo, se refiere a la capacidad del Espíritu Santo para relacionarse con las personas humanas. Es decir, la fe cristiana no considera a Dios como una fuerza impersonal, como una esencia sin identidad, ni, mucho menos, como un poder ajeno y distante de los seres humanos.

Dios piensa, siente y se relaciona con su Creación. En particular lo hace con el hombre. Para ello lo creó, para vivir en relación con los seres humanos. Así que, una vez que Cristo, la imagen de Dios, ha sido glorificado y no está más físicamente entre los hombres, Dios se mantiene en relación con las personas al través de Espíritu Santo. Gracias a la obra de Cristo, Dios ha vuelto a estar en comunión con los hombres y las mujeres redimidos por la sangre derramada en la cruz. Este estar en comunión, es mucho más que estar en relación. Es participar de la realidad humana y hacer partícipes a los suyos de su esencia divina. Por el Espíritu Santo, Dios mismo habita en el corazón de los suyos.

Es el tipo de relación a la que se refiere nuestro Señor Jesucristo cuando le dice al Padre: Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Juan 17.23 Dios siempre ha querido estar unido a los suyos. La razón y el vínculo de tal unidad son el amor; el amor con que él nos ama y el amor que, como respuesta, le profesamos a él. Dado que Dios es amor, entonces es él en nosotros, al través de su Espíritu Santo, quien hace posible la realidad de la comunión que, a su vez, desata todo el poder y las capacidades divinas en nuestra vida.

Podemos concluir reiterando que el Espíritu Santo es Dios mismo en el creyente. Todo lo que Dios hace en y al través del cristiano es porque él mismo habita en el corazón de mismo. Como el cristiano es el templo del Espíritu Santo, es en él y por él que Dios se muestra al mundo y da testimonio de su poder, su amor y su propósito salvífico. Procuremos, entonces, que el Espíritu Santo abunde en nosotros y cumpla su propósito en nuestra vida y al través de la misma.

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2 comentarios en “La Identidad del Espíritu Santo”

  1. olga morales aguilar Says:

    Comentario:

    Soy una mujer que desea aprender muchas cosas de la palabra de dios pero no tengo ni idea de como empezar y como crecer en cristo.

    si me pueden ayudar se los agradeceria con todo el corazon.

  2. Adoniram Gaxiola Says:

    Estimada Olga, paz.

    Agradezco su correo. Nos gustaría mucho poder compartir con usted lo que Dios nos ha dado. Si usted puede llamarnos al 5528-8650, podremos ponernos de acuerdo para encontrarnos y compartir de Cristo. Bendiciones,


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