Fe y Ciencia

Pastor Adoniram Gaxiola

Toda Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar y reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud, para que el hombre de Dios esté capacitado y completamente preparado para hacer toda clase de bien. 2 Ti 3.16,17

Generalmente se asume que la Biblia y la Ciencia se excluyen mutuamente, que no se puede pensar científicamente y al mismo tiempo tener fe. Quizá la razón principal de tal creencia sea la ignorancia respecto de lo que la Biblia es y dice, así como de una inadecuada comprensión de lo que es la fe, su origen y propósito.

Para empezar a comprender el cómo de la relación entre la fe bíblica y la ciencia, conviene considerar algunos presupuestos necesarios en el acercamiento a la Biblia y su mensaje:

La Biblia es la Palabra de Dios y humana, al mismo tiempo. Creemos que la Biblia es la Palabra de Dios en cuanto que la misma ha sido inspirada por Dios mismo. El término inspirada se traduce del literal respirada por Dios. Esto no significa que Dios haya escrito o dictado la Biblia a los más de cuarenta escritores, sino que el Señor reveló sus misterios a los hombres que la escribieron mediante su Espíritu Santo, en un período aproximado de 1,600 años.

La inspiración y la revelación divinas no dejan de lado la humanidad de los escritores bíblicos. Estos interpretan ambas en un contexto personal e histórico particular. De ahí que podamos encontrar que las cuestiones culturales, con sus peculiaridades, enfatizan, perfilan y aún complican el mensaje bíblico. Muestra de ello es la existencia de dos relatos de la Creación, de diferentes relatos acerca del Diluvio, de las restricciones culturales que relegan a la mujer en cuanto a su participación en la liturgia y el liderazgo de la iglesia, las cuestiones apocalípticas, etc.

La Biblia tiene un mensaje y un propósito. El mensaje central de la Biblia, el eje temático de la misma es Jesucristo, Señor y Salvador de los hombres. De hecho, los primeros capítulos de la Biblia (Gn 3.15), contienen el llamado proto-evangelio. Por su parte, Apocalipsis, el último libro del canon sagrado, termina con una invocación y referencia a Jesucristo mismo. La lectura de la Biblia nos revela la llamada economía de la salvación. Es decir, la razón y la manera que Dios ha tenido y establecido para reconciliar al hombre consigo mismo. Tal es la doctrina (enseñanza), bíblica: Jesucristo y su obra redentora.

Por otro lado, el comprender quién es Jesucristo, cuál su obra y las consecuencias de la misma, establece el propósito de la Biblia y el cómo y para qué de la fe bíblica. En nuestro pasaje, el Apóstol Pablo establece que la Escritura es útil para: enseñar y reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud, para que el hombre de Dios esté capacitado y completamente preparado para hacer toda clase de bien. Este pasaje revela el carácter parenético de la Biblia toda: se trata de una exhortación, de un llamado a vivir de manera consecuente con lo que Dios es y lo que él mismo ha establecido como justo. A esto es a lo que la Biblia define como la vocación con que hemos sido llamados. Efesios 4.1.

La fe bíblica es confianza, pero también conocimiento. En efecto, el sentido primario de la palabra pistis, como sabemos, es firme persuasión, convicción basada en lo oído. Como podemos ver, tiene que ver tanto con la fiabilidad nuestra en lo que Dios declara en su Palabra y lo que esta nos revela de él; así como del contenido de la misma: su doctrina o enseñanza.

Sin embargo, el conocimiento que la Palabra transmite, aun cuando se traduce como ciencia, no se trata del conocimiento científico.  Sino del que permite al ser humano conocer, comprender, obedecer y, por lo tanto, vivir en comunión con Dios.

Tomar en cuenta lo anterior nos permite acercarnos de manera más objetiva y fundamentada a la cuestión de la relación entre la fe y la ciencia. Si la fe bíblica, la ciencia bíblica, no tiene como objetivo el explicar de manera científica los hechos naturales de la naturaleza, luego entonces no hay lugar para la contradicción o el enfrentamiento entre lo que la ciencia, en el sentido moderno, significa. La Biblia no se ocupa de tales asuntos. Aún aquellas cuestiones que pudieran parecer en conflicto, tales como la Creación, el origen y desarrollo de las relaciones humanas, etc., deben ser consideradas en su propio y particular contexto; así como en función del propósito de tales relatos. En el caso de las historias de la Creación, por ejemplo, la intención del texto bíblico es uno solo: establecer que Dios es origen y creador de todo lo que existe y que lo que él ha creado (incluyendo al ser humano), responde a un propósito divino.

Los autores bíblicos se valen de los recursos literarios a su alcance para relatar y hacer comprensible el quehacer divino a sus lectores. Por ello es que el lector de la Biblia tiene la obligación de interpretar en sus circunstancias y contexto histórico, lo que fue escrito en otras circunstancias y en otro contexto. De ahí, que la interpretación correcta de la Biblia es aquella que recupera los principios establecidos en sus páginas y los lleva a la práctica en las circunstancias y el contexto particular del lector.

Resulta interesante el descubrir que aun cuando la Biblia no se ocupa del conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales. Sus autores, de manera extraordinaria y sorprendente, se anticiparon hasta por varios siglos a los descubrimientos de la ciencia moderna en cuestiones tales como la astronomía, geología, física y aún en cuestiones de aeronáutica y meteorología, etc. (Para mayor información sigue este link)

El desarrollo de la ciencia, en su acepción moderna, así como la capacidad del hombre para investigar, descubrir y recrear la naturaleza se fundamenta en el cumplimiento del pacto establecido por Dios con el ser humano, en Génesis 1.28-31. A este Dios le ha concedido la facultad de tomar dominio sobre lo que él ha creado. Ha puesto bajo su facultad el observar, razonar y transformar lo que existe. Más aún, Dios ha prometido que a quien le falta sabiduría él habrá de dársela, si se la pide; y que a quien no entiende las cosas, él habrá de enseñarle cosas grandes y maravillosas. Si bien, tales promesas se refieren inicialmente al conocimiento de Dios, la experiencia ha demostrado que se cumplen también en aquellos que mediante la actividad científica procuran glorificar a Dios y servir a su prójimo.

La fe bíblica, el conocimiento de Dios y su propósito, actúa, por lo tanto, como un referente esencial para la tarea científica. Sustenta la capacidad y el derecho del hombre a hacer ciencia. Además de que, en el caso de los científicos cristianos, les dirige y empodera para que su tarea científica se traduzca en el bienestar de la humanidad, como un testimonio del amor y la presencia de Dios en medio de los hombres.

La fe bíblica no excluye ni rechaza al quehacer científico. Por el contrario, lo anima, lo orienta y lo dimensiona respecto del ser y del quehacer divinos.

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