El diablo nos vigila

1 Pedro 5.6-11 DHHK

El diablo nos vigila. Este es un hecho que los cristianos no podemos darnos el lujo de ignorar. El apóstol Pedro hace una de las descripciones más interesantes y descriptivas acerca de la manera en la que el diablo vigila, acorrala y, cuando logra su propósito, daña a los creyentes. El Apóstol les escribía a cristianos que se encontraban en crisis, una crisis provocada por su fidelidad a Cristo. El aceptar a Jesucristo como su Señor no sólo había cambiado su religión, sino que su vida entera fue transformada y se encontraron con que su nueva forma de vida era una contracultura.

Es decir, vivían no sólo de una manera diferente a la de sus conciudadanos, sino de una manera que incomodaba a estos pues ponía en evidencia su pecado y su desobediencia a Dios.  En consecuencia, los creyentes enfrentaron la enemistad de sus mismos familiares y vecinos, así como la persecución de las autoridades.

El Apóstol Pedro ya les había explicado a los creyentes el porqué de la persecución y maltrato que sufrían (4.4). Les dice que a quienes los conocieron antes de ser cristianos, les parece extraño que ustedes ya no corran con ellos en ese mismo desbordamiento de inmoralidad, y por eso los insultan.

Una vez más, nos encontramos que para quien sigue y sirve a Cristo, la vida se vuelve más y más complicada y difícil de lo que podría esperarse. Ante ello, complicado y difícil resulta el comprender la recomendación petrina, en el sentido de que los creyentes que se encuentran en tal crisis, sean humildes y acepten la autoridad de Dios, en tales circunstancias.

Pero, lejos de recomendar que se solamente se resignen, el Apóstol anima a los creyentes a que enfrenten y resuelvan su circunstancia a la luz del poder de Dios y en la esperanza del cumplimiento de su promesa. Por eso resulta relevante la exhortación que les hace para que pongan sus preocupaciones en manos de aquel que tiene cuidado de ellos.

Desde luego, Pedro enseña que las crisis han de resolverse con el recurso de la fe. Entendida la fe en cuanto confianza y esperanza; pero, también fe en cuanto sustento del hacer lo que es propio y oportuno. San Pablo describe de manera extraordinaria este tipo de crisis que frecuentemente enfrenta el cristiano. A partir de su propia experiencia, sugiere en 2 Corintios 7.5, que es propio que el cristiano se vea acosado por todas partes: conflictos por fuera, temores por dentro.

Pues bien, tener fe haciendo lo que es propio y oportuno se caracteriza por el cultivo de la prudencia, por el mantenerse despierto y por el resistir firmes en la fe. En este contexto, la prudencia no es otra cosa sino el ejercicio del dominio propio, el mantenerse despierto consiste en permanecer alerta y resistir firmes en la fe consiste en guardar la estabilidad en medio de la crisis.

La estructura del pasaje da sustento al argumento petrino de manera ingeniosa e irrebatible. El doble llamado a ser prudentes y mantenerse despiertos, se sustenta en la figura representada por el león rugiente que anda buscando a quien devorar. Este andar buscando, vigilando, rondando, se refiere a la observación cuidadosa que el diablo hace de todas y cada una de nuestras actividades cotidianas buscando la oportunidad para alejarnos de la fe.

La figura se refiere, también, a la técnica de caza seguida por los leones, misma que consiste en rondar a las manadas, rugiendo para provocar terror y propiciando que los miembros más débiles e inexpertos, se alejen del grupo principal de sus semejantes quedando así más fácilmente a merced de su depredador.

Lo que Pedro enseña es que el creyente sólo está seguro y es beneficiado por la provisión divina cuando permanece en comunión estrecha con los demás creyentes. Que aislándose, manteniéndose al margen del Cuerpo de Cristo, se vuelve más vulnerable. De la enseñanza petrina resulta que la vida en comunidad, intencional y servicialmente, se convierte en un espacio de protección para el creyente ante el ataque del diablo. La familia de la fe es un espacio relacional que protege, empodera y promueve el crecimiento integral del cristiano.

La Biblia nos enseña que la razón para ello es sencilla: es sólo en la comunión de la Iglesia donde los dones espirituales actúan a favor de los creyentes; es la oración corporativa el espacio donde el poder de Dios se hace presente; y, es en la Palabra que se predica y enseña en la Iglesia, donde el creyente se nutre para permanecer fuerte y firme en cualquier circunstancia.

La Biblia también nos enseña que el creyente debe permanecer alerta ante cualquier espacio de debilidad que lo ponga en riesgo: tanto de lo que dentro suyo (pecado, temores, deseos desordenados, raíces de amargura, etc.), lo anime a separase del resto del Cuerpo de Cristo. Pero que también debe permanecer alerta ante aquellos ataques, desde fuera, que resultan en su contra como resultado de las relaciones disfuncionales, de la animadversión de sus enemigos y aun de las circunstancias de la vida misma.

Ante todo ello hay que ser prudentes y mantenerse alertas, dice Pedro.

El llamado a permanecer firmes en la fe ante el rondar, el vigilarnos, del diablo, aunado a la referencia de que en todas partes del mundo los hermanos nuestros sufren las mismas cosas, nos lleva a la necesidad de considerar el tema de la auto victimización.

Cuando ante las crisis de la vida pensamos que sólo nosotros sufrimos, o que nuestro dolor es más grande que el de los otros, o que los demás no nos comprenden, tendemos a aislarnos de los demás quedando a expensas del ataque del diablo. El sufrimiento, hemos dicho, provoca y fortalece un espíritu egoísta en nosotros. Es decir, nos anima a convertirnos en el centro de nuestra existencia y por consecuencia, en el centro de la vida de los demás. El cultivo del egoísmo, consciente e inconsciente, termina siempre por aislarnos en menor o mayor grado.

Debemos entender que el dolor aísla, sí, pero no lo hace de manera natural. El aislamiento como fruto del dolor evidencia la fragilidad, la debilidad de los lazos de amor de quien sufre y los suyos. El dolor y el sufrimiento sólo ponen en evidencia las tendencias relacionales ya existentes. Acerca a los cercanos y aleja a los lejanos. En esto hay una corresponsabilidad en unos y otros. De ahí la necesidad de, cotidiana e intencionalmente, desarrollar relaciones sanas, complementarias y sustentadas en la fe común. De ahí la importancia de que construyamos comunidad como iglesia.

Pedro asegura que a quienes se mantienen en comunión intencional, propositiva y sustentada en la fe, con su Señor y su Iglesia, Dios los hará perfectos, firmes, fuertes y seguros. Vs 10. Pero, aclara que ello sucederá, después de que hayan sufrido por un poco de tiempo. Aquí, Pedro se une a Pablo cuando este asegura por su lado que, en Cristo, estas leves tribulaciones momentáneas producen en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria. 2 Corintios 4.17.

La desesperación de los animales que se sienten bajo el poder del león que los rodea, les lleva a considerar que su fin ha llegado y se abandonan ante quien los ataca. Lo mismo sucede con los creyentes que no han permanecido fieles en la Palabra que han recibido. Se vuelven fatalistas. Se resignan porque no ven la posibilidad de cambiar el curso de los acontecimientos. Y, entonces, se abandonan, se alejan progresivamente del temor y del cuidado divinos.

Pero los creyentes que permanecen en Cristo, saben que ningún sufrimiento permanece indefinidamente y que ningún sufrimiento tiene el control definitivo de nuestra vida. En Cristo, se sufre por un poco de tiempo y toda tribulación es momentánea.

Además, el fruto del sufrimiento es la perfección, la firmeza, la fuerza y la seguridad eternas. Así como que los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento. 1 Corintios 4.17.

En pleno Siglo XXI, los creyentes seguimos enfrentando situaciones de crisis. El diablo sigue rondando alrededor nuestro, buscando destruirnos. Cierto. Pero, más cierto aún, porque es promesa divina, es que el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayamos sufrido un poco de tiempo, él nos restaurará, nos sostendrá, nos fortalecerá y nos afirmará sobre un fundamento sólido, tal como traduce NTV, 1 Pedro 5.10.

Tal y como lo ha hecho una y otra vez, siempre que hemos enfrentado la prueba, cada vez que el diablo nos ha atacado… y hemos permanecido unidos a Cristo.

Por eso, quienes están enfrentado la crisis, o cuando la misma llegue a nuestra vida, debemos tener presente que el Dios quien nos ha traído hasta aquí y que ahora nos sustenta, es el mismo Dios que en su gran amor nos ha llamado a tener parte en su gloria eterna en unión con Jesucristo.

Que, consecuentemente, nuestro destino no es ni el fracaso, ni el dolor eternos. Por el contrario, nuestro destino es la manifestación gloriosa del poder, de la paz, del amor y del cuidado divino por siempre.

Si el diablo nos vigila, nos ronda. Pero él mismo está rodeado por quien es más poderoso que él. Es más, el diablo ya ha sido vencido por lo que sus victorias siempre son relativas y pasajeras. Si bien ante la vigilancia constante del diablo debemos permanecer alertas y fortalecernos en el Señor, podemos enfrentar su acoso en la confianza de que en Cristo, somos más que vencedores.

A esto los animo, a esto los convoco.

Explore posts in the same categories: Agentes de Cambio, El Cristiano y sus Circunstancias, Guerra Espiritual

Etiquetas: , , ,

You can comment below, or link to this permanent URL from your own site.

Deja un comentario