Ellos imponen su autoridad y su poder en el mundo actual

Efesios 2.2

Ocuparnos de asuntos como lo que algunos llaman la dimensión espiritual o de cuestiones como la influencia de los espíritus en la vida de las personas, o, más aún, el quehacer diabólico en lo cotidiano, etc., puede parecer una absurda pérdida de tiempo y el colmo de la ignorancia. Desde nuestra perspectiva cristiana enfrentamos una contradicción cultural-bíblica, ante tales cuestiones. Como propone Esther Miguel Pericás (2009): Con demasiada frecuencia el cristianismo occidental se enfrenta a estos fenómenos culturales como si fueran manifestaciones idolátricas o aberrantes de la ignorancia humana, sin detenerse por un momento a pensar que el propio Jesús vivió plenamente, inmerso en ellos.

El hecho es que la humanidad ha asumido la existencia de seres y poderes espirituales. Pitágoras (475 a.C.), por ejemplo, aseguraba: Todo el aire está lleno de espíritus. La fe cristiana añade un elemento a tal asunción: No se trata de meras energías despersonalizadas, ajenas al devenir humano sino de seres personales que tienen el interés y el poder para afectar a las personas tanto positiva como negativamente. Es en este sentido en el que debemos interpretar el quehacer de los ángeles, mismos que transmiten mensajes de Dios, actúan en favor de los elegidos, defienden a los que sirven a Dios, etc. Hch 5.19; Lc 1.11; Mt 1.24; Sal 34.7

Un segundo aporte de la fe cristiana consiste en el reconocimiento de la existencia de un conflicto real, permanente y relevante entre el bien y el mal. El relato de la Creación advierte que entre la descendencia de la mujer y la de la serpiente (el diablo), habrá una profunda enemistad. Génesis 3.15 Esta es, según Apocalipsis 12.7, una guerra que actualmente se da en el cielo. Que esto sea así es lo que nos permite entender expresiones neotestamentarias tales como: Porque no luchamos contra gente como nosotros, sino contra espíritus malvados que actúan en el cielo. Ellos imponen su autoridad y su poder en el mundo actual. Efesios 6.12 TLAI

Además, cuando Pablo, en Efesios 2.2, se refiere al diablo lo llama: Príncipe de la potestad del aire (RVR1960), poderoso espíritu en los aires (TLAI). Al hacer referencia a los aires el Apóstol enfatiza la influencia, el poder, que el diablo ejerce sobre los seres humanos. El término traducido como aire (aer), se refiere a la región atmosférica, diferenciándola del cosmos. Al hacer esto fundamenta la segunda parte de su dicho (NTV): [el líder] quien es el espíritu que actúa en el corazón de los que se niegan a obedecer a Dios. Así, lo que Pablo revela es que, los seres humanos, cuando no estamos en Cristo o cuando nos negamos a obedecerlo, nos ubicamos en el área de dominación del diablo y sus huestes. Por ello es por lo que estos seres espirituales pueden afectar a las personas empoderando sus cuerpos para la práctica de lo malo. Así como, en contraparte, el Espíritu Santo empodera a los suyos para la realización de milagros y señales, incluyendo el echar fuera a los demonios.

Dado que posteriormente nos ocuparemos de la obra del Espíritu Santo en los creyentes, ahora nos ocuparemos de cómo es que estos espíritus malignos ejercen su poder e influencia en las personas.

Observan. Según Mateo 12.43ss, nuestro Señor Jesús usó la figura de un hombre fuerte que es expulsado de su casa para enseñar a sus discípulos el actuar del diablo. Este hombre fuerte, el espíritu malo, privado de su área de influencia regresa y observa la condición de esta. Cuando regresa, la encuentra desocupada, limpia y ordenada. Entonces va y busca a otros siete espíritus peores que él, y todos ellos entran en aquella persona y se quedan a vivir allí. ¡Y esa pobre persona termina peor que cuando sólo tenía un espíritu malo!

De esta ilustración obtenemos dos enseñanzas importantes. La primera, es que los espíritus satánicos nos observan permanentemente. 1 Pedro 5.8 Están al tanto de nuestra condición espiritual. Saben de nuestra limpieza, de nuestro orden, sí, pero, también de nuestros vacíos espirituales (existenciales). Esto nos lleva a la segunda enseñanza, hay quienes se preguntan si los creyentes, los ya convertidos a Cristo, pueden ser poseídos por los demonios. La respuesta es sí, si no se ocupan de permanecer llenos del Espíritu Santo, serán presa fácil de los demonios. Aún suele darse el caso de que terminen peor que como estaban antes de Cristo.

Aprovechan. Santiago 1.13ss, se refiere al proceso de incubación del pecado. Este se origina en nuestros propios deseos desordenados (concupiscencias: antojos, anhelos, complejos, lujurias, etc.). La vida de diversos personajes bíblicos, pero, sobre todo, nuestra propia experiencia, nos muestran cómo es que cuando somos animados por tales deseos todo parece coordinarse para que podamos llevarlos a cabo.

Actuar insensatamente nos ubica en zona de riesgo. Animados por nuestras emociones dejamos de discernir y en ese lapsus abrimos un espacio de oportunidad al diablo. Proverbios 5 nos permite comprender el riesgo de ubicarnos en una zona de riesgo. La mujer extraña no es el origen del problema, es en el que no ha tenido el cuidado de cultivar el sentido común y ejercer el discernimiento (Proverbios 3.21-23), quien da la oportunidad para que la cuerda caiga alrededor de su cuello. Proverbios 5.22, abunda: Un hombre malvado queda preso por sus propios pecados; son cuerdas que lo atrapan y no lo sueltan.

Provocan. Lucas 22.3 Entonces Satanás entró en el corazón de Judas Iscariote, uno de los doce discípulos, y le puso la idea de traicionar a Jesús. Este pasaje me da miedo. Generalmente hablamos de Jesús como quien puede entrar al corazón del ser humano. Apocalipsis 3.20 Pero, Lucas asegura que Satanás tomó posesión del cuerpo de Judas, que tomó control de sus pensamientos. Aunque, seguramente, habrá quién argumentaría que si el diablo toma el control de alguien este no es, en última instancia, responsable de sus actos, no es esta la cuestión que importa. Lo importante es que si bien es el diablo quien toma la iniciativa, es la persona quien la lleva a cabo. Autor intelectual, autor material, diría algún abogado. Ambos, igualmente responsables y, por lo tanto, copartícipes de este mal y del mismo castigo.

Si tuviera que elegir con qué quedarme de este sermón, creo que escogería el procurar vivir el día a día con mayor sentido común y más discernimiento. Tomar cuidado de lo que mi forma de vida revela, de mis zonas de riesgo y de las provocaciones del malo. Desde luego, para lograr tal propósito dependo de la dirección, del cuidado y de la revelación divina. Por ello, más que ocuparme del diablo procuraré ocuparme de mi comunión con Dios. A esto les animo, a esto los convoco.

 

 

 

 

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