Sobre la arena

Mateo 7.24-29 NTV

20170818_210812307Cuando la familia se desploma poco se logra si todo lo que se hace es el recuento de lo que el otro hizo y dijo o lo que dejó de hacer o de decir. Sin embargo, sí resulta importante ocuparnos de aquello que, en nosotros, facilitó, empoderó o propició que desplome de nuestra familia. Resulta importante hacerlo porque mientras que el desplome de la familia nos separa de alguna forma y en algún grado del otro -de los otros-, lo que en nosotros facilitó, empoderó o propició tal desplome, sigue estando.

Cuando Jesús enseña sobre los distintos modelos de construcción, sobre la roca – sobre la arena, destaca que el factor que distingue a los constructores no es conocimiento o desconocimiento que tienen sobre la vida. Ambos han escuchado su enseñanza. Sobre la misma es que deciden, siguiendo un proceso de validación, valoración y reflexión más o menos consciente. Todos los que iniciamos una familia hacemos lo mismo. La fortaleza y lo atinado de nuestra elección también resultan del conocimiento que tenemos de nosotros mismos, de la persona con la que nos proponemos iniciar la relación, de lo que resulta del sentido común y, sobre todo, de lo que sabemos acerca de Dios y su propósito-llamado para nuestra vida.

Sabemos, no ignoramos. Y, sin embargo, el colapso de nuestras familias sí resulta de la ignorancia. No del no saber, sino del no hacer caso o del fingir que no sabemos. Lo importante de esto es que tal decisión evidencia el lugar que reconocemos a Dios en nuestra vida y la importancia que damos a su propósito, sus mandamientos y su interés por nosotros. Hacerlo desplaza el punto de equilibro de nuestra vida de Dios al azar, a la esperanza, y estos nunca ha sido un buen cimiento para nada.

Justin Lavner, de la Universidad de California (UCLA), dice: “Hemos descubierto que las recién casadas que dudaban antes de la boda corren un riesgo 2,5 mayor de divorciarse en los primeros cuatro años de matrimonio. Las parejas que seguían unidas cuatro años después de la boda estaban menos satisfechas con su relación… Un 19% de las mujeres se divorciaron a los cuatro años. En el caso de los maridos indecisos la tasa fue del 14%. Del 36% de las parejas en las que ninguno de los cónyuges dijo tener dudas, solo un 6 por ciento se divorció a los cuatro años.”

Mi propuesta es que el factor toral que explica el colapso de las familias es el no hacer caso de la importancia del sintonizar nuestras decisiones con la voluntad divina. No es un problema de pareja, de familia, es una cuestión personal respecto del cómo de nuestra relación con Dios. Por lo tanto, cuando se trata del después que sigue al colapso familiar es si abundamos en el marginamiento de Dios respecto de nuestras decisiones. Al ocuparme de la restauración de mi vida, personal y familiar, ¿qué lugar reconozco a Dios en mis decisiones actuales? ¿Cómo pretendo sintonizar esta etapa de mi vida respecto de mi relación con Dios?

Considero que quienes se encuentran interesados y ocupados en la recuperación de sus vidas después de los colapsos familiares enfrentados, deben esforzarse por no ignorar los siguientes elementos constitutivos de nuestra relación con Dios:

Dios nos ama y nos llama. Le interesamos a Dios, nosotros y nuestras relaciones. Así que el todo de las disposiciones, los llamamientos y aún las reprensiones divinas, son expresión misma de su amor. Porque nos ama, Dios se duele cuando nos desviamos de su voluntad porque no importa qué tan pequeña y sin importancia nos parezca la desviación inicial, esta irá creciendo con el tiempo y las acciones. De ahí el hecho de que Dios se valga y use tantos recursos para llamarnos a que nos volvamos a él. En no pocos casos, aún los tropiezos, las decepciones, el dolor de nuestras relaciones se convierten en el llamado divino a volvernos a él.

Dios es suficiente. Una de las causas que nos llevan a ignorar a Dios y su propósito en nuestra vida es el miedo a la soledad y a la intrascendencia. A quedarnos solos y a no lograr lo que deseamos. Ello plantea un problema de origen, fundamental, colocamos nuestra confianza en otros iguales a nosotros. También en riesgo de quedarse solos y de no lograr lo que desean o se proponen. Ello explica la espiral de demandas mutuas que surgen ante la insatisfacción de la relación familiar. Pedimos más y recibimos menos. De ahí las búsquedas alternativas, pero, también, la exigencia de la retribución. El problema es que esperamos y exigimos de quien no puede, de ninguna manera, llenar nuestros vacíos existenciales.

Porque sólo Dios es suficiente. Sólo él puede sustentar, acompañar y proveer a cualquiera y en cualquier circunstancia. Podemos estar seguros de que, así como él pudo satisfacer las expectativas que nos llevaron a relaciones disfuncionales, él será suficiente en esta nueva etapa de restauración. Por lo que podemos tomarlo en cuenta y hacer la vida en función de él y no de nuestros temores actuales.

Dios restaura personas. Sí, Dios restaura personas, no relaciones. Ni siquiera relaciones familiares. Aunque las personas restauradas pueden, cuando conviene, restaurar las relaciones colapsadas. Quizá este sea el punto más importante para considerar en el proceso de nuestra relación post colapso familiar. Un holón es algo que es a la vez un todo y una parte. Las relaciones familias se componen de holones, es decir, de elementos que son un todo, y al mismo tiempo, una parte. Como un sistema, la familia es tan fuerte o tan débil como lo son sus holones. De ahí que la restauración familiar empieza por la restauración particular de cada uno de sus miembros. No puede haber restauración familiar plena a menos que sus miembros sean plenamente restaurados.

Generalmente, cuando la familia colapsa desesperamos por restaurarla. Olvidamos dos cuestiones, la primera que primero debemos ocuparnos de nuestra propia restauración y que esta sólo es posible si nos convertimos, nos volvemos, al Señor. Sin conversión no hay restauración y sin arrepentimiento no hay conversión. Los tiempos de colapso familiar son tiempos propicios para la reflexión y para que nos cuestionemos respecto del cómo de nuestra relación con Dios en el antes, en el aquí y ahora, y en el después de nuestra relación familiar. Antes de poder restaurar nuestra relación familiar es necesario restaurar nuestra relación con Dios.

La segunda cuestión es que, como en muchos otros casos, la restauración familiar nunca es completa y siempre exige de nuestras decisiones. Vivir es saber elegir y elegir siempre es renunciar a algo, decía una anotación en un consultorio. Siempre que nos convertimos al Señor elegimos renunciar a alguien o a algo. Mateo 10.37 TLAD De entrada esto parece injusto, siniestro, pero encuentra su sentido a la luz de la declaración de Jesús: De nada sirve que una persona sea dueña de todo el mundo, si al final se destruye a sí misma y se pierde para siempre. Lucas 9.25 TLAD

Lo que está en juego, a final de cuentas, no es nuestra familia, somos nosotros. Cuando nosotros somos restaurados estamos en condiciones de enfrentar el desplome familiar y de convertirnos en instrumento para la restauración de los nuestros. En Cristo hay esperanza, hay razón para el trabajo con sentido, para el sacrificio razonable y la entrega productiva. La buena noticia es Cristo y él es la razón de nuestra esperanza.

 

 

 

Explore posts in the same categories: Agentes de Cambio

3 comentarios en “Sobre la arena”

  1. Michelle Ordóñez Lucero Says:

    Tengo unas dudas: ¿cómo restaurar la relación con Dios?, ¿restaurar será la mejor palabra?, ¿tal vez nuestra relación con Dios nunca ha sido la que más conviene?
    ¿Cómo saber que estamos llamando el propósito de Dios para nosotros y nuestra vida?
    Me gustó mucho la reflexión =)

  2. Michelle Ordóñez Lucero Says:

    La última pregunta era: ¿cómo saber que estamos llevando a cabo el propósito…? Ahora que lo escribo pienso que en educación un propósito consta de un qué, un cómo y un para qué; cómo puedo responder a estas tres preguntas de manera coherente en términos del propósito de Dios para mí???


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: