¿Libre de hacer lo que yo quiera?

1 Corintios 6.12ss

lo que sí lo que noQue la sexualidad es un asunto que interesa a todos lo demuestra el hecho de que en algunas comunidades mexicanas los niños inician su vida sexual a los diez años. La edad promedio en que los adolescentes mexicanos inician su actividad sexual es entre los trece y los quince años. Que la sexualidad representa un reto y problema para todos lo muestra, entre muchos otros elementos, el que, en la mayoría de los casos, la primera relación se da de manera casual, no precisamente se habla de que fue con protección o información adecuada, sino de un momento donde quizá hubo un incentivo por parte de los compañeros o por uso de alguna sustancia que lleva a tener un grado de excitación, asegura Aracely Jiménez, investigadora de la UNAM. Señala, también, que casi el 25% de las adolescentes se embarazan entre los diez y los catorce años, siendo la mortalidad materna la cuarta causa de muerte en menores de quince años.

Pero, no se trata de un asunto que compete a jóvenes y adolescentes solamente. Mientras que, a nivel mundial, las mujeres representan el 33% de quienes se valen del Internet para sostener relaciones extra-matrimoniales, en México el promedio sube al 44%, señala Milenio. 34% de las mujeres mexicanas aseguran que su pareja les ha sido infiel, mientras que el 15% de los maridos reconoce haber sido engañado por su mujer, registra el GCE. Además, 13% de los matrimonios terminan en divorcio y, como ya hemos señalado, la edad promedio de un matrimonio alcanza apenas un poco más de trece años, según indica el INEGI.

Las opiniones están divididas respecto de si los datos anteriores reflejan un avance de la sociedad mexicana, entendiendo esta avance como la liberación de patrones culturales restrictivos de los derechos individuales; o si tales datos evidencian una crisis del tejido social. Algo debe estar pasando que los mismos que promueven a la CDMX como un espacio de libertad y tolerancia sexual, desarrollan campañas de educación social para prevenir o paliar los excesos de tal libertad. La Jornada.

Propongo a ustedes que el enfoque contemporáneo de la sexualidad parte de un principio un tanto esquizoide de la identidad del ser humano. Se pretende que la práctica de la sexualidad es equivalente a cualquier actividad corporal: comer, hacer ejercicio, dormir, etc. Que no contiene elementos colaterales. Se abona del concepto contenido en el dicho mencionado por Pablo: La comida es para el estómago, y el estómago es para la comida. 1 Corintios 6.13 Esta compartimentación, división, de la identidad humana propicia, según David Kinnaman, una sexualidad individualista, en la que, dice Kinnaman: El sexo es acerca de mí, ya que la sexualidad tiene que ver con la satisfacción personal.

Podemos darle la razón al autor si sólo pensamos en los justificantes de la infidelidad conyugal: Mi insatisfacción, su no comprender mis necesidades, mi derecho a ser feliz, etc. Cuestión similar la encontramos en los justificantes del sexo prematrimonial: Mi derecho, mi cuerpo, mis emociones y sensaciones, etc. Kinnaman asegura que la pornografía es el caso más evidente de esta sexualidad individualista, dice: ¡Ni siquiera necesitas de otra persona para disfrutarlo¡ Desde luego, dado el carácter individualista de esta práctica, toca a la persona ser juez y parte de sus motivaciones y conductas dado que es ella quien define y decide lo que está bien y lo que está mal.

En su libro Me Perdieron, Kinnaman dice que característica de nuestra época es que la conducta de las personas, especialmente de los jóvenes, es el principio AAA: acceso sin precedentes a contenidos sexuales, la alienación (carencia), de relaciones formativas, y la autoridad heredada para decidir por sí mismas respecto de lo saludable y conveniente.

Una consecuencia inmediata en el terreno de la sexualidad individualista es el aislamiento de la persona respecto de los otros. Ello porque se pierde, se deja de lado, el elemento relacional de la sexualidad. La Biblia enseña que quien se une físicamente con otro, se hace uno con él o con ella. Vs 16 Desde luego, este elemento relacional no se da únicamente entre individuos sino entre unidades familiares y/o sociales. La temporalidad de las relaciones afecta no sólo a la otra persona, sino a quienes se han visto involucradas o afectadas por dichas relaciones. Aún el consumo de la pornografía afecta los entornos sociales pues esta genera necesidades y/o prácticas progresivas: La realización de las fantasías sexuales con la pareja, la participación de terceros o el inicio de relaciones alternativas.

Aquí me permito proponer a ustedes que la sexualidad individualista es efecto y causa o causa y efecto de un fenómeno cada vez más evidente en nuestra sociedad: La soledad acompañada. Detrás de la práctica prematrimonial, de las diferentes clases de infidelidad, de las sexualidades alternativas, del uso de la pornografía, etc., hay un factor común: la soledad sentida de las personas. Lo trágico es que el ejercicio de tales formas de sexualidad lejos de contribuir a integrar al individuo a la comunión con otros, lo separan más y más. Esta semana alguien ha publicado en su perfil de WhatsApp: El sexo es el consuelo para los que ya no tienen amor.

Siempre ha llamado mi atención el dicho paulino: No tengan relaciones sexuales prohibidas. Ese pecado le hace más daño al cuerpo que cualquier otro pecado. Vs 18 ¿Qué significa eso de que el pecado sexual le hace más daño al cuerpo que cualquier otro pecado? Creo que ello tiene que ver con que la sexualidad desordenada se convierte en adicción. Llega el momento en el que, paradójicamente, quien pretende estar ejerciendo su derecho de elección se vuelve en adicto, en esclavo de sus deseos y prácticas. Encuentra que cada vez necesita más y obtiene menos. No es María, [le dije a una esposa esta semana, cuando me pidió que orara para que Dios retirara a esa mujer, amante de su marido]. El problema es él, le aseguré. Porque si María se aleja, llegará Laura o Esther, o cualquier otra. Es que, en tratándose de adicciones, cada vez más es cada vez menos.

Me temo que, en cuestiones de sexualidad individualista ninguno de nosotros es virgen. Porque si entendemos virginidad como pureza sexual esta es mucho más que coito o no coito. Juan Martínez, investigador de la pastoral urbana contemporánea, asegura que, en tratándose de sexualidad, no hay quien no haya visto, oído, leído, practicado o aún deseado alguna cuestión animado o excitado por su sexualidad desordenada. Ya sea con personas del otro o del mismo sexo. Ojalá sólo tuviéramos que confesar adulterios fruto nuestra imaginación. Mateo 5.28 Pero, lo cierto es que unos y otros hemos pecado tanto por acción como por omisión. ¿Por omisión?, sí, cuando usamos, particularmente en el matrimonio, la sexualidad como premio o castigo.

Nuestro entorno social se ha convertido en la olla en la que la rana se calienta junto con el agua. Morirá sin haberse dado cuenta de que el calor mata. El problema de la sexualidad individualista es que, de tan normal, nos parece natural, propia de nuestra condición y, por lo tanto, apropiada. Lo cierto es que no es tal porque mientras más abundemos en ella menos libres e íntegros somos. De ahí la importante necesidad de la conversión preventiva y correctiva. Es decir, necesitamos que la verdad, Cristo, nos haga libres. Para ello debemos exponer nuestras convicciones, prácticas y deseos a la luz de Cristo.

Este es tiempo de confesión y de arrepentimiento. También es tiempo de que asumamos quiénes somos en Cristo. Tiempo en el que debemos dejar de lado el pecado que es un estorbo, pues la vida es una carrera que exige resistencia. Hebreos 12.1 Estos son tiempos de renovación de propósitos y de compromiso con Dios, con nosotros, con su iglesia y con los nuestros. Tiempos estos en los que conviene hacer la vida a la luz de la advertencia bíblica de que, sin santidad, nadie verá al Señor.

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